Texto: Santiago V.M.
Fotos: Jorge López Tamames

De manual

El año del gran salto. Acelerar sin mirar atrás, en un momento que hubieran girado la cabeza, en un solo momento, el golpe hubiera sido impresionante. Sabían los riesgos, contaban con ellos… buscaban mejorar, dar una mejor oferta, ampliar la familia ebrovisiba. La Fábrica de Tornillos se ha quedado pequeña, la realidad era esa pero… ¿dónde va a sonar mejor que allí?. Cuando el mayor As que tienes en la manga desaparece, cuando el verdadero faro y referente del festival tienen que ser sustituido, cualquiera que sea el motivo… te la juegas a doble o nada. Yo llevaba esa sensación, “como se columpien con el sonido nos vamos a acordar mucho de años pretéritos”.

Supongo que en esas dudas andaría la organización, aunque ellos siempre fueron claros “va a sonar bien, ya está más que comprobado”. Imagino yo que si a un equipo de fútbol le cambian el césped durante el verano tarden en acostumbrarse y se acuerden durante un tiempo del verde anterior (por mucho que el nuevo sea mejor). Supongo también, que al igual que en la liga, la afición no deja que pase un año de transición y si el equipo ganaba el año pasado, tiene que seguir haciéndolo ahora.
Así pues la organización tenía que manejar un evento que se ha hecho más grande, adaptarse a los cambios y mantener y respetar el espíritu que les ha llevado a estar año tras año en lo más alto de la liga. La empresa no era fácil, supongo que en cuanto hay cosas nuevas es normal perder cierto control.

Ha habido un par de lunares en tres días. El primer día no se pudo acceder a una de las dos zonas habilitadas para acampar y las piscinas no funcionaron el fin de semana. Por lo que parece, estos imponderables han sido totalmente ajenos a la Asociación Cultural Rafael Izquierdo que fue la primera sorprendida con estas novedades del Ayuntamiento. Teniendo en cuenta que había otra zona de acampada, que al día siguiente ya se disponía de una nueva zona cubierta y que no hacía mucho tiempo de piscina, no se hasta que punto fueron problemas graves, pero cosas así te dejan con el culo al aire y creo que son bastante injustas para el público y para la propia asociación.
El resto, perfecto, un diez, de manual. Esta gente sigue dando lecciones. Las dan con un espíritu amateur y de voluntariado, sin sacar pecho, poniéndose siempre en el lugar del fan que viene a ver su festival.
Los autobuses que te acercaban de Miranda a Bayas y viceversa pasaban cada dos por tres, no esperabas más de cinco o diez minutos como mucho y ya salían a su destino. Ni un retraso, ni aglomeraciones ni nada parecido. Ninguna cola para sacar tickets y menos para pedir en la barra, todo fluido. En el tema de horarios, clavado, imposible ceñirse más. Ni un solo retraso salvo el jueves, primer día y que tradicionalmente demora las actuaciones hasta que la gente va llegando. Por lo demás, como un reloj suizo. Hay que recordar que en otros festivales se llegan a acumular hasta dos horas de retraso, teniendo que ver a un grupo a las cinco de la mañana cuando estaba previsto a las tres, suponiendo que antes no te hayas ido a planchar la oreja.
Pero todo esto tenía que ser refrendado aún más, pasar la gran prueba de fuego, el gran quebradero de cabeza de músicos y técnicos. Un ente extraño, difícil de domesticar, un enigma llamado “sonido”.
Aquí y sin ánimo de parecer demasiado pelota, me quito el sombrero. Sonó como un cañón, ni en el mejor de mis sueños lo hubiera imaginado, un pabellón de techo bastante alto no hacía pensar en nada bueno. Cuando empezaron Mendetz estaba temblando, “joder, joder como sigamos así esto va a ser un churro”. Pasado el susto inicial, solo pude relajarme, disfrutar y abrir bien mis orejas, en ningún sitio las tratan tan bien. El Ebrovisión posee la fórmula mágica del sonido perfecto, la podían haber perdido en el camino de La Fabrica al Multifuncional, pero no, se ve que la llevan bajo llave y bien protegida. Además, el escenario era tremendo, bien alto, bastante amplio, lleno de pantallas, adornos y unas luces propias de un evento grande. Muy cómodo para ver los conciertos, todo bien centradito, a una altura perfecta, cubierto por si llueve, con piso firme… el espacio ideal, tocatas para disfrutar en ambiente de club, música para privilegiados que se ve y se escucha en unas condiciones que no encuentras en ningún otro festival. Supongo que para los grupos debe dar el mismo placer tocar en un sitio así.

¡Vaya cantera que tenemos en España!

El jueves 20 de septiembre y como es costumbre ya, en la sala Maquiavel se daba el inicio al Ebrovision. La fiesta de presentación se convirtió en una bomba de presentación y en mi opinión tuvo la misma categoría que el resto de días del evento, aunque tocaran menos bandas y fuera en otro espacio. The Right Ons y Tokyo Sex Destruction, agitaron bien la coctelera, colocaron munición de sobra, detonaron todas las cargas y nos hicieron sudar chorros de garage, rock, soul, funky y lo que se terciara. The Right Ons, a punto de sacar su primer disco al mercado, dejaron con la boca abierta a propios y extraños. Es lo que me pasó la primera vez que les vi, pero también me pasó la segunda, y para ser sinceros, me pasó esta tercera. El ritmo es innato, lo llevan de fábrica. Música de negros hecha por blancos, como un bombón de dos chocolates explotando en tu boca. El licor que lleva dentro te libera de cualquier rigidez, agarrotamiento o somnolencia, activa todos tus músculos y es imposible no mover el esqueleto cuando los mozos encienden la máquina.

Escuchar el I’m waiting fo the man en sus manos es como ver una película desde atrás del celuloide. Te cambian la bola de lado cuando tu ya habías llegado a la otra esquina.
Mis pulsaciones cabalgan con el bajo de Utah y los ritmos de Ramiro (uno de los mejores baterías actuales), mi corazón salta a la comba en cada wah wah, Rafa Fernández hace el trabajo de laboratorio, sacando efectos y matices varios a las seis cuerdas. Mi vista y mis oídos para ver y escuchar como Alvaro Guzmán canta mientras siente y siente mientras toca. Una representación de rock and roll vivo en ebullición, una verdadera fiesta. Otra muesca en el revolver de estos alumnos aventajados, los que van un curso por delante, el grupo telonero menos telonero que puede haber por las salas de nuestra geografía. Después de sacar el cd, solo pueden ir para arriba.

Después de este derroche alguno pudo pensar que no íbamos a llegar a más, pero salieron los Tokyo Sex Destruction y dejaron tierra quemada a su paso. Como de costumbre, pusieron todo patas arriba y dieron otra vuelta de tuerca más. El trabajo de demolición de los Right Ons fue 100% efectivo y la gente andaba ya tan caliente que era el momento y el sitio para que los catalanes asaltaran la Maquiavel, nos robaran todo el aire y nos dejaran sin aliento.

Aquí el soul y el punk se dan la mano, la psicodelia y los ecos sixties también están presentes. Su revolución musical no deja a nadie indiferente, el público participa de manera activa desde el instante en que piden que se acerque hasta el pie de escenario.
Con el primer acorde comienza el espectáculo, R.J. Sinclair necesita mezclarse entre la plebe, sentirse uno más, hacer el gamberro, sudar y reventar, bailar y predicar el evangelio del rock. Tiene el baile de San Vito, no puede parar, toma el centro de la sala se mueve por las alturas, está descontrolado, y nosotros también (James Brown sigue vivo).Todo este despliegue no sería posible sin el apoyo de los coros del resto de la banda. Voces distintas que se complementan, un trabajo minucioso y preciso.
Un bajó machacón y funky taladra nuestras cabezas, J. M. Sinclair aporreaba la batería con una violencia impropia de su lamentable estado físico (parecía enfermo). Era todo un poema ver su cara. A pesar de todo el sonido no se resintió. R.R. sacaba de su Rickenbacker pellizcos del pasado más hippie y de cuando en cuando la atizaba fuego hasta acabar retorciéndose con ella por el suelo.

Al final de una actuación descarnada, excesiva e incendiaria donde las haya, los tímpanos zumban de lo lindo. Todavía había que digerir lo que acababamos de ver… camino de la pensión Conchi, tenía ya claro que el jueves iba a ser un día tan grande como los dos que quedaban por delante. Un aperitivo convertido en plato principal.

The Charlatans dejan un pedazo de historia en Miranda

El viernes 21, y como marca la tradición, después de esos paseos por el pueblo de los que disfrutas por el simple motivo de estar de vacaciones, visitamos el bar Avenida, un sitio con solera, plagado de señores mayores, pero al que no se muy bien porqué, tenemos mucho cariño. Después, directos a La Fundición, dispuestos a un nuevo festín(esta vez gastronómico). Este año tuvo que ser en las mesas de fuera, el restaurante estaba lleno y no dejó de entrar gente en el tiempo que allí estuvimos. El año que viene reservo.

Por la noche, después de encuentros sorpresivos con gente con la que no contabas, una vez dentro y comprobada ya la magnífica instalación… Mendetz fueron los primeros en hacer mover nuestros pies aunque de manera controlada. El grupo cerró el festival el año pasado y lo abrió el presente. Para ser las 21:00 horas fueron muchos los que se acercaron a observar las evoluciónes de esta banda de Casio-Punk como ellos mismos se han denominado. Con solo un disco en el mercado era muy fácil saberse todo el repertorio. Mi cuerpo pedía agitación pero un sonido bastante malo impedía que me desatara del todo. El bajo estaba bastante alto y el resultado final era un barullo y molesto ruido. Con haberlo bajado un poco hubiera sido suficiente.

Final de actuación envuelto de polémica. Al parecer les dieron diez minutos más sobre su horario y antes de cumplir los mismos ya habían iniciado el Future Sex. Los que estábamos abajo iniciando el despegue con su tema estrella éramos ajenos a todo. De repente y antes que acabe la canción y como un “coitus interruptus”, el regidor baja el brazo cual emperador romano y el técnico de sonido el volumen… el grupo sigue tocando igual pero solo se oyen las voces del público que no dejan morir la canción. A partir de ese momento, gritos, insultos, gente cabreada, el técnico de sonido con cara de “yo soy un currela y obedezco” y la cosa que se saca de quicio. Entiendo que el grupo tenía que haber medido mejor su setlist, pero cortar una canción antes de acabar hace daño al oido y creo que al final, se perdió el mismo tiempo. Quizás había que haber cortado al grupo antes de empezarla o cortarles dentro en camerinos… La sensación fue bastante cutre, pero ya he comentado anteriormente que llevar bien los horarios es clave para no acumular retrasos y cansancio.

Con los alemanes The Robocop Kraus se arregló el tema de la acústica y se mantendría ya el resto de las actuaciones. Un sonido más bajo pero que dejaba apreciar a la perfección cada instrumento y el papel de cada músico. Esto, unido a un magnífico juego de luces, nos acercaron a una visión del grupo más pop y menos bailable, canciones que navegaban en los tiempos medios, que sonaban finas, que sugerían y calaban poco a poco, como los blancos mañaneros. Sin darte cuenta, estás en un estado calmo, feliz, pero no excitado.
Es verdad que si nos atenemos a todos los comentarios que había escuchado, el concierto fue demasiado tranquilo pero ni me desagradó ni me aburrió, simplemente lo disfruté como si fuera otro grupo al que me había imaginado. Había escuchado cosas como “fiestón total, no vas a parar de bailar”, “En el Fib del año pasado reventaron la carpa”, etc, etc… todo muy explosivo, al contrario de lo que vimos.
Al final empezaron a meter verdaderos pepinazos como In fact you’re just fiction y aquello se convirtió en una discoteca. Luces moviéndose al son de la música, proyecciones centelleantes para que tu cabeza vaya más allá, y Thomas Lang moviéndose como un chimpancé aturdido. Es entonces, en ese momento, cuando lamenté no haberme encontrado con ese grupo desde el principio.

Deluxe congregó a muchísima gente a esa hora. Xoel y sus acompañantes dieron un show perfecto de ejecución, intachable, redondo. Además el gallego conecta de manera natural con la gente. Esto ya no tiene que ver con la técnica. Hay que tener algo más, hay que desprender un encanto especial para que todo el mundo se ponga a dar palmas de manera espontánea, sin petición del músico de turno. Hay que tener alma para que la gente coree los temas y lleve las canciones en volandas. Xoel lo tiene. Por mucho que les pese a algunos, da un salto más donde otros se quedan. A pesar de no tener una voz destacada entona unas melodías que muchos quisieran rozar. Por si fuera poco se ha rodeado de unos fieras que hacen que Deluxe parezca una Big Band. Suenan de lujo, van todos a la vez, como los ciclistas que corren en tándem. Saben como frenar las canciones y también saben donde hay que subirlas, pegan fuerte cuando es preciso y se hacen más dulces cuando se requiere. Los vientos entran con la determinación de saber que la canción les pertenece y que ellos a su vez, son esclavos de la misma. Parece que nacieron con ellas, que siempre estuvieron allí.
Se centraron casi totalmente en Fin de un viaje infinito del que sonó la mayoría, una pena que se dejaran El amor Valiente en el tintero. Extraña habitación fue de lo poco del pasado. Para compensar hicieron una maravillosa versión de Perlas ensangrentadas (Alaska) que no dejó a nadie mudo y casi para finalizar, una revisión del So Alive de Ryan Adams adaptada al castellano.

The Charlatans escribieron una de las páginas más gloriosas del festival mirandés. ¡Madre mía!, ¡Qué colección de hits!. No creo que el repertorio que tocaron pueda estar al alcance de muchos. El sitio para mostrarlo, el mejor. Hubo comunión entre grupo y público e incluso Tim Burgess no paró de regalar sonrisas, gestos y aplausos de agradecimiento verdadero al público presente. Sin duda el cantante es todo un personaje. Parecía un animal desperezándose, regateando cada uno de los esfuerzos que tenía que hacer, economizando hasta los golpes de pandereta que tenía que dar, agarrándose al pie de micro como si fuera a caer al abismo de no tener ese apoyo, bailando como un muñeco desmadejado, dando calor a la armónica como el mejor bluesmen… Hubo un momento en que dudaba si coger la pandereta, la melódica o la cerveza. Supongo que para lo que hacía sonar cada instrumento hubiera dado igual. O su mente estaba desenfocada o es que es raro porque si.

El caso es que el bueno de Tim hizo una demostración de cómo se tiene que cantar, un alarde de gusto, de sensibilidad, un maestro en encajar palabras en el recorrido de la música, de mezclar su personal timbre entre esas atmósferas alucinógenas y narcóticas a más no poder. Solo había que cerrar los ojos y dejar que la anestesia fluyera. En ese duermevela, los sonidos, los colores y el sabor de la historia en tu paladar es algo único e irrepetible. Manchester se podía tocar con las yemas de los dedos. Los Charlatans estaban delante nuestro, tirando de canciones que quitan el hipo. Una detrás de otra, sin tiempo para limpiarte las babas del tema anterior. The Only one I Know, North country Boy, Then, Weird, Can’t Get out of bed, One to another, You’re so pretty, we’re so pretty, Love is the key, Blackened blue eyes, etc, etc… Así que además de Tim Burgess, tenemos bajos que por si solos llenan un polideportivo entero, ritmos electrizantes de batería, guitarras efectivas y efectistas y teclados que te enganchan y te llevan por donde quieren. El sonido de los teclados, ahora a cargo de Tony Rogers, sigue siendo inconfundible y una de las grandes señas de identidad de la banda.

Después de una hora y veinte aproximadamente, THE CHARLATANS, con mayúsculas como rezaba su telón y como sin duda demostraron con su música sobre las tablas, abandonaban el escenario y me devolvían de nuevo a la tierra, entre los mortales.

Delorean sufrieron el síndrome “post concierto cabeza de cartel” y además pesaba mucho el recuerdo de su conciertazo en el Sonorama. O era yo o eran ellos pero no me engancharon en ningún momento. Es como si no acabasen de arrancar la motocicleta, como si fueran una revolución menos de lo debido. Demasiado lineales, eso ya lo sabía pero… no se que falló. Puede que el cansancio a esa hora ya influyera. El caso es que ese soniquete cuadrado y repetido no acababa de romper. Pensaba bailar de lo lindo y lo que conseguí es pasarme casi toda la actuación esperando que la cosa cambiara, que subiera, que estallara… se quedó en un quiero y no puedo.
Quizás vea muchas veces a los mismos grupos, quizás tanto rollo post-punk, dance-rock o como quieran etiquetarlo ya chirrié un poco… aunque también puede que simplemente, no tuvieran la noche.


Rinôçérôse cierra su gira en el Ebrovisión

El sábado 22 nos asomamos a ver de que iba la paella solidaria pero también había actuaciones en la plaza y necesitábamos descansar de tanto grupo. Lo cambiamos por música celestial. La que salía de la cocina de La Colina. No hay nada mejor que llenar bien el estómago para comenzar una larga jornada de conciertos.

Tachenko pueden gustar más o menos pero creo que pegan mucho más en el Ebrovision que muchos otros grupos que han pasado por Miranda. Supongo que pueden llegar a resultar demasiado blandos, incluso a mi, que muchas veces me han tildado injustamente de gafapasta, se me hacen demasiado pasteleros (quizás la comparación con Teenage Fanclub no les haga ningún favor, aunque recuerden a los escoceses). Con esa idea iba y después de su set, tengo que decir que en directo ganan puntos y que me pareció una manera sencilla y agradable de ir abriendo boca para lo que faltaba por llegar.

Tachenko tocaron como trabajan en las cocinas de algún restaurante. Todo a la vista del comensal. Podíamos ver el resultado final pero antes nos habían enseñado todo el proceso minuciosamente, con mimo, con esmero y de manera tranquila para que no perdiésemos detalles de esos juegos de voces tan bien trabajados (en Arconada casi “a capella”). Se veía perfectamente el trabajo de cada músico, cual era el puesto y ocupación de cada uno en esa cocina, quien era el jefe de cada “partida”, y como al final, degustábamos un menú ligero y muy equilibrado. El golf, Entrada de artistas, El tiempo en los Urales o Amable son un claro ejemplo de canciones fáciles, frescas y que funcionan.

Llegamos a Farrah. Lo de estos señores fue punto y aparte. Teniendo en cuenta que era uno de los grupos que pedí en el foro hace unos meses, la sorpresa de saber que tocarían fue bastante agradable. Me imaginaba que iban a estar bien, pero fue superior, sin duda la sorpresa del festival. Los debíamos conocer cuatro gatos y se quedaron con todo el mundo, la gente salió encantada.
Definitivamente recuperamos el espíritu primigenio del festival. Pop melódico, energético, optimista, canciones para sentirse vivo.

Farrah abrieron el “Gran Manual de la Música” por el capítulo “Como lograr hacer unos coros perfectos”. Dieron un repaso de arriba abajo al citado apartado y se quedaron más anchos que largos. Jez Ashurst estaba encantado, intentó comunicarse con nosotros en castellano y no se cansó de repetir lo contentos que estaban y que compráramos sus cds a la finalización.
Cómo describir en unas líneas las sensaciones que produce escuchar en directo temas como Dumb dumb ditty, Awkward situation o No reason why. Cómo explicar en un papel Fear of flying (uno de los momentos más emocionantes de esta edición). Voces que se mecen en los columpios de la armonía. El canto de sirena de la bajista, Michelle Margherita, arrullándonos a todos. Nos fueron subiendo poco a poco por las escaleras a un cohete que partió en viaje relámpago a un cielo donde los ángeles tenían todos la imagen de Michelle. Las palabras en su boca cobraban otra dimensión. Mi reino por escuchar esa voz otra vez.
Un regalo para los amantes del buen powerpop, un grupo al que me imagino siempre tocando debajo de un luminoso y espectacular arco iris. Para años venideros yo quiero un cartel con más grupos como este.

Con Athom Rumba me pasó un poco como con Delorean, después de Farrah y después de su espectacular set del Sonorama, me quedé frió. Empezando por los problemas en el sonido de una de las guitarras y continuando por un cambio de tercio tan brutal, que no se si estaba preparado.
Me pareció bastante discontinuo, había muchos toboganes. Esta vez no me impresionaron, ni siquiera los esfuerzos de agradar del teclista Iñigo “Cabezafuego”. Hay que reconocer que es una propuesta arriesgada, inclasificable y bastante visceral. Música que funciona a empujones, que de repente se descabalga, canciones que no tienen principio ni final. Saxos calientes, ritmos desconcertantes, coctelera de sonidos pero al final, desconcierto.

Rinôçérôse eran el plato fuerte del sábado y como tal se comportaron. Protagonizaron el mayor espectáculo visual de todas las ediciones del festival mirandés y justificaron con su actuación el cambio de recinto.
Los franceses, viejos conocidos ya en nuestras fronteras, son un seguro de vida si quieres garantizar una actuación explosiva. Su puesta en escena ya destaca desde el minuto uno. Todos los músicos de blanco inmaculado menos la bajista Patrice “Patou” Carrie que andaba embutida en un traje de cuero negro con generoso escote de esos tipo “busco a un hombre llamado Jack’s”.

Luego vino todo lo demás. Música Dance, Ambient, House, Techno…sonidos hipnóticos, elegantes, vaporosos y totalmente desatados cuando se mezclan con el rock. Las percusiones y los teclados son el perfecto colchón, un bajo marcado hace que pongas el piloto automático y te muevas como un robot, el sonido de guitarras es de otro planeta. Cada vez que entran un resorte salta. Samplers y ruiditos varios para acompañar canciones como Le Rock Summer, Music Kills me o Stop it que con el aderezo de las diapositivas, flashes, cañones de luz, fogonazos intermitentes y el típico humo de los conciertos, convertían el Multifuncional de Bayas en una discoteca tan demoledora, tan caliente, tan sexual, que lo de Robocop Kraus del día anterior quedaba en un juego de niños.

Si además tenemos a Mark Gardener (Ride) en plan Prince en My Demons, y al “pelocho”Jessie Chaton (Fancy) haciendo la loca en temas como Cubicle o Bitch, imprimiendo la vena más rockera con sus falsetes, acercando a los Zeppelin o ADCD al mundo electrónico… pues no se puede pedir más.
Funky Funky Music fue el acabose, un trallazo indescriptible si no se está en esa marea de cuerpos sudorosos saltando brazos arriba. En las pantallas un recorrido de imágenes de históricos del rock (Bowie, Link Wray, Stones… etc) me pusieron ciertamente nostálgico.
Para el bis Jean Philippe Freu, guitarra flamenca en mano, se declara admirador de Tomatito y Paco de Lucía y comienza con 323 secondes de musique répétitive avec guitare espagnole el camino de la despedida.

Mi cuerpo ya había desconectado, estaba bastante cansado. Han sido muchos festivales este verano y al final voy con el gancho. Olimpic me sonaba a lo que suenan ahora todos los grupos, pero es que además en el festival ya había tenido más de esto. Mi curiosidad por ver su trabajo me hizo intentarlo. Sabía que Javi Letamendia (Standard) les había producido el primer e.p. Lo había escuchado, no estaba mal pero a esa altura del partido y con mi alma volando en un viaje astral hacia la cama de la pensión, los ritmos me resultaron manidos y la voz molesta. Puede que la vaca se esté quedando sin leche tanto tirar de la teta. También es verdad que la sombra de Standard es demasido larga (y eso que acaban de empezar ).

Espero que el año que viene Olimpic no inauguren el Ebrovisión. No es por nada especial, pero creo que hace falta sangre nueva. Habría que dar oportunidades a grupos que no hayan tocado nunca aquí, encajen en el concepto del festival y tengan una trayectoria que justifique su inclusión. Creo que Niños Mutantes, Love Of Lesbian, Maga, The Nash, Amigos Imaginarios, Teenage Fanclub, Nada Surf, Josh Rouse, o The City Lights por poner algún ejemplo, cumplirían esos requisitos perfectamente. Habrá que esperar al año que viene, pero confío plenamente en el criterio musical de esta gente.
¡Salud y hasta la próxima!

4 Respuestas para “Paso al frente. (Crónica del Ebrovision 2007)”
  1. Tam dice:

    Vaya crónica, pura poesía.

  2. Stoner dice:

    demasiado larga, pero es que me pico y es un problema que no se solucionar.

    Gracias

  3. Stoner dice:

    Lo mejor son las fotos, je, je

  4.  
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