Makaroff

No estoy seguro de que el argentino se haya llevado una buena impresión de la seriedad con la que nos tomamos la música por aquí. Y no lo digó sólo por la escasísima afluencia de público en el Rocambole, sino también por deslices que dan muy mala imagen: empezó a tocar, y tuvo que parar a mitad de la primera canción, los responsables de la sala no habían quitado la pachanga que había de música de fondo. Lamentable, aunque Sergio se lo tomó con filosofía, terminando su canción (no hay peor enemigo que el enemigo interior) con algún que otro cambio (no hay peor enemigo que el soniquete exterior).

Simpatía, bromas, buen humor e ingenio a raudales. Lo mismo le dedica una canción a su mountain-bike robada, que a los cochinos que van ensuciando el planeta (…y que te folle un pez. Un pez espada). Lo mismo se confiesa una estrella de rock que se estrelló contra una roca, como se siente el Master of the Universe.

Ingenio y también ironía: en un momento de su actuación, hizo que el público se fijase en su atuendo, en el que había intentado cuidar todos los detalles y combinar todos los colores. Sabía que en Santander casi todo el mundo era pijo, y él, por agradar a su público, hacía lo que hiciera falta.

Algo menos de hora y media de concierto, muchas canciones, muchas risas, un sonido bastante malo -para tratarse sólo de voz y guitarra- y muy muy poca gente. Una lástima. Para los que se lo perdieron.

Sergio Makaroff actuó el pasado viernes 24 de Junio, en la sala Rocambole de Santander.
Fotografía: RTZ!

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