A los 89 años, en su retiro en las Islas Feroe, ha fallecido el director sueco Ingmar Bergman, todo un icono de la cultura mundial de la segunda mitad del siglo XX. Artista multidisciplinar, siempre será recordado por su obra cinematográfica, aunque su producción televisiva y teatral también fue importante.

La obra de Bergman es casi inabarcable. Seis décadas de trabajo, alrededor de sesenta películas (la última, Saraband, se estrenó en España en el año 2005). Supongo que pocos habrán contemplado su obra completa; los que lo han hecho, dicen que es difícil encontrar material prescindible. Los que nos hemos acercado a él, nos hemos encontrado con un cine nada sencillo, que a menudo exige al espectador un importante esfuerzo tanto mental como emocional. Películas complejas, que ofrecen múltiples lecturas. Su obra auna una creatividad explosiva con una extrema sensibilidad, desde la que nos ofrece un discurso radical, una imagen asfixiante de la existencia, intentando llegar al fondo de los grandes problemas del ser humano: las relaciones amorosas, la amistad, la religión, la vida, la muerte…
Bergman fue también un extraordinario director de actores. Su obra estará siempre ligada a los rostros de sus fetiches: Max Von Sydow, Liv Ullman, Bibi Andersson…

Ha muerto un gigante. Alguien que trató de iluminar ese abismo que es el alma humana. Sin él, las tinieblas serán aún más oscuras. Descanse en paz.

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