Crónica del viernes 19 de junio


Fotos cedidas por www.denaflows.com excepto Powersolo (Stuart Macdonald) www.musicsnapper.com
y Putos Foreros (Amaia)

Texto: Santiago V. M. (Stoner)

Sábado 20 de junio, despertar en Vitoria sin ganas de salir de la cama pero sabiendo que hay que hacerlo, ducha que debería ser reponedora pero no llega ni a eso. Supongo que el Resalim habrá hecho efecto, quiero pensar que lo único que tengo es cansancio y sueño. Sales a la calle y te encuentras con todos esos “clásicos” ya de la ciudad… Los señales acústicas cuando se abren los semáforos, las bicis apunto de afeitarte cada vez que pasan fugazmente a tu lado, tener que estar pendiente al cruzar, no solo de los coches, también de los tranvías… esas estatuas gigantes de bronce, (terror nocturno si vienes un poco cruzado y despistado), la reconquista de la música en la plaza de la Virgen Blanca. (Este año hemos vuelto a los conciertos matinales de viernes y sábado). Los niños y abuelos que se echan a la calle a empaparse del aroma del festival.

Como dije ayer Sven Hammond se redimió con creces de su concierto en Mendizabala. Las caras de la gente después de la actuación eran de pura felicidad. Por allí nos encontramos con unos y otros, algunos con muchos años sin dejarse ver. Es una pena no tener casi fuerzas más que para mantenerse en pie. Estaría con cada uno hablando horas pero en ese momento me sobran minutos, repasar las jugadas más interesantes de la jornada anterior y poco más. Todo esto buscando a cada segundo una sombra que cada vez ocupa menos espacio. La comida no me entra, habrá que tumbarse en la cama del Dato otra vez, aunque sólo sea para estar en posición horizontal.

Los encargados de abrir la segunda jornada fueron los asturianos Black Horde (Escenario Bobby Keys). El grupo quedó segundo en el concurso de bandas. Único concierto que seguí sentado desde el prado. (Todavía estaba tratando de volver a mi ser). Visto lo visto, creo que hubiera sido más adecuado en el tercero. Parecía que se quedaba un poco grande todo, había menos gente que el día anterior a esa hora (el viernes nos quedamos en 12.000) y el hecho de ser trío hacía que también sobrara escenario.

Se me hace muy difícil definir la música porque creo que meten muchos elementos en la coctelera, quizás demasiados. (Supongo que puedan gustar a los metaleros, a los rockeros y a los punkis porque hacen de todo pero sin que predomine nada). Contrastaba bastante la actitud hiperactiva de su bajista con la aparente tranquilidad del cantante y guitarra. Tamar bromeó con cierto humor negro sobre la ocurrencia de ponerles a tocar ahí, cara al sol.
Yo creo que cambiar la carpa por un escenario al uso da más categoría, más entidad… También entiendo que para los músicos tocar con Lorenzo de frente es una putada. Entiendo que mejor eso que nada.

Con Powersolo saltó la liebre. Gol en Las Gaunas, sorpresa de seis de la tarde. Conciertazo. Los pájaros locos daneses se metieron al público en el bolsillo casi desde el primer acorde. Había mucho poso Cramps pero menos abrasador y Glam. Digamos que más cómico, cabaretero, más amable. Parecían un grupo de coña, alguno sospechaba que eso iba a ser poco más o menos que una banda de “Carnaval”. Nada más lejos de la realidad. Podían estar un poco “tarados” pero su música era cosa seria.

Como curiosidad vi una disposición en la batería que no recuerdo en otras bandas. La caja y el timbal base en lugar de tener una leve inclinación hacia el baterista como es normal, estaba hacia fuera. Realmente curioso. El mozo tocaba como un pulpo. Por otra parte, si estiraba los brazos de manera horizontal lo mismo podría cubrir todo el escenario…
Surf chatarrero y Psychobilly esquizoide, perfecta banda sonora para una peli de Tarantino. Hacia el final del show, uno de los hermanos Jeppesen decidió subir aún más la aguja de contador que evaluaba su concierto. Maracas en ristre, ejecutó una serie de danzas y bailes epilépticos para disfrute y algarabía del personal. (Todo un frontman).

Hubo un rato que me quedé mirando a los cuatro músicos intentando adivinar quién era el más “marciano” de todos. Creo que si hiciesen un concurso sería imposible decidir el ganador. Aquí, a diferencia de otras muchas actuaciones, las palmas salían del público de manera espontánea. Los conseguía la banda con su música, manejando las mareas sonoras, las intensidades, los tiempos, sabiendo en qué punto está la gente. Cuando eso se da, el concierto está siendo especial.

Galería completa de Eagles Of Death Metal

Con Eagles Of Death Metal lo esperado. Rock & Roll festivo y vacilón. Si alguien quiere buscar cosas más elaboradas o solemnes, esta no es la puerta. Jesse Hughes es más chulo que un ocho, hace de su música algo sexy, caliente como la tarde que les estaba cayendo encima. Creo que fue el momento de mayor calor y solana del festival. Les tocó padecerlo de lleno porque el sol les daba de cara. Hubiera derretido toneladas de gomina. Me imagino que el chico que el viernes por la noche se cruzó delante de mi, señalando a todos su alrededor y llamando uno a uno “Pendón”, “Pendón”, “Pendón”, estaría en primera fila embriagado de placer.

Los EODM sudando la gota gorda a ritmo de canciones pegajosas como So easy o Cherry Cola y capeando con un sonido no demasiado bueno. Eché de menos a Joey Castillo a las baquetas. Ya se que cambian bastante de músicos pero ver a este batería no se hace todos los días. Tenía la esperanza.

Por otra parte me pasé medio concierto pensando que al bajo estaba Ken Stringfellow. Estaba al lado de la mesa, una distancia suficiente para tener dudas razonables. Vistas las fotos no me extraña la confusión porque Matt McJunkins se parece bastante. Brent Hinds de Mastodon se subió acompañar a la banda en I only want you y ya había un sombrero naranja de Euskaltel arriba del escenario. Creo que soñaré con ellos.

Galería completa de Cracker

Cracker fueron traídos expresamente a España sólo para tocar en el Azkena. Ni una fecha más en medio de varios shows por USA. Regreso a los orígenes… Cracker ya estuvieron en el ARF 2003. (Segunda edición pero primera que se celebró en Mendizabala). Recuerdo aquel concierto mucho más salvaje. Era de noche, nosotros agarrábamos la valla, en primera fila, estilo STAR. Ahora los mozos se han hecho más maduros y siguen teniendo energía aunque no se muestren tan agresivos como en aquella noche.

Salen con One Fine Day. ¡Plaff! La primera en el morro. (Somos Cracker, esta es nuestra tarjeta de visita y hacemos esto). Johnny Hickman consigue detener el tiempo con sus punteos. Parece que la imagen se congele, sólo puedes verlo a él y su guitarra. Es imposible abstraerse. Low y Teen Angst hacen las delicias de los nostálgicos.
Este concierto si que está sonando perfectamente. Con Where have those days gone ya nos vamos al lado más country de la banda. Matt “Pistol” Stoessel hace su trabajo de fino estilista con el pedal steel, los coros de Thayer Sarrano son algodón en día de feria. En Get on down the road hay una especie de partido de tenis entre ella y Matt con sus respectivos instrumentos. Sweet Potato me pone danzón a ritmo de cencerro bien marcado. Le entran a uno ganas de coger y rascar la botella de anís del mono, hacer un trenecito… Con California country boy, diréctamente te quieres subir a un toro mecánico.
David Lowery pone su voz a prueba en The world is mine. Tiene una garganta que podría lijar kilómetros de suelos de entarimado de madera. Euro-Trash Girl y El cerrito cerraron otra gran actuación de Cracker. Son el uno fijo en la quiniela. ¿Para qué doblar apuesta sin con el sencillo siempre acertamos?

Galería completa de Reigning Sound

Había ganas de ver a Reigning Sound. El Shattered es uno de los mejores discos que escuché en el 2014 y así lo voté cuando tuve ocasión de participar en alguna lista de este tipo. Al contrario que con John Paul Keith, por ejemplo, aquí si que parecía que esta música perdía prestancia en un sitio tan abierto. También es verdad que todavía era de día, estábamos a la izquierda, donde más gente llegaba, y había varios Tonettis a nuestro alrededor.
Tampoco es que ellos fuesen la alegría de la huerta. El bajista Benny Trokan parecía en otro lugar. Podría estar haciendo mentalmente la lista compra sin dejar de tocar. El caso es que tocaba más que bien así que no se si sería aburrimiento o chulería en plan “Soy capaz de hacer dos cosas a la vez”. Tampoco entiendo que Greg Cartwright joda una cuerda y no tenga otra guitarra de repuesto preparada, que se la tenga que cambiar el mismo en medio de la actuación. Mientras, el resto de la banda amenizaba la espera con el Reach out I’ll be there de los Four tops. (No hay mal que por bien no venga).

Salvando estas circunstancias, en lo estrictamente musical, vimos un buen concierto de un grupo que maneja a la perfección la mezcla de garage, rhythm & blues, soul, pop, el folk y todas esas músicas que podemos ver reflejadas en las carreras de artistas como los Animals, Sonics, Lovin’ Spoonful, Dylan, Stones, Small Faces, Troggs, Otis Redding, etc…

No me puedo quitar de la cabeza el Never coming home. Llevo con la canción en modo blucle desde que volvimos. Solo esto vale por toda la hora que tocaron. Realmente bonita. Con North Cackalacky girl, It’s is true?, I’ll cry o esa versión asilvestrada del You got me hummin’ de Sam & Dave ya hay otra sensación. Incluso se puede bailar… En definitiva, que me quedo con ganas de verlos en sala para comprobar la diferencia. A ver si se acercan pronto y veo si tienen más sangre en las venas.

Galería completa de Mastodon

Según acabaron los Reigning Sound me encontré con mis amigos del Ebrovisión, Ramiro y Carol. Con cualquier otro grupo no hubiésemos dudado en charlar de camino a la actuación, puede que incluso los hubiésemos visto juntos. Era la hora de Mastodon y ni ellos tenían muchas ganas ni yo demasiada pena, aunque quería verlos por curiosidad. (Con estos no había solapes así que no había más remedio). Allí estuvimos hablando un rato que nos vemos cada vez menos. No se si me salté veinte minutos de concierto, más o menos. Cuando llegué al escenario grande evidentemente estaba atrás del todo. Aproveché para cenar un bocadillo que en tres días apenas había metido comida en el cuerpo.

Desde lejos por lo menos la estampa era bonita. El grupo con una tela del último disco One more ‘round the sun ocupando casi la totalidad del escenario y una bonita luna en el cielo coronando la bóveda, casi a modo de antena. Entre el dibujo de la tela, las luces y ese invitado celeste teníamos una gran postal. Lástima que la música me estuviera estrujando las meninges.

Mastodon ganaron su plaza de “cabeza de cartel” del sábado por incomparecencia del resto de candidatos, porque había esa vacante que no se consiguió llenar. El grupo no era “cabeza” ni para la organización porque no lo anunció como tal y se vio obligada a subirles de escalón en el cartel. No voy a discutir esto porque ya me resulta aburrido. No voy a decir que encima vienen precedidos de una fama de tener unos directos con un sonido malo, que las voces pierden mucho en vivo, etc, etc… Todo esto dicho por “fans” del grupo. El caso es que a esa hora y ocupando el puesto de grupo principal, esa música me parecía una soberana “Turra”.
Un bizcocho sin almíbar y con doble de harina, seco, pesado, difícil de tragar. Supongo que harán mil cosas con los instrumentos, de hecho en los discos se aprecia, no lo dudo… El caso es que en ese momento me estaba resultando todo granítico y demasiado duro. Fuera de mis coordenadas. Más que en disco.

¿Hubiera cambiado mi percepción si hubiera seguido el concierto desde el principio y más cerca del escenario? No lo se, pero por allí vi a gente a la que el grupo le gusta y me decían que eso lo podían aguantar media hora, no más, que más tiempo era un “coñazo”.

Cualquier cosa que diga deberá ser cogida con pinzas porque estaba bastante lejos, con la actuación empezada y sin meterme nunca en el concierto. Cualquier opinión de otra persona estará más fundamentada así que pasaré a lo siguiente. En este caso no puedo ser demasiado útil.

Galería completa de John Paul Keith

Recuerdo perfectamente la última vez que estuve con John Paul Keith en la puerta de la sala Picos de Liérganes, acabada ya su actuación. Estuvimos hablando por espacio de tres cuartos de hora, sin exagerar. Charlamos de todos los artistas que nos gustaban a ambos, teníamos muchísimos en común… Del significado de la música en nuestras vidas, de su importancia. Acabamos hablando de esa maravillosa película “The Music never stop”. Me dijo que también le emocionó mucho. Un tío encantador, en ningún momento hizo el amago de irse, se le notó incómodo o intentó adelantar la despedida. Se fue cuando ya no quedaba más remedio. El resto de músicos habían recogido ya todo, sólo quedaba él. Me regaló un dólar que todavía guardo metido en su disco “The man that time forgot” y aún me quería regalar el “Memphis circa 3AM”. El disco se lo compré, era mi única manera de agradecerle la espléndida noche que había tenido gracias a su música.

De esa charla saqué la conclusión que además de buen músico era un gran apasionado de la música. Me queda claro que toda esa pasión, todo ese bagaje sonoro, es pura gasolina para el motor de sus canciones. Pero ojo, es que lo hace muy bien. Si sólo consistiera en que te guste mucho, lo haría cualquiera. El recicla todo ese rock & roll 50 y 60 y lo vuelca dejando una impronta de clase y elegancia espectacular. Porque JPK suena a los Dave Edmunds, Eddie Cochran, Carl Perkins, Chuck Berry, Bill Haley, Roy Orbison, Buddy Holly, Elvis Costello y tantos y tantos monstruos de rock. Punta tacón de manual. No pude dejar de moverme en todo su set. Never could say no, I work at night, Pure cane sugar actúan sobre mi como actuaba sobre Dorian Gray su propio retrato. Escuchando esas canciones me veo de nuevo con 15 años, con mi flamante tupé, con mis ganas de comerme el mundo.

El trío lo hace todo aparentemente fácil. Parece sencillo pero no lo es, cada cosa colocada en su sitio, cada punteo, cada riff, cada espacio en blanco. (JPK es bueno cuando toca y cuando hace las pausas mientras toca). La cola de sonido que dejaba con la Telecaster era espectacular, como una cortinilla invisible, una señal que se alejaba poco a poco igual que las ondas cuando tiras una piedra al río. Un eco resbaladizo y centelleante. Una maravilla de sonoridad.

Imagino la infancia del artista, escondido tras esas gafas redondas y excesivamente repeinado. Su pinta de empollón no le haría fácil pasar desapercibido. Más que probable objeto de mofa y befa por parte de sus compañeros. Puede que nunca tuviera pareja en el baile de la fiesta de graduación del Instituto (Ahora hace canciones como Everything’s different now que parecen hechas para esas celebraciones). El chico retraído y solitario. Puedo ver al joven JPK rebelarse y pensar en alto “Algún día seré conocido”. Y aquel escuálido muchacho compró su guitarra y empezó a tocar y va camino de cumplir su profecía. No me extrañaría nada que todo hubiera sido así.

Si alguien creía que un festival como el Azkena le iba a quedar grande se equivocó de cabo a rabo. A pesar de estar acostumbrado a salas de poca capacidad, no tuvo ninguna duda, no se asustó, hizo una actuación redonda. Al punto de tener que salir a tocar un bis por petición popular. Todos sabemos la dificultad que tiene conseguir esto en cualquier festival. Los tiempos están super medidos para no descuadrar el resto del cartel. Yo aquí, fuera de los cabezas, sólo recuerdo vérselo a Los Lobos. Ni uno más y eso que la petición a los Sheepdogs fue escandalosa. Así pues el público quedó ampliamente satisfecho, lo mismo que los músicos. John no dudó en sacarnos una foto para que, según él, su madre supiera lo bien que había salido todo. En mi opinión el mejor concierto de todo el sábado.

Actuación patrocinada por “Delicatessen Last Tour”. Cocina tradicional hecha con todo el cariño, las recetas de la abuela cocinadas a fuego lento, en horno de leña… Los productos más frescos del mar o la montaña, directamente a su mesa. Así es Last Tour, sirviendo a sus clientes los “bocados” más sabrosos desde hace 14 años. “Delicatessen Last Tour”, los mejores sabores en su tienda más cercana. Recinto de Mendizabala, proveedor oficial. ARF, sello de calidad.

Galería completa de Ocean Colour Scene

La inclusión de Ocean Colour Scene quedando un mes escaso, dejaba una clara sensación de apaño, de resto de stock, de bebida de garrafa, de producto de marca blanca, en definitiva, de saldo. Me jode decir esto de un grupo que me gusta tanto, pero venir sin Steve Cradock, meter a un sustituto (Raymond Meade) que ni siquiera es el guitarra habitual de apoyo de la banda (Andy Bennett) es bajar mucho el nivel. Se puede decir que vivimos algo histórico porque creo que Ocean Colour Scene como tal, nunca había tocado sin su guitarra original. Es decir, parche sobre parche, una sensación de provisionalidad, de huída hacia delante, de “vamos a ver cómo sale” que no hacía presagiar nada bueno.

Creo que influyó bastante en el repertorio, demasiado blando para la hora y el festival. Incluso tuvimos una parte central acústica con Robin Hood (Simon sólo con acústica y voz) y Better days (esta vez sólo voz y Oscar al teclado acompañando) que casi diría que fue lo mejor. Simon le echó pelotas, le sobra carisma y voz, aunque sacara algún gallo a pasear.

Estábamos allí, como náufragos en medio de un océano de katxis aplastados, desperdigados, con espacio para ir desde atrás hasta primera fila si hubiésemos querido, aire alrededor, distancia entre el de al lado y tú. No había esa tensión de grupo reclamo, de banda principal, con vitola, aunque la tengan.

A pesar de todo salieron del paso, que no es poco. Yo disfruté porque para que esas canciones no me gusten, le tendrían que cortar la lengua a Simon, escayolar ambos brazos a Oscar y mandar a Steve a tocar con Paul Weller. (Esto si sucedió). Aún así, si alguno de ellos se acerca al micro y tararea o silva las canciones, seguro que me conquistarían otra vez. Imagino que es lo bueno de tener tantas y tantas composiciones redondas, maravillosas. En esa ruleta siempre ganas, salga la que salga es un temazo, un hit, un himno. Con Get Blow Away siempre me pongo Candy, Candy. (Creo que es de las mejores canciones que he escuchado en mi puta vida). The day we caught the train me hace gritar “ohhh ohh la, la la, ohh ohh, la, lalalá” como un hooligan engorilado. Incluso OCS con su formación mutilada consiguen sacarme eso.

Aún así, se distinguir entre un directo cojonudo suyo y lo del otro día. Y hay diferencia, y si no hubiese habido estos condicionantes, muchos que les estaban esperando escopeta en mano, segúramente hubiesen cambiado de opinión. Por lo menos el broche final con el Day Tripper de los Beatles si lo conocía todo el mundo.

Cuando OCS acabaron, me crucé con John Paul Keith cerca de los baños. Después del concierto que había dado me acerqué simplemente a felicitarlo, sin más. A decirle que podía estar satisfecho de su actuación. Saludo, felicitación y adiós. Un par de minutos como mucho, aquello no era Liérganes y además el “Reverendo” Dave Eugene Edwars esperaba en el escenario tres.
No pudo ser, en mi camino se cruzó una “groupi” que no dudó en sacar sus uñas y preguntarme de manera malintencionada si era el guardaespaldas de John. Tras un primer instante de estupefacción intento razonar con esa joven descarada. No la conocía de nada así que no entendía tanta confianza. Podría haberla pasado un test sobre JPK para bajarla un poco los humos pero no soy de esa manera de pensar. Me parece demasiado elitista. La gente no tiene porque conocer a todos los músicos, ni seguir toda su carrera, ni tener sus discos. Puede disfrutar de ellos por sorpresa y tienen el mismo derecho que cualquiera a hacer propia su emoción. Por eso no entiendo este afán por acaparar.

Cabían dos opciones, o ponerla colorada o acabar hablando con ella de lo bueno que era Juan Pablo. No me apetecía ninguna de ellas y tenía prisa. Me fui de allí sin saludarle y pensando que ya le felicitaré en frío. Aunque sea dentro de algún año.

Podría hacer un libro sobre mis desencuentros con “groupis”. Tengo varios. No hace tanto, en el BIME tuve un encontronazo con otra que se jactaba de un perfecto inglés y se creía experta en fotografía. Pues bien, en la foto con los My Sad Captains cortó varias cabezas. Por no hablar de aquella que me quería arrebatar a Stringfellow en medio de una entrevista a las puertas del Antzokia.

Queridas “groupis”, amar es compartir, probad a idolatrar sin exclusivas o iros al carajo. La próxima vez que quiera felicitar a un músico le mandaré una postal. No quiero enojar a nadie.

Galería completa de Wovenhand

Mi último concierto de esta edición iba a ser Wovenhand en el escenario tres (Kim Fowley) que el dos estaban los Kvelertak concitando a la mayor parte de gente. Este solape ha sido claramente el más doloroso del festival. Incluso se abrió una petición en Change.org para que cambiaran el horario. Yo sigo sin entender el motivo. Parece que ahora Wovenhand están en boga entre el público más metalero. Las modas son así. Lo quieren ocupar todo. Por mi parte estaba encantado. Me ahorraron un grupo que no quería ver ni en pintura y me colocaron otro de mi gusto. En este sentido el sábado estaba bastante equilibrado para que hubiera oferta para todo el mundo. A decir verdad me esperaba mucho público Heavy en el festival y vi más o menos el mismo tipo de gente de los últimos años.

Yo no se si Dave Eugene Edwards fue amamantado por lobos, al estilo Rómulo y Remo, desconozco si come semillas o habla con los espíritus de sus ancestros. Puede que en su pueblo le miraran raro por coleccionar discos de Joy Division… Habrá forjado su personalidad excéntrica a través de rituales que seguro que aquí no comprendemos. Lo que si parece es que la música le purifica, que canta sus canciones a modo de salmo y lo que está claro es que ver un directo suyo es una experiencia bien mística.

Ese sonido tiene más cinc y cobre que todas las montañas de Colorado, más hondura que la cueva más profunda del Gran Cañón. También puede hacer las veces de atrapasueños porque siendo el último día de tres que llevábamos en Vitoria salí de allí cargado de energía. Incluso me dio tiempo a ver 10 minutos de Kvelertak que disfruté, aunque sea por la inercia que me dejó el “Reverendo”. Wovenhand meten una tensión brutal, marca de la casa. Yo todavía hubiera saturado un poco más.

La apisonadora iba prensando el asfalto caliente. El volcán de Dave no dejaban de brotar mensajes en un lenguaje ininteligible, aullidos, espasmos y un rico lenguaje gestual. (Varias veces figura un ahorcamiento a base de mímica). En esta gira su butaca pasó a mejor vida. Toda la actuación de pie, para acojonar más.

Puede que su propuesta ahora sea más contundente pero no ha perdido nada de su esencia… La voz filtrada como saliendo a través de un megáfono, los ritmos cuadrados y machacones, la oscuridad, esa épica y el halo de Chamán capaz de hipnotizar y llevar al público a su terreno. Good Sheeperd, Field of Hedon o Salome son puro The Cult de la época del Dreamtime. Lo mismo por eso me gusta tanto. La Banjola de Corsicana clip teje unos rasgueos que sin querer me tienen en el medio de su telaraña. Así es como Dave Eugene consigue apropiarse de tu espíritu, quieras o no. De nuevo tuve la sensación de Coitus Interruptus al final. Otro concierto que se me hizo demasiado corto.

El sábado los solapes me impidieron ver a The Outside hours, Red Fang, Off! y Kvelertak. Hubiera visto gustoso a los dos primeros pero en general se me plantearon mucho mejor que los del viernes. La pinchada a cargo de David Lowery y Johnny Hickman (Cracker) también rayó a gran nivel. Sonaron varios grupos que nunca me hubiera imaginado.

Y para que no todo sea música, aquí cuelgo una foto representativa de uno de los grandes “hitos” de este festival. La gente del foro del Azkena. “Putos foreros” si se quiere. Está bien verse las caras de vez en cuando después de pasar un año entero leyéndonos a través de “La plazoleta”, que así se llama en realidad ese espacio. No están todos los que son pero creo que si son todos los que están. Lo mismo hay algún “Felipe”. (Término acuñado para definir a los amigos de foreros que no están registrados).
El que si está es Rasputín, que ha pasado una temporada muy jodido y llegó a pensar que nunca volvería al ARF. Pues este año lo ha hecho y este documento gráfico lo certifica. Otro motivo más para pensar que ha sido una edición realmente cojonuda.
Yo no salgo en la foto pero en realidad es como si estuviera.

Una respuesta para “The promised land (Azkena Rock Festival 2015 / sábado 20 junio)”
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