Crónica del viernes 17 de junio

Fotos cedidas por denaflows.com excepto foto de portada cedida por Alex Agra.
Texto: Santiago V.M. (Stoner)

El sábado 18 de junio desperté con la extraña sensación de que en unas horas iba a quitarme la espina de los Who. Extraña y maravillosa, todo sea dicho. En la plaza de la Virgen Blanca Luke Winslow-King tuvo bastante más suerte que Julián Maeso el día anterior y pudo dar su concierto sin sobresaltos. Mi situación era mil veces mejor que solo doce horas antes y el entorno acompañaba.

El sonido de New Orleans en las calles de Vitoria recreado por un tipo sobrado de clase y talento. Blues del Delta, rhythm & blues, Swing, Folk, Jazz… sonidos a madera y hojalata, a música de los pantanos, el pre-rock&roll. Un estupendo baño la música negra, curiosamente tocada por cuatro blancos. Uso y abuso del fingerpicking y el slide y un maravilloso duelo de guitarristas protagonizado por el propio Luke y su escudero Roberto Luti. (Parecía una especie de punto de tenis que no se consigue nunca). Réplicas y contrarréplicas, hasta que el barco de vapor queme los motores… Puede que se enredaran por espacio de diez minutos. Y aunque ellos dos son los que más ovaciones se llevan, no hay que olvidarse del espectacular trabajo de Brennan Andes al bajo y Benji Bohanoon a la batería.

Con Swing that thing la gente suelta las piernas de verdad, además, parece que el final se acerca, el espíritu de Bo Diddley también se cuela en canción y ya solo nos falta hacer una conga al ritmo del Who do you love. Al final de su actuación, esa elegante mezcla de Michael Laudrup y Brian Ferry en la que veo reflejado a Luke, se baja a la valla y va saludando de uno a uno a los espectadores ahí apostados. Satisfacción a ambos lados y yo que pude enjuagar el sabor amargo de la noche anterior.

Camino de Mendizabala, se hacía extraño ver el sol después de tantos días grises y lluviosos. Y si, todo parece diferente con un clima menos agresivo.

Galería completa de Sumisión City Blues

De esa suerte se aprovecharon, de primeras, los vitorianos Sumisión City Blues, que además de contar un tiempo mucho mejor, jugaban con la ventaja de tocar el día de los Who, con más público. En realidad fue una circunstancia de la que se beneficiaron en general, todas las bandas del sábado. Grupo con músicos más que solventes, curtidos ya en diferentes bandas hasta confluir en SCB. Blues, punk y rock and roll, cantado en castellano, letras retorcidas y con personalidad. Todo emanaba sordidez y rabia. Ambientes tóxicos que hablan de incesto, putas o dioses inmisericordes. El odio que guardas sobre mi, Amoniaco impuro, Mentira o Mi nena, parte del muestrario. Iñaki Urbizo “Pela” además de cantar, interpreta. Todo muy teatral y vivido. Muy Ramoncín en la época de “El rey del pollo frito”.

Galería completa de The Milkyway Express

Con The Milkyway Express recuperamos los sonidos más blueseros y camperos. Parece que en Andalucía no solo se dedican al flamenco o la copla. También escarbando un poco, podemos encontrar, por ejemplo, esta interesante banda de southern rock. Canned Heat, Creedence Clearwater Revival, Led Zeppelin o Cream son alguna de las referencias que me vienen a la cabeza. Pecado podría haber nacido en una reserva, esas voces parecen invocar a los espíritus, el ritmo se acelera al son de un banjo destartalado y galopante que sube el caudal de nuestras palmas. Hi, hi, es tremendamente pegadiza, dan ganas de danzar como los indios alrededor de las hogueras. La garganta de Carlos Yañez vive en llamas, es auténtico fuego. En Lost dogs se vuelve pura lija… Álvaro Aspe exprime la armónica hasta llevarla al límite. El resto de la banda marca el tempo sin despeinarse. Han montado tal taco que los miembros de Vintage Caravan salen del backstage para seguir la parte final de la actuación. Habrá que seguirles la pista.

Con RavenEye pinché en hueso, alguno tenía que ser. En disco no me parecen desagradable pero en directo tampoco me dijeron gran cosa. Es un trío con un mezcla de estilos entre el blues, el hard rock, o el grunge de los noventa. Un poco ensalada. De hecho pueden pasar por unos Soundgarden en versión reducida y de peor calidad. Creo que en este caso verlos en directo fue peor que solo imaginarlos con el cd en casa. (Bueno, la guitarra era muy bonita).

Sabiendo que The Vintage Caravan tocaban en el Scott Weiland 20 minutos después del inicio de la banda de Oli Brown decidí echar un orejazo, aún sabiendo que a ellos tampoco les podía conceder más de 20 minutos. Se solapaban a su vez con Radio Birdman pero en realidad, no perdía nada por ver el comienzo. En mi caso prefiero solapes enteros, puros y duros, me puede doler perderme un concierto pero se que veo otro entero. Picotear de aquí y allí y quedarse a medias de todo no me gusta. Claro que en este caso me vi medio forzado. Hombre, siempre tenía la posibilidad de ir al casino (no se jugar al poker) o a la Weddin Chapel (siempre que pasé había alguien casándose)… incluso podría haber descansado 20 minutos, parar o comer… pero ¡qué coño!, esto es un festival de música y a eso venimos.

En ese breve lapso y a pesar de llegar ya solo para verlos a cierta distancia, me pareció algo más interesante que de dónde veníamos (También eran un trío). Los mozalbetes, ejecutan un rock setentero con mucho plomo, el bajo tenía una pegada innegable. En tan poco espacio no me dio tiempo de mucho más, aunque intuyo o adivino como siguió. He leído que estuvo muy bien la actuación. Yo en la segunda mitad ya andaba gozando con Radio Birdman

Galería completa de Radio Birdman

Comentaba el guitarra Deniz Tek en una entrevista reciente para Dirty Rock que no quedaron muy satisfechos de su anterior actuación en el ARF 2004 y veían aquí una oportunidad única para sacarse la espina. Imagino que se habrán ido tranquilos esta vez porque fue una actuación notable, de las mejores de esta edición. Creo que dejaron satisfechos a todo el mundo. Un servidor, que no tenía pensado pasar de los 50 minutos para no perderse la primera parte de Scientists, llegó al final, casi el final, porque el bis me pilló ya lanzado al tercer escenario. (En ese momento ya no quise mirar atrás). Me quedé castigado sin postre, que fue T.V. Eye. En fin, incomprensible solape doloroso por parte de la organización, aunque fuese solo de 20 minutos. Realmente perverso, tener que decidir entre mama y papa.

Radio Birdman demostraron que se puede hacer garage-punk y sonar bien. Me pareció una actuación muy seria, incluso me sorprendió esa prestancia y capacidad en un escenario grande (Parece que esa música pega más en una sala y a veces, al dar el salto, se pierden cosas por el camino). Parecían atacar en bloque, línea de cinco músicos casi al borde del escenario con sólo el batería por detrás. Lanzando un zambombazo tras otro, sin retroceder ni un metro, haciendo bailar a todo el mundo sin respiro. Las primeras filas estaban bastante engoriladas. Pildorazos como Hand of Law, Murder city lights o Aloha Steve & Danno son difíciles de recibir sin que se te vayan las piernas detrás de la música. Rob Younger se mueve como un muñeco desmadejado, parece una marioneta de hilos invisibles, flota ligero de equipaje sobre el escenario, caza botas de vino al vuelo, maneja el escenario incluso sin moverse de una zona de cierto confort. Fue todo tan “a pedir de boca” que incluso durante un rato, salió de la nada un luminoso sol que parecía formar parte de la iluminación. Eclipsó unos pocos minutos el conjunto del teclista Pip Hoyle (camisa rosa y corbata naranja) y se fue dejándole a él, brillar más que nadie…

Galería completa de The Scientists

El trasvase lógico a The Scientists se notó enseguida. Se veía claramente que había acabado R.B. y pasábamos de un lado a otro, trazando una línea continua. Era una ocasión que había que aprovechar, a Imelda May ya la he visto varias veces y no dudo que tendré ocasión de verla más. Veo que Boris Sujdovic, bajista de Dubrovniks, repite Azkena solo un año después. Los australianos son pura grasa, mugre, decadencia, el rock ruidoso y esquizoide, primitivo, casi cavernicola. Nada muy alejado de cosas como The Cramps o The Birthday Party. Desde las alcantarillas más profundas, Swanpland o We had love consiguen estrujarte la patata y convertirte en un lunático danzando libre después de varios meses de encierro. El “Air guitar” tampoco puede parar. La camisa-safari de tigres de Kim Salmon daña la vista, alguien la pide el set-list. Hace un avioncito de papel y lo tira, no pasa del foso. No deja de parecerme una especie de Pablo Carbonel australiano.

Galería completa de Fields Of The Nephilim

Llegó la hora de los Fields Of The Nephilim, una de las actuaciones que más ganas tenía de este año, si bien, había que andar con un ojo en el escenario Bowie y otro en el Lemmy. (Por aquello de no ver muy lejos a los Who). A mitad de concierto tuve que ir a chequear, aprovechando una de las múltiples visitas al baño. Me quedé más o menos tranquilo, además también tocaban 091 en el pequeño. Parecía todo controlado. Había que coger sitio y no moverse en los 20 minutos de parón.

La pena es que estuvimos viendo a FOTN en Petit Comité. Ese grupo se merece mucha más gente y asustaba la comodidad con la que entrabas y salías. Tras la pequeña intro… con esa especie de jinetes futuristas tiñendo de negro todo el escenario, sale Carl MacCoy con paso lento y cierto suspense. Acometen Dawnrazor, Moonchild y es inevitable pensar en Heroes del Silencio y toda la herencia recibida. El grupo va tejiendo poco a poco su tela de araña, levantando una capa encima de otra, envolviendo todo sin remisión, con una misteriosa cadencia, con unas guitarras cargadas de Delays y resonancias sugerentes. El enterrador ha venido a levantar las fosas y llevar a todas las almas de misa negra. Hágase su voluntad. Hace un año no les había escuchado y ahora estoy totalmente enganchado a sus discos.

Las canciones requieren fuego lento, mecerte a la luz de la luna llena, que oportuna asoma por encima del escenario Bowie. De todas maneras, algo las recortaban, (una hora de actuación no da para mucho cuando la marca de la casa es el minutaje). Es muy curioso ver la cantidad de matices y detalles que afloran en sus canciones. Muchos los percibes cuando te han conseguido llevar a ese estado de hipnosis, entonces esa música crepuscular se cuela poco a poco haciéndote prisionero de una extraña belleza y magnetismo. De la sección rítmica marca de los ochenta a esa voz cavernosa y profunda, de esas guitarras que se mueven de lado a lado de tu cabeza con un movimiento pendular. Dejan la misma onda que un canto tirado al río, su eco te persigue y es imposible sacudirse. Psychonaut, Last exit for the lost, introspección y a flotar con los ojos cerrados. La corriente se hace torbellino y solo hay que dejarse llevar. Descubrir a este grupo ha sido maravilloso, aunque haya tardado tantos años.

Galería completa de The Who

Salimos a la carrera porque no era plan ver muy lejos a The Who. Conseguimos un sitio bastante majo, no estábamos al lado pero muy bien para no haber hecho cola. Llevaba semanas preparándome para el momento, tratando de mentalizarme, una especie de entrenamiento para que me cogiese fuerte, como la primera vez que cogí un avión. Pues llegó la hora y todo sirvió de nada. Como intentar no pestañear cuando te aplauden delante de la cara. Sabes lo que va a venir, intentas ofrecer resistencia pero siempre acabas cerrando los ojos. Los primeros acordes de I can’t explain y ya me han derribado, segundos… y eso que en la pantalla habían advertido “Mantenganse tranquilos, ahora vienen The Who”. También es verdad que han sido muchos años acumulando ganas de un CABEZÓN con mayúsculas, sin paliativos, parece que siempre se cruzaba algo y no salía.

Llegó el día, ahí los tenía, repartiendo hits incontestables del álbum de la historia del rock. Substitute, Who are you, I can see for miles. Un torrente imparable con un sonido y ejecución de 10. De los que juegan en otra liga. Zack Starkey (hijo de Ringo Starr) y Pino Paladino sustituyen muy dignamente a Keith Moon y John Entwistle a la batería y bajo respectivamente. (Y no debe ser moco de pavo). También meten una segunda guitarra a cargo de Simon Townshend, hermano de Pete. Tres teclados consiguen un armazón sonoro bastante sólido. (Si, tres teclados). Cada momento es exprimido con fruición, era el “aquí y el ahora”, los Who en Mendizabala, en el Azkena, se unieron todos mis favoritos. ¿Hay algo en el exterior?, fuera de esa isla de 18.000 personas poco importa.

The kids are allright se deshace como una gominola de verdadero pop. Incluso puedes volar sobre los acantilados. (Esa película era mucho mejor que la del viernes). My generation, Behind blue eyes, Join together. ¿Quién detiene la máquina? Creo que pasé por todos los estados de las distintas emociones. Un viaje eléctrico, visual, casi sensitivo. En el ambiente flotaba esa invisible capa de triunfo, épica, delirio colectivo. Cada vez que Townshend hacía el molinillo de guitarra parecía que se iba a abrir una sima. Aquello temblaba, mis piernas temblaban. Estaba viendo algo muy gordo, muy grande. Daltrey maneja el micro cual lazo de vaquero, bandazos de lado a lado, el rey del enredo. Anda muy bien de voz, sólo baja un poco muy al final de la actuación. En Love, Reign O’er Me lo borda. Una gran cascada baja por la pantalla. El trabajo de las imágenes es otra maravilla, como una caja de recuerdos, hecho con mucho gusto.

Pinbal wizard, See me feel me (me volvió a dar otro arrechucho), Baba O’ Riley, Won’t get fooled again forman parte del tramo final. Estoy totalmente vacío, exhausto, como un edificio recién demolido. Me han sacudido con el mazo de la perfección. Los dinosaurios están en forma. 50 años en una hora y media. Ni un pero, nadie duda, consenso total.

Galería completa Marky Ramone’s Bliztkierg

Marky Ramone’s Bliztkierg 40 years Of Punk tenían la difícil tarea de actuar justo detrás de los Who y a la vez que Refused. Cuando la marea de gente nos llevó a un sitio medianamente transitable, iniciamos camino al escenario tres. Aquello distaba mucho de ser la Charanga del tío Honorio o un grupo verbenero cualquiera. Evidentemente, no deja de se un grupo tributo, de versiones o como se quiera llamar, por mucho que Marky ande dentro. Si te lo tomas como tal y entiendes que no hay engaño, se disfruta. (Incluso con el cuerpo ya maltrecho al cabo de tres días y horas y horas de estar de pie). La banda sonaba como un cañón, furiosos, rápidos, sucios, y con una precisión digital. Como esas máquinas automáticas que lanzan pelotas de tenis sin descanso… una canción detrás de otra, a chorro…

La memoria colectiva destripada en nuestras narices con un Ken Stringfellow descomunal en el papel de Joey Ramone. Guantes de cuero de media mano, cadenas, cinturón de tachuelas y una camisa negra con un dibujo de una mano que aprieta un corazón que parece querer salirse, como el suyo. Ken es una fuerza de la naturaleza, un huracán, un cantante pletórico, totalmente excesivo y voraz. Se “folló” el escenario de arriba abajo, estaba en todos los sitios, en el foso, arriba, a derecha, izquierda, saltaba, se rebozaba por el suelo, sacaba a pasear el dragón de la saliva en forma de llamarada. Estaba como un niño con zapatos nuevos. Desbordaba pasión y entusiasmo. En una de sus espídicas carreras, casi se va de cabeza al foso. Es el riesgo de saltar por encima de un monitor con el suelo mojado. Parece increíble pensar que el “pluriempleado” había estado tocando, apenas dos o tres horas antes en Donosti.

Tenían dos conciertos en la misma noche. Sesión continua, como en el teatro. Do you remember Rock and roll radio?, The KKK took my baby away, Pet Sematary, I don’t care, Rock ‘N’ Roll High School, trallazo tras trallazo, Marky parece un metronomo, lleva el ritmo sin despeinarse, cuadrado, todo muy fluido y aparentemente sencillo. De repente, de manera súbita se levanta y enfila el camino de los camerinos. No debía estar previsto porque el cantante de los Posies tarda un rato, como si esperara que fuese una falsa alarma. Afortunadamente después de ese “apretón”, salen de nuevo y tocan no menos de seis o siete canciones más, que no dejan de ser un cuarto de hora o veinte minutos añadidos.

El último sprint lo hacen con el Bliztkierg bop con “Pela” (Sumisión City Blues) sumándose a la fiesta como segundo cantante y dejando aún más libertad para que Stringfellow se mezclara con el público de a pie de valla. What a wonderful world de Louis Armstrong, es la elegida para broche final. Hace tiempo que ha vuelto la molesta lluvia, daba igual, el My way de Frank Sinatra que pincharon justo cuando se retiraban, hacía el momento más triunfal. ¡Bolazo!

Galería completa de Supersuckers

Ahora si, necesitaba comer algo, rápidamente me hice con un bocadillo de lomo y queso, que a esas horas entra verdaderamente bien. Aún así no pude reponerme del cansancio y vi a Supersuckers cogido con alfileres, un tanto grogui. Y esto, reconociendo que estaban dando un buen concierto. Fui capaz de intentar extrapolar eso mismo que estaba viendo, totalmente mermado de fuerzas a una situación más amable, por ejemplo a las siete de la tarde. Por otra parte, esta nueva versión de la banda, con giro claro al country, pega más con solete y luz de día. Allí la gente acabó bailando como si estuvieran en un salón americano. Creepey Jackalope Eye, Pretty fucked up suenan a otra cosa pero el nuevo traje les queda igual de bien. En su último disco Holdin’ the bag ya andan metidos de pleno en ello. Let’s bounce huele a vaca y barbacoa, a rodeo y polvo en el camino. Eddie Spaghetti parece en buen estado de revista y remata casi todas las canciones al grito de “Cha, cha, cha”. Hasta en un par de ocasiones saca el móvil y nos pide que mostremos todos en alto, nuestro dedo corazón, inmortalizando el momento. Sigo ya el final bajo la carpa que ahora arrecia con un nuevo brío. Parece mentira, llegamos con lluvia y nos vamos con lluvia…

Vuelvo al hotel vacío, tengo agujetas hasta en el abdomen… El paso de los elefantes marca mi caminar y el cielo de Vitoria no deja de llorar… ¡Qué rápido se acaba lo bueno!

Una respuesta para “Resistir es vencer (Azkena Rock Festival 2016 / sábado 18 de junio)”
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