Texto: Elías Miera (El Sincio)

Foto: Jamie Tanner

Ha pasado ya el par de semanas de rigor para poder digerir los posos de un fin de semana como siempre culturalmente intenso y repleto de sensaciones en Electric Picnic. La filosofía de los festivales a la antigua usanza, con pernoctación y aislamiento exterior, produce un maremoto de emociones internas muy difíciles de describir. Sensaciones difíciles de dirigir para nuestra cada vez más acomodada conciencia cotidiana. Pero a veces, conviene exponerse y quemarse para poder experimentar esta esencia del vivir. La atmosfera humana y artística en estos festivales es verdaderamente indescriptible. Una autentica utopía del hedonismo, el arte y la convivencia que muchos anhelan durante doce meses todos los años. Por mi parte solo puedo decir que cada vez que vuelvo de Electric Picnic parece que vuelvo a una ciudad diferente, contemplando la vida desde un prisma distinto. Al menos esto es así durante unos días, o el tiempo que la sociedad consigue tristemente en volver a llevarte por sus cauces menos trascendentales. Pero lo que nadie podrá arrebatarte es ese periodo de catarsis disfrutado, ese humanismo a flor de piel (cuasi-filantrópico por momentos) y como no, esa clase magistral de música recibida. La vida debería tener más experiencias como estas, es una auténtica pena no poder disfrutarlas más a menudo. Si bien esto último quizás forme parte también del encanto intrínseco de estos cortos episodios y la misma predisposición personal con la que uno afronta anualmente el evento.

Respecto a la organización parece ser que disipan algunas dudas que se plantearon ya el año pasado tras la salida del promotor y fundador del festival. El festival pasa ahora a estar completamente gestionado por Festival Republic (promotores relacionados con el FIB, que llevaron Glastonbury durante varios años y que organizan ahora festivales como el de Leeds o Reading) tras dos años de propiedad compartida y varias agrias polémicas sobre la filosofía del festival (¡la que se montó cuando los accionistas más comerciales trajeron a The Killers como cabezas de cartel hace tres o cuatro años!). Este cambio de propiedad coincidió además con la cancelación del mayor festival del país, Oxegen, un evento musical que tenía un perfil claramente más comercial y con un público muy joven. Por suerte parece que afortunadamente no se han cumplido las pesimistas expectativas que se presentaban con semejante panorama. Lo que está claro además es que han pasado de un par de años de perdidas, a vender todas las localidades durante las últimas dos ediciones y dar beneficio. Es que se agotan las 42.000 entradas con meses de adelanto. Encima parece que lo han conseguido sin vender completamente el alma del festival al diablo. Ciertamente el festival está ahora mucho más masificado y los carteles tienen un perfil infinitamente más comercial que hace cinco años pero se sigue manteniendo hasta cierto punto la filosofía artística del evento y el mensaje que enviaban los cabezas del cartel de este año apuntaba por ese camino. No suelo tirar mucho de la parte más alta de carteles pero Beck y Portishead eran dos bandas que llevaba toda una vida esperando.

VIERNES 29 agosto


The Strypes. Foto: Laura Horgan

Con la nueva organización del festival y el recorte de gastos parece ser que el viernes es el día más ligerito en la agenda de conciertos. Esta tarde la abrimos con The Strypes, una banda que se dio a conocer al mundo precisamente en este festival hace dos ediciones, cuando increíblemente los miembros de la banda contaban con 16 años.

Precoces, frescos y descarados es lo primero que se le pasa a todo el mundo por la cabeza cuando los ves en directo. Tiene mucho mérito sonar tan fresco teniendo en cuenta el género musical que destilan y el purismo con que lo afrontan. Aparte de tener ese punto arrebatador en directo y esa presencia en escenario tan impropia para su edad, hay que reconocer que los chavales son muy buenos músicos. La única pega que se me ocurre ponerlos es su inmoderada auto-complacencia, recreándose quizás excesivamente por momentos, pero esto es hasta cierto punto normal teniendo en cuenta los condicionantes comentados arriba.

Los chavales solventan el papel de prácticamente abrir el festival, a plena luz del día y encima en escenario principal con un concierto muy divertido, eléctrico pero con precisión milimétrica. Me queda la duda de hacia dónde evolucionara estilísticamente la banda, si es que este purismo en el estilo musical se lo permite. No es fácil.

Tras calentar motores con los chavalines de Cavan y comenzar a ubicarnos en el festival pasamos, no sin cierta desgana después de las ultimas referencias que curiosamente todos parecemos compartir, a Blondie.

He de admitir que me sorprendió mucho el concierto, no sé si iba yo con unas perspectivas injustificadamente negativas pero la verdad es que fue muy disfrutable el espectáculo. Las carencias vocales de la rubia, quedan sobradamente compensadas con su presencia en escenario y una banda de músicos de altos vuelos perfectamente ensamblados. Imposible no vibrar con pedazos de historia de la música más alguna sorpresa como la versión de los Beastie Boys del Fight for Your Right.


Zona Body and Soul

Cambio de escenario y hasta de festival, porque dentro de Electric Picnic hay 3-4 minifestivales y he leído este año que en total eran unos 45 escenarios. El más arraigado desde sus orígenes es probablemente Body and Soul organizado por un colectivo de artistas, druídico y ecologista en su estética y musicalmente exquisito y de lo más variopinto con artistas de todos los palos y puntos del planeta. Con 4-5 escenarios tamaño medio y luego repleto de tiendas y casetas con mini-escenarios. Curioso estar en un festival de 42.000 personas y poder disfrutar jam sessions o conciertos con 10 personas de público. Una delicia de recovecos para perderse e improvisar.

Cohabita también en el evento Other Voices, un festival con conciertos íntimos para 50 personas para producciones televisivas con sede central en una vetusta pequeña capilla en Dingle, el punto más sudoeste de la isla por donde ha pasado de lo más selecto del mundo musical para 50 cabronazos con mucha suerte. Por cierto su página web incluye los clips de estas actuaciones tan intimistas. Una página altamente recomendable para los que gustéis de directos cortos por internet. En el Picnic, Other Voices tiene una pequeña sucursal en medio del bosque deliciosamente decorada y con un misticismo frustrante, empezando por su secretismo y grandes artistas por sorpresa. Una lotería que de nuevo no me tocó.

Por el bosque y camuflado también esta Trenchtown, un festival de música reggae con varias discotecas al aire libre, pinchadas y 4-5 escenarios para artistas del género. No lo frecuento demasiado pero como no podía ser de otra manera se respira muy buen ambiente por allí… Al que no faltamos ninguna edición es el Saltie Dog, un barco varado dentro del bosque con unos directazos tremendos. La verdad es que la puesta en escena, el propio escenario y la decoración tiene mucha importancia para la experiencia y el gozo de un concierto.


Escenario Saltie dog

En fin, que pasamos de Blondie a la zona Body and Soul para disfrutar de una también muy joven banda emergente de Dublin, Girl Band. Tocaron en el pasado Primavera Sound y ya acaban de aparecer incluso en best new music en Pitchfork. Nos encantó el concierto que dieron. A decir verdad parece imposible no disfrutar de un concierto allí. Se trata de un increíble escenario construido en madera e integrado en una vaguada bajo unos robles espectaculares. Muy original la propuesta musical de estos chavales, ruidosos y sucios a más no poder, destilando un noise rock americano al más puro estilo de los principios de Sub-pop. Una especie de compendio de la época Bleach de Nirvana con la versión más ruidosa de Pavement. Tremendas distorsiones y buena presencia en escenario, jugando más con el ruido de las distorsiones que las propias melodías de las canciones. Muy majo su reciente disco también, me parecen altamente recomendables. Desconozco si Stephen Malkmus se pasó a verlos, ya que estaba también en cartel, pero estoy absolutamente convencido de que le hubiese gustado mucho el concierto.

Tras la descarga sónica y gutural por momentos, pasamos a la clase y refinamiento de otra de las sesiones discotequeras de James Murphy, un asiduo al festival, primero con LCD y ahora en solitario. Nada fuera de lo común en su sesión, excelentes mezclas, manejando muy bien los ritmos en cada momento y mucha mucha elegancia. Por lo que pudimos ver y lo que leí luego en las revisiones, la gente lo disfrutó mucho. El neoyorquino lleno a rebosar además la carpa más grande del festival, calculo que habría unos 8.000-10.000 esqueletos moviéndose allí. En esa misma carpa disfrute en persona de un conciertazo de LCD no hace tanto tiempo, de los mejores directos que he vivido en mi vida.


Pet Shop Boys. Foto: Laura Horgan

Nosotros no nos pudimos quedar hasta el final, ya que llevábamos un pelín prisa para ver los siempre divertidísimos Pet Shop Boys. La verdad es que poco se puede escribir que no se haya contado ya acerca de un directo de los chicos de la tienda de animales. El concierto fue precisamente lo que esperábamos, una entretenidísima y muy bailable colección de singles con un Neil Tennant completamente entregado a la satisfacción de su público. Muchas ganas de agradar siempre las del bueno de Neil, y encima siempre ofreciendo una exquisita educación británica como el mejor anfitrión de una fiesta.

Se agradece siempre mucho la puesta de escena de la banda, los escenarios, decorados, vestuario, bailarines y juegos de laser. Si a esto le sumas una ejecución perfecta (supongo que muchos cortes electrónicos pre-grabados sean siempre los mismos en cada concierto) y una descarga de hits continuos, no es raro que te sorprendas saltando como un poseso cantando el casi “himno del atlético de Madrid”. Hay que ser bueno y disponer de un largo repertorio para poder entretener tanto de una manera tan previsible y poco sorpresiva. Eternos clásicos.


tUnE-yArDs. Foto: Jamie Tanner

A continuación que mejor manera de continuar con la rítmica que a través de las percusiones, banjos y ukeleles endiablados de tUnE-yArDs. Encima a todo lujo, en escenario íntimo y con el público entregado sorteando la estampida por momentos muy africana que se le venía encima, gentileza de Merril Garbus. Esta chica tiene un tremendo talento musical para construir ritmos que acompaña además con un vozarrón potentísimo que así, en las distancias cortas, te atraviesa el cráneo. Imposible no pasarte el concierto dando botes.

Para redondear la noche decidimos quedarnos allí mismo para ver una banda nueva de la que tenía excelentes referencias: Young Fathers. Hip-hop con una base de percusiones tan potente que encajó perfectísimamente después de tUnE-yArDs, sombrerazo para el “curator” de este escenario, un rarito de la radio en Irlanda con un gusto exquisito que llevo años siguiendo.

Aunque nadie se lo crea, los tipos estos son de Edimburgo, ¡quién lo iba a adivinar viéndolos o escuchándolos! Para mí fue uno de los grandes conciertos del festival. Hip-hop electrónico con un percusionista de los que tocan de pie, golpeando con inusitada violencia la batería. ¡Potentísimos momentos ofrecieron los escoces! Entiendo que es más fácil ser impresionado en distancias cortas y en escenarios con tanta atmosfera pero no se le puede negar el mérito a la banda. Encima que vaya por adelantado que el hip-hop es un género que a mí por lo general se me atraganta bastante, pero me encanta la producción y el estilo de estos chavales. Os recomiendo su excelente nuevo disco, recientemente nominado al prestigioso Mercury. Calculo que los veremos otra vez en Primavera, tiempo al tiempo.


Young Fathers

Cerramos la noche en un escenario perdido e improvisando, es decir sin saber quién iba a salir a tocar o que cosa. Coincidentemente nos topamos con tres irlandeses, azaroso por el estilo, que no por su procedencia. El grupete en cuestión era un DJ y dos tipos cantando hip-hop. No estuvo mal la cosa pero ya estábamos de recogida y como he dicho antes este estilo musical, salvo contadas excepciones, no suele ser santo de mi devoción. Aunque cada día, gracias a Dios, tengo menos prejuicios estilísticos. Estuve tentado en pasarme a altas horas por la discoteca a la sesión de Dimitri from Paris, más por curiosidad que por otra cosa, pero al final no cuadro la agenda y decidimos plegar velas.

(Continuará…)

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