Hace unos pocos días cerraba Discos Flash, todo un clásico entre las tiendas de música de Santander. Al menos yo he sentido una cierta lástima, aunque sólo sea por recordar cuántos discos vitales en mi adolescencia compré allí (los primeros cds que tuve de Tricky, Sonic Youth, Björk, Albert Pla, Elvis Costello…) y las tardes perdidas ojeando las portadas viejas en la serie media. El asunto es que Flash ha cerrado apenas un par de meses después de que lo hiciera la tienda que Drope tenía en la calle Vargas, lo que viene a significar poco menos que el fin de esa cadena como tienda de música.

Para qué vamos a engañarnos, lo de estos dos comercios ha sido la crónica de una muerte anunciada. Desde hacía años al entrar en ellas se sentía la desidia de unos encargados que no acertaban a dar con alternativas con las que sacar sus comercios a flote. Pero bueno, lo de la desaparición de las tiendas de discos al estilo tradicional tampoco debería pillarnos por sorpresa. El agotamiento de ese modelo comercial es evidente. Los negocios son los negocios y la marcha del mercado es implacable; con la hegemonía de los nuevos formatos de audio, la tendencia global apunta a la desaparición de este tipo de locales. El rapiñe por Internet y la crisis económica lo único que han hecho ha sido acelerar un proceso que ya era imparable.
Nos vamos acostumbrando a que los únicos establecimientos que continúan vendiendo música son las grandes superficies (Carrefour o Corte ingles), las grandes cadenas (para los de Santander Gong o Tipo) o los pequeños comercios muy especializados (Boikot o Harmonia Mundi, que a la sazón también pertenece a una gran cadena). E incluso el futuro de estos también se muestra incierto…

De todas formas, esto forma parte de la transformación que se vive en los centros de distribución de la industria cultural. Ya hemos visto cómo casi todos los viejos cines han desaparecido, y me consta que el gremio de los libreros anda poniendo sus barbas a remojar ante lo que ven que se les avecina.

Sea como sea, los aficionados pueden estar tranquilos porque ni la música, ni el cine ni los libros van a desaparecer; tan sólo tendremos que acostumbrarnos a ir a buscarlo de otra manera, por Internet o en la frialdad de los grandes centros comerciales. Y posiblemente tendremos más fácil el acceso a cosas que antes teníamos por inencontrables. Pero, ¿y lo bien que lo pasábamos cuando perdíamos las tardes de tienda en tienda mirando las portadas de los discos ? ¿dónde quedará la calidez humana de aquellos comercios tradicionales, que además de mero centro de intercambio de mercancías servían de punto de encuentro físico para consumidores de cultura? Y lo que más me inquieta de todo… ¿por qué me ha dado por soltar reflexiones del abuelo cebolleta?

8 Respuestas para “La agonía de las tiendas de discos.”
  1. chema dice:

    Lo de Discos Flash era crónica de una muerte anunciada.
    Aún recuerdo los primeros discos que me compré allí; algunos fui expresamente a comprarlos (ahora recuerdo el Ten de Pearl Jam o el Debut de Björk), pero muchos otros me los recomendaron ellos (por ejemplo el primero de Rage Against the Machine)…
    Cierto es que con los años, el trato al cliente fue devaluándose, y que gracias a internet, investigar y descubrir nuevos grupos se hizo mucho más sencillo. Cuatro horas en una tienda escuchando música, es cansadísimo, tanto para el que lo hace como para el de la tienda, que no ve muy claro si vas a comprar algo o te vas a pasar allí la tarde…
    Pero para una ciudad como Santander, que como bien dices ya no tiene ni cines en el centro (salvo los Groucho y los Ángeles), perder las tiendas de música es otro golpe en la oferta cultural de la ciudad.

    Echaré de menos esos discos con su bolsita de plástico protector de Discos Flash.

  2. Phunk Phenomena dice:

    Yo también compré en Flash algunos discos vitales. Igual que Chema recuerdo perfectamente el día que adquirí ‘Ten’ de Pearl Jam. Fui cliente asiduo en los años 90.

    Las tiendas de discos al uso no tienen futuro ni sentido salvo que consigan encontrar un nicho muy específico : Bien especializarse en un género muy particular, funcionar como ‘delegaciones’ de sellos y discográficas específicas u ofrecer formatos clásicos para coleccionistas o nostágicos (p.e. mientras el cedé lleva años en franca decadencia el vinilo -casi enterrado por el cedé- está creciendo), centrarse en la compraventa de segunda mano, etc.

    En cualquier otro caso encontrar sentido actual a tienda de discos es muy difícil. Es casi imposible que creen valor añadido para el consumidor. Las recomendaciones se obtienen por otras vías, las escuchas las haces por spotify (antaño había tiendas muy buenas que permitían estar escuchando música horas y hora) el propio formato del cedé ya no gusta.

    Podemos añorarlas desde la nostalgia del tiempo pasado, pero esto es algo similar a cuando mi abuela echaba de menos el gramófono. Como objeto de curiosidad histórica o de reliquia puede tener valor pero nada más : ¿cuántos de nosotros, aficionados a la música, seguíamos acudiendo a Flash o tiendas similares?

    Un negocio sin futuro y sin sentido.

  3. Mifune dice:

    bueno, yo a Flash últimamente sólo entraba para pillar entradas de conciertos y poco más porque estaba ya un poco impracticable para otras cosas, pero todavía me suele pasar un par de veces al mes por tipo y por boikot. Enredando entre las series medias y tal uno todavía se encuentra con joyazas a buen precio, y, sobre todo en boikot, a veces raras de encontrar a la primera por internet. Pero bueno, también es porque doy más uso a los cds que la mayoría del público.

    Pero no quita para que sí que eche un poco demenos lo de comentar discos con el tendero. Bueno, si está Luis Avín atendiendo a veces todavía se puede hacer.

  4. Mifune dice:

    por cierot, no me acordaba, conservo por aquí alguan de esa bolsitas de Flash. Eran muy cucas, aunque ahora que lo pienso no las veo especialmente útiles 🙁

  5. Patrullero dice:

    Yo cada vez qeu voy a santander de vacaciones me hago ronda de disqueras y muchas veces me siento como una ong. En flash hacia años que no compraba proqeu estaba cara, mal organizada y salvo cosas puntuales, casi lo mas interesante estaba en el escaparate.

    Las tiendas de discos acaban siendo un foro interesante, y el poder hablar con el dependiente agusto, pedir consejo, recomendaciones y todo eso, no tiene precio.

  6. Domingo dice:

    Pues vaya noticias… (que además yo leo con retraso). Este verano me pasé por Santander y me puse a buscar vinilos. Pillé algunos cholletes en Drope primero en la pequeñita del Paseo y luego en la calle Vargas un par más. Y sólo unas horas antes compré unos vinilos de Jazz en Flash, no los tenían caros aunque eran ya restos que mostraban en el escaparate.

    Habláis de las bolsas y ya ni tenían que me envolvió los discos en papel para que no se mojasen.

    He encontrado esta entrada porque estaba buscando alguna tienda más y resulta que las que conocia las han cerrado. Vaya putada. Quería darme una vuelta este puente que pasaré en Comillas.

    ¿Podéis actualizar los nombres y direcciones de las tiendas que hay actualmente? Porque habláis de Gong y la última vez que estuve ya no encontré la tienda que había junto al Eroski. Algún sitio donde comprar vinilos? También valen los que tratan con material usado. Alguien me comentó de un mercadillo los domingos. Apreciaría cualquier información.

  7. mariajo dice:

    y qué fue de victor su dueño?

  8. Uli Bösking dice:

    ¡Qué pena! – En los principios de los noventa allí compré un monton de discos de rock alternativo español. La chica que trabajó en Flash entonces por las mañanas a veces tenía tiempo y me enseño materiales extraordinarias. Me señaló el tocadiscos y los auriculares y a la hora del vermú salí con un paquete pesao en manos y el bolsillo lijero. En calle Carmen, especialmente en el “Comité” siempre había un monton de carteles avisando conciertos de grupos en los pueblos alrededor y Juanma y Victor me dijeron adonde irme por las tardes. Volviendo me enseñaron discos (vinilo !!!) de los grupos y las letras de las canciones que entonces durante los conciertos no entendí.

    Saludos de Bremen, Alemania
    Uli

  9.  
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