Crónica del sábado 18 de junio

Fotos cedidas por denaflows.com excepto foto de portada cedida por Alex Agra.
Texto: Santiago V.M. (Stoner)

El pasado 17 y 18 de junio celebrábamos los 15 años del clásico vitoriano. Está claro que lo que no mata, engorda. El ARF 2016, a pesar de haber padecido múltiples dificultades antes de su celebración, ha salido muy fortalecido de estas. Con unas cifras de asistencia notabilísimas (12.242 viernes y 18.064 sábado) y con las fechas para el 2017 ya puestas. (Se podía comprar el bono ya en el recinto). Porque este año el Azkena ha sido el Barça ganando la Copa del Rey con uno menos, el que le levanta la novia al guapo, el corredor de fondo, el maillot de la regularidad. Ha “encajado” golpes muy duros pero no ha caído a la lona, ha resistido, ha vencido.

A saber, Neil Young haciéndoles un bocadillo entre Madrid y Barcelona. (Alguno decía que esto era diréctamente su defunción), Bobby Gillespie (Primal Scream) que se rompe la crisma a dos semanas del festival, un tiempo de mierda con tormentas y lluvia hasta aburrir (incluso obligó a Julián Maeso a cancelar concierto en la Plaza de la Virgen Blanca cuando llevaba 10 minutos). En fin, que parecía que cuando se había superado lo más complicado, venía otro inoportuno revés, y cuando se vuelve a salir de él, otro, y así sucesivamente. Muy mala suerte para ser sinceros.
Pues todo ha tenido respuesta, solución. Ha habido eficacia, rapidez, contundencia. Puede que hayan contratado al “Señor Lobo”. Para que todo lo anterior no afectara se ha echado mano de los Who (posiblemente el cabeza de cartel más potente que ha pasado por Mendizabala), los Hellacopters de urgencia, se ha llenado el recinto de carpas e incluso se cambiaron horarios sobre la marcha para que Maeso no se quedara en blanco. Se ha gestionado de manera impecable, hemos tenido unos escenarios muy chulos, oferta gastronómica amplia y variada, zonas de descanso, baños infinitos (incluso con papel higiénico) y en general, una parcela muy bien engalanada y preparada para esta celebración.
Yo personalmente no he tenido que guardar cola para nada, (mínima si acaso). Iba todo rápido, además no he tenido sensación de agobio apenas, incluso habiendo tanta gente como el sábado, y he visto los conciertos más cerca que nunca (en ese sentido la lluvia me ha ayudado). Hasta en los Who (ya sin ella), he podido colocarme de manera bastante decente.

De hecho, una vez pasado ya el evento, la gente apenas tiene quejas y si coincide un poco en todo lo comentado anteriormente. Hay la sensación general de que se nos ha escuchado, de que ha habido más dedicación, esmero, creo que se han cuidado mucho las cosas. Si se avanza en esta dirección, entiendo que tendremos festival para rato. El ARF ya no compite con nadie, sólo consigo mismo.

Dentro de las quejas está la ya familiar del sonido. Que hay conciertos que suenan muy bajos. Es verdad, Hellacopters, Blackberry Smoke son dos ejemplos claros. El problema es que luego ves lo de Gutterdärmmerung, los Who o Radio Birdman y sonaron de cojones. Los escenarios son los mismos, el equipo también. Lo poco que vi en el tres también con buena acústica… Supongo que en algún momento se conseguirá esa mejora porque es verdad que en otros sitios no hay este tipo de queja, o no tanto. De algún modo lo harán.

En lo meramente música es un placer poder disfrutar de propuestas tan diferentes e interesantes como Fields Of The Nephilim, Lucinda Williams, Vintage Trouble, The Scientists, etc, etc. Aquí la paleta de colores es extensa, y el rock tiene muchas vertientes. Se intenta abarcar un buen espectro y nadie muere de sobredosis de un mismo género. Y esto, que en sí es algo que parece demasiado abierto, es en realidad algo cerrado. Puede que sea una de sus señas más representativas. Ha sido siempre así y supongo que lo seguirá siendo. El que además de rock, quiera escuchar pop, electrónica, etc, tiene otros festivales.

El viernes 17 de junio se presentaba con la incertidumbre de cuánto llovería, a partir de qué hora, hasta qué hora y en qué medida. Realmente para el jueves daban lluvia también y sólo cayó una buena tormenta según llegamos. Lo suficiente para entrar por el hotel ya bautizado. El resto del tiempo fue correcto. Supongo que eso nos animó para que se nos hiciera algo tarde esa noche.

El viernes a pesar de todos los rezos, las diferentes previsiones, las tropecientas visitas a los diversos portales dedicados a esto, lo único que se cumplió es que se puso a llover de manera feroz desde la una y media del mediodía aproximádamente. Ya no paró hasta las 21 o 21:30. Así fue. Daban ganas de encerrarse en la habitación, mandar todo a tomar por el culo o quedarse en el Victoria todo el día, viendo a través de las ventanas la avería. Si, yo no mandé a mis naves luchar contra los elementos… algo así.

Una vez asumido que aquello no tenía vuelta de hoja, me preparé todo lo mejor que pude, la playeras más fuertes que tenía, el vaquero largo, varias capas debajo del chubasquero… No era demasiado visto lo que caía y menos si lo comparamos con la auténtica pasarela de modelos para lluvia que ví a los más previsores. Auténticos profesionales que podrían haber pasado diréctamente de un escenario a escalar alguna cima de Groenlandia. Así pues, llegué mojado y aunque las famosas carpas eran más que suficiente para que todo el mundo estuviera a cubierto, no era mi plan ideal para ver conciertos.

Galería completa de The Flying Scarecrow

The Flying Scarecrow me sirvieron para calibrar esa situación ya que no tenía ninguna intención de verlos, más allá de la mera curiosidad. Tengo que reconocer que sonaban bastante potentes incluso con la distancia que teníamos desde la carpa al escenario principal. Tenía otra más adelante pero no hacía falta ni llegar. La música llegaba contundente y compacta. El cantante nos incitó varias veces a acercarnos al escenario pero claro, no era plan. La maldición para una banda así, es conseguir tocar en el ARF y que además de tener que lidiar con una hora, ya de por si mala, primer concierto de todo el festival a las 17 de la tarde, haga un tiempo más propio del peor otoño. Lo cierto es que hubo un pequeño grupo de valientes que andaban por las primeras filas, no se si amigos, familiares, compañeros del Metal o qué. En cualquier caso imagino que la propuesta de los de Sopelana les haría más tilín que a mí y por eso se “mojaron” con ellos. A mi me da la sensación que este sonido ha aguantado mal el paso del tiempo.

Galería completa de The London Souls

Con The London Souls había que tomar una determinación importante que marcaría ya el resto del día. Allí, cómodamente debajo de esa gran carpa uno no se mojaba pero… ¿Se escuchaba igual?, ¿se veía igual?, ¿se vivía igual? Todas las respuestas me llevaron hasta la segunda o tercera fila del escenario “David Bowie”. Siendo dos músicos solamente, sobra espacio por todos los lados, encima estaban más centrados hacia dentro para que no les entrara agua. Con solo una guitarra eléctrica y una batería y alternándose a las voces, los neoyorquinos consiguen recrear esos sonidos de los sesenta y setenta que evocan a Hendrix, Zombies, Cream, Led Zeppelin, Lovin’ Spoonful, Beatles. El soul, el blues, la psicodelia, como comerse una barrita de dulce chocolate blanco y negro. Por compararlo con algo más actual, Steady parece de Lenny Kravitz. (No en vano son las mismas influencias).

Para ser una formación tan austera no lo hacen nada mal, pero creo que siendo así, el sitio propicio es una sala. Seguro que tienen un efecto más impactante. Por mi parte, no pude separar mi vista en todo el set del batería Chris ST. Hilaire. Los vídeos que había visto me pusieron sobre aviso y necesitaba comprobar que era verdad. ¡Vaya demostración! Todo un repertorio de recursos y matices, la técnica bastante original… Los molinillos, los cortes, la manera de colocarse y de tocar, sin cruzarse, en paralelo a la caja… Para abrir boca, más que bien.

Galería completa de Daniel Romano

Daniel Romano atacó el Valerie Leon tan al principio que me cogió en el tránsito de un escenario a otro. No pensé que se atreviera a tocarla sin violines, quizás los llevaba grabados, desde lejos no me di cuenta. Seguimos cogiendo los mejores sitios. Nos colocamos enfrente justo del artista, quinta fila más o menos y con todo el espacio para verlo sin agobios. No han pasado ni dos años desde que lo vi en octubre de 2014 en Santander y apenas quedaba nada de esa actuación ni del disco que presentaba entonces “Come cry with me”. Formación diferente también y el sonido country ya no es tan primigenio. Tiene otras sonoridades más blues a veces, fronterizas otras, o cercanas al spaguetti western en algún momento…. Suena más armado, más rockero. Puede que para un seguidor menos purista sea más digerible. A veces cercano a Tom Petty, otras a Willie Nelson, y casi siempre a Dylan.

Formación de a cuatro sin ningún tipo de floritura, ni pedal steel, ni teclado y mucho menos sección de cuerda. Bajo, batería, eléctrica y acústica con algunos coros por parte de Kay Berkel, oculta siempre bajo unas gafas de sol. (Gone is) all but a quarry of stone me lleva de viaje a cualquier cantina, resguardada del frío, en I had to hide your poem in a song veo al Dylan del Desire, en Tolouse, al del Subterranean homesick blues. Daniel también sabe sacar petróleo de su guitarra, maneja a la perfección las intensidades tanto con la voz como con la música y sabe ser melodramático si se tercia. Incluso crear tensión. Para mi el mozo tiene un extraño magnetismo, puede que sea simplemente talento o ese modo de tocar sin púa. A veces es mejor no saber explicar por qué algo te atrae.

Galería completa de Vintage Trouble

Vintage Trouble no han inventado absolutamente nada, Pelvis pusher no deja de ser una especie de Land of 100 dances de Wilson Pickett… no parecen unos virtuosos con los instrumentos tampoco pero la verdad que en las condiciones en las que estábamos, era lo mejor para calentar al personal y provocar que muchos abandonaran ya las carpas para que aquello pareciera un concierto de verdad, con el grupo en el escenario y el público enfrente, no tan desperdigado. Y es que quién más y quién menos, ya conoce las capacidades del frontman Ty Taylor. Están tocando mucho, (incluso en sitios como el Hellfest), amén de varias actuaciones por nuestro país.

Parece que el boca a boca funciona y nadie duda que es un grupo muy divertido para ver en directo. Interacción constante con el público y un cantante/agitador/bailarín bastante llamativo. Caderazos, movimientos de pelvis, molinillos, saltos de todos los estilos y una energía que se transmitía con facilidad. Casi siempre al borde, sin miedo a mojarse, sacudiendo agua del suelo en cada movimiento, a él no le importaba bailar bajo la lluvia. Era muy sencillo ver salir el humo de su garganta mezclado con las luces del escenario. Porque también hacía frío pero había solución. Run like the river subió la temperatura de todos los termostatos. Ty Taylor bajando al fango y saltando en plancha como si estuviera en una piscina. Nadó un poco sobre decenas de valientes y llegó al foso de manera atropellada. Pude distinguir como le venció el peso al chico de seguridad con él encima. Afortunadamente subió entero y sin perder el peine del bolsillo de su culera. El que da lo que tiene no está obligado a más.

Galería completa de Lucinda Williams

Tenía mucha curiosidad por ver a Lucinda Williams, era mi primera vez y había escuchado comentarios de todo tipo. Además, venía con ese plus de “única actuación en España” que gusta y jode a partes iguales.He escuchado mucho eso de que el sitio natural de la cantante es una sala o teatro. Puede ser, pero lo que hizo en el escenario principal (Lemmy Kilminister) tuvo una altura considerable. Para mi fue el concierto del viernes y la comparación ya solo la llevo al mismo festival pero con sol, con un buen día.

La cosa se pone en marcha con Protection, el enganche es inmediato. Sonido que se ajusta como un guante, 100% Azkena. Estoy demasiado cómodo en su compañía como para preocuparme de la puta lluvia, el puto frío y demás mierdas. Yo me abandono a Lucinda y esa sensación constante de estar siempre con un pie en tierra y otro en el abismo. De fragilidad, de animal herido, de moneda al aire. La belleza en la imperfección, el misterio detrás de esa mirada casi sellada con rimel y esos pómulos pintados como las muñecas de porcelana. Drunken Angel, Essence… el hipnótico canto monocorde, los fraseos que parecen avanzar entre cristales y una voz que se puede quebrar en cualquier momento. No deja de ser curioso, la cantante sale al escenario con un atril que apenas mira. Parece más un elemento para darle seguridad que una necesidad real.

Incluso se atrevió a chapurrear un poco de castellano para decirnos que su padre era poeta y le escribió la letra de Dust, otra caricia para mis orejas. Unsuffer me nos enseña que la sombra de Neil Young es muy alargada. Espectacular el trabajo de Stuart Mathis a las seis cuerdas. Con Joy y Honey bee ya vamos a la guerra definitiva. En la sala de máquinas Buch Norton (Batería) y David Sutton (bajo) no se quedan atrás tampoco. ¡Vaya tres patas para un banco! Músicos de este nivel suben la calidad de cualquier concierto. Y para que la presencia de Young no fuese sólo subliminal acabaron con un Rockin’ in the free world que me hizo soltar las primeras lágrimas de esta edición. Lucinda sale al borde, nos cede el testigo y escucha el estribillo de nuestras voces, puño en alto, moviéndose como una especie de gallina bajo la lluvia, las plumas de su sombrero, hacen de cresta. Entre una especie de espasmos de felicidad, tira besos, sonríe, aplaude, comparte el subidón con cada miembro de la banda. Se la ve tremendamente satisfecha. No es para menos

Galería completa de Blackberry Smoke

Y por fin teníamos a Blackberry Smoke tocando aquí. Un grupo que se ha pedido desde hace mucho. Han crecido bastante en los últimos años y se han convertido en uno de los actuales referentes de rock sureño. La influencia de bandas como Lynyrd Skynyrd o Allman Brothers es innegable. Si nos vamos a algo más reciente, la comparación más recurrente es con los Black Crowes, si bien les faltan muchos cocidos para llegar a ese nivel. Digamos que están en ese lote de grupos o artistas tipo Johnny Kaplan, Dan Baird, Dirty York, que siempre tienen y tendrán un hueco con nosotros. Let me help you (find the door), Rock and roll again … rápidamente me pongo a tocar la guitarra imaginaria, todo suena en su sitio, bien equilibrado, bien armonioso aunque no demasiado potente. Me quedo un rato colgado en esa música, cuando han pasado unas cuantas canciones, me doy cuenta que llevo un movimiento automático. El concierto no tiene picos, nada llega más alto y tampoco va más abajo. Todo muy perfecto, muy aseado pero algo plano.

Salgo a repostar y cambiar de agua al canario, cuando vuelvo ya están haciendo un pequeño homenaje a Bob Marley. (Hasta en esto se parecen a los cuervos). Cuando acaban me da la sensación de que ha sido un concierto cortísimo. Puede que al salir y luego entrar pierdas más tiempo de lo que parece, o me lo he pasado mejor de lo que creía, o han hecho las canciones muy largas. Incluso puede que una hora sea muy poco, más teniendo en cuenta que con el cambio de escenarios sueles perder un poco al principio.

Galería completa de The Hellacopters

The Hellacopters venían casi en exclusiva mundial (solo han tocado en el Sweden Rock Festival), con la formación original y presentando íntegro su primer disco Supershitty to the Max! En términos generales parece que la caída del cartel de Primal Scream y este rápido e inesperado parche ha dejado ampliamente satisfecho al público. Es así, la campaña de desprestigio hacia P.S. ha sido feroz, no les han dejado en paz ni después de la cancelación, y a día de hoy, de vez en cuando se siguen acordando de ellos. Yo guardo la esperanza de que vengan otro año pero en vista de su aceptación por parte del sector más talibán, lo mismo no merece la pena.

En esta tesitura, los suecos tenían todo el terreno abonado y a poco que hicieran, la parroquia entregada. El descanso de 20 minutos que dan antes del cabeza me hizo colocarme bien cerca. La banda descargó su habitual sonido punk, high-enery, garage efervescente y salvaje, incendiario. El caso es que no tenía demasiada potencia o presión. El público comenzó a dirigirse a la mesa pidiendo más volumen. En el transcurso de la actuación algo mejoró o nuestros oídos se acostumbraron. Born broke, Ain’t no time, Fire, fire, fire, o (Gotta get some action) now! son verdaderos trallazos de rock and roll tachuelero sin refinar. Nick Royale y Dregen comienzan sus duelos espalda con espalda, guitarras que apuntan al cielo, a ver quién dispara más rápido. El también guitarra de los Backyard babies no para en toda la actuación, (una guindilla en el culo tiene menos efecto). Oculto debajo de su habitual capucha, una figura encorvada y serigrafiada a base de tatuajes y rimel da rienda suelta a sus impulsos eléctricos. No deja de ser una especie de Keith Richards del hard rock. (Eso si, con menos pelo). La calma solo llega con cosas como el nuevo single, My Mephistophelean creed. Aquí se demuestra que saben hacer canciones con minutaje y más tendidas…

Hay que decir que a pesar de la buena acogida que han tenido en el cartel había mucha gente que prefería un repaso por toda su discografía. Un “grandes éxitos” al uso. Al fin y al cabo, eso es lo que hubiera hecho la banda de Gillespie. Por cierto, no se olvidaron de dar las gracias a los escoceses, no se si sinceras o con cierta coña. El caso es que no creo que la hayan visto más gorda en la vida.

Como quiera que la batería de mi móvil había expirado, me quedé sólo y perdido, con el cuerpo ya muy maltrecho de estar todo el día a remojo y vagando como alma en pena entre el escenario David Bowie y el Scott Weiland, tratando de recuperar la unidades perdidas y prestando atención de aquella manera, a dos conciertos que por un motivo u otro, no me estaban enganchando, si bien es verdad mi situación no era la mejor. Debería haberme parado en algún sitio…

Galería completa de Danzig

Danzig venía también con actuación única en Europa. Después de la cancelación del 2011 parece que había muchas ganas de verlo. Pues bien, tras su paso por el Azkena no lo defiende ni sus fans más acérrimos. Y los que lo hacen, de una manera muy tibia, con comentarios tan esclarecedores como “Si, fue una mierda pero yo me lo pasé de puta madre”. Yo desde lejos ví a un cantante bastante entregado, una especie de gorila rabioso y chillón que parecía acabar de despertar de una mala siesta. (Cada cinco gruñidos uno era “España”, estilo Astbury BBK Live). La voz iba y venía, aparecía y desaparecía como el Guadiana. Me queda la duda si es que no le daba para más o los meneos a los que sometía al cable, acababan provocando esas interferencias. El caso es que entre eso, el sonido matraquero y unos agudos de guitarra realmente infumables, me estaba pareciendo algo bastante desolador. La verdad es que no esperaba nada demasiado bueno pero tampoco algo tan chusco.

Galería completa de Luke Winslow-King

Luke Winslow-King era mi apuesta de inicio pero a cuenta de columpiarme de un escenario a otro, no lo vi bien. Ni estaba cerca, ni me metí de manera conveniente en su propuesta que a pesar de gustarme, me estaba pareciendo algo inoportuna en ese contexto. De todas maneras, esto tuvo solución al día siguiente en la plaza de la Virgen Blanca. Allí si que pude ver todo perfectamente y sin peder detalle. Mis sensaciones fueron bastante diferentes.

Galería completa de Gutterdämmerung

Sobre la película Gutterdämmerung, creo que era una propuesta con mucho que perder y casi nada que ganar. Es cierto que es algo novedoso, arriesgado, pero para mi gusto inadecuado y fuera de lugar. A las dos de la mañana, sin más solape que la carpa de los djs… no se, me parece muy retorcido pensar que no vi cosas a las que tenía ganas como Jared James Nichols o Julián Maeso por el tema de solapes y esto, que era un tiro al aire, no estuviera enfrentado con nada. Creo que fue un error estratégico.

En una reciente entrevista, el director Björk Tagemose comentó que era una peli que se podía ver incluso después de haber tomado unas cuantas cervezas. Creo que se quedó corto, haría falta beber mucho para comerse ese ladrillo. Porque dentro de mis temores, por lo menos esperaba ver a una banda tocando clásicos del rock detrás de la pantalla, y tampoco fue tal cual. Creo que aguanté media hora de proyección y en ese tiempo sólo tocaron 3 canciones. Es decir, la mitad del tiempo sin música. Y entre esa actuación intermitente, el reverendo Henry Rollins escupía soflamas, una monja regordeta cantaba ópera, y casi siempre, una guitarra surcaba el firmamento. De vez en cuando aparecía el ángel caído (Iggy Pop) o Jesse Hugues convertido en un frío asesino. Todo muy deslavazado, sin ritmo, demasiado lento… Cuando al final salía el cantante por delante de la lona, ya el estado de catatonia era general. Es que la media de edad del azkenero puede ser perfectamente 40 años. A esas horas muchos estamos para la reanimación.

Al final no sabes si estás en un concierto, en una peli, en el teatro o en ningún sitio. Tierra de nadie, indefinición. Es como si cualquier banda, incluso gustándote mucho, parase 10 minutos entre canción y canción para afinar las guitarras. Acaba siendo un coñazo. No se lo qué pasaría desde que me fui pero aquello no tenía pinta de crujir cuellos, provocar pogos, ni nada de lo que prometía el anuncio. Yo en un momento dado hubiera agradecido una silla, manta y palomitas.

Una respuesta para “Resistir es vencer (Azkena Rock Festival 2016 / viernes 17 de junio)”
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