Fotos cedidas por www.denaflows.com

Diez años ya de festival, quitando la primera edición, he estado en todas. Es decir… me he visto los nueve celebrados en Mendizabala. El Festival comenzó en sala, sólo unos pocos pudieron disfrutar su puesta en marcha. Digamos que para la mayoría empezó a contar desde el segundo año, ya en un recinto abierto y amplio. Asustado sigo con todo lo que ha pasado ante mis ojos esta década… historia viva de la música, como una enciclopedia que devora sus páginas año tras año, repasando sonidos y estilos que orbitan alrededor del planeta rock & roll. Últimamente hay mucho debate con eso, sobre lo que pega o no pega, o la anchura estilística que debe de tener este evento. Yo sólo quiero una cosa, que el Azkena siga siendo el Azkena… si se traen ciertos grupos va a pasar a ser cualquier festival. Y esto lo digo independientemente de que estas bandas me gusten. No es esa la cuestión.
El jueves 23 de junio, tras dejar las cosas en el hotel (qué tiempos aquellos sufriendo en el camping aledaño)… buscamos un sitio tranquilo para comer. El plato combinado del Café Creta fue una opción inesperada y certera. La espera en la entrada del festival se hizo interminable, la pulsera y horarios más rápido que nunca, pero luego, esa media hora hasta abrir las puertas fue larga de verdad, el sol pegaba con sudor mis pantalones a mis cachas y las ganas de estar otra vez dentro, al otro lado… generaban algo de ansiedad. Aún así, lo tomé con calma.

Acordes y desacuerdos (23-06-11)

Bizardunak fueron vendidos como los Pogues vascos, no se… yo no me imagino a Luétiga en el Santander Amstel Music. La fiesta la llevaban ellos, yo acababa de empezar. Eso sí, los comentarios chorras eran muy divertidos. “Nosotros nunca llevaremos tanga rosa como alguno de los heavys que hemos visto aquí dentro” fue una de las perlas. En el entretiempo compruebo que el escenario grande, que yo esperaba espectacular por esto del décimo aniversario, está bien, pero no tiene nada diferente o exclusivo. Es más, le faltan los pendones con el nombre de Solomon Burke o el horario de las actuaciones… raro. Con Eels el cambio fue radical… unos cuantos músicos también encima de las tablas pero el batiburrillo se cambiaba por orden y armonía. El final de Novacaine for the soul con la flauta travesera apagando la canción, un ejemplo claro. Además se rockerizaron lo que requería la ocasión, de manera que disfrutaron hasta los más escépticos, amén de los pasajes más soul/funky, que fueron los que más me gustaron.

Black Country Communion ya sí era una propuesta realmente adecuada para el público más rockero. Aquí no hay trampa ni cartón, sabores clásicos de los 70 ejecutados perfectamente por una banda realmente solvente. Bonamassa no me pareció tan chapa como decían, Jason Bonham cumplía de sobra en la batería y Glenn Hughes es un Sheriff. Cantando, (increíble como se mantiene), tocando el bajo, y dirigiendo el tema del show y la puesta en escena. Impecable el señor. Man in the middle me puso como una moto, el aroma zeppeliano es incuestionable, yo encantado. Esperaba alguna versión de la banda pero con tan poco tiempo sólo dio para el Burn de Deep Purple.

Llegaba la hora de los Cult, por increíble que parezca, han tardado diez años en pasar por aquí. Un festival que les queda como un guante, The Cult nació para tocar en el Azkena, el otro día por fin lo hicieron. No entiendo que empezaran con luz de día, me parece que un grupo como este merece mejor horario. Sonaron como un cañón. Una máquina trituradora, una apisonadora sin piedad. Fueron capaces de sacar uno de los mejores sonidos al escenario grande y el cancionero que dejaron tras sí, pesa mucho… La base rítmica de John Tempesta a la batería y Chris Wyse al bajo, demoledora. Putos metrónomos, cuadrados, sin fisuras, Billy Duffy es un portento de riffs salvajes como la entrada de Wildflower o Lil’ devil y también sabe aplicar a sus guitarrazos ecos de otras épocas, más oscuras, y que en canciones como Rain o She sells sanctuary son pura gloria. Yo diría, incluso, que son canciones purificadoras. Sobre la parte que le toca a Ian Astbury, hay como en la película de Woddy Allen, “Acordes y desacuerdos”. Desde donde yo estaba y sin padecer ningún trastorno auditivo, la voz sonó bien. En alguna parte podría perder fuelle, pero nada grave ni distinto a lo que me esperaba. Hay gente de mi opinión y otros muchos que dicen que no cantó una mierda, que no le perdonan los pantunflos turcos que llevaba y que le acusan de exceso de tonelaje. Ian estaba con ganas pero también se dedicó a hacer muchas tonterías. Patear el monitor de sus pies al foso, saludar constantemente a los meones de la valla lateral, referir a Heroes del Silencio, Bon Jovi, cantar el “Campeones, campeones”… No se si todo esto es bueno o malo pero creo que no podemos hablar de un concierto que dejara a nadie indiferente. Haciendo media podría salir un siete de nota. Podría haber sido mejor, de noche seguro, y también peor. Para mí el jueves ya acabó. Me quedé sin mediocampo, como los equipos que se parten a la mitad.

Rob Zombie y todos sus monstruos no despertaron mi interés a tanta distancia. (las cifras oficiales hablan de 18.000 personas). Ni siquiera el More human than human me rescató. Esto queda ya fuera de mis coordenadas y me arriesgaría a decir que incluso de las que debería seguir la organización. Ozzy Osbourne no fue mucho mejor, a la lejanía, se unía el frió y mi poco interés por el artista. El carcamal salió dando saltitos y parecía que ponía ganas. No puedo decir que me molestara… mi solidaridad con las primeras filas chorreadas con buen manguerazo de agua. Creo que aguanté más o menos hasta los interminables solos de guitarra y batería de Rat salad. El Heavy es así. También había que descubrir nuevos espacios, este año, aparte del tema de las bodas estilo Las Vegas, estaba lo del Casino Flamingo que no era más que una carpa emulando a un casino, eso sí, no daban Kalimotxo. Bueno, pues para ser el cabeza de esta edición, no parece que haya suscitado muchas opiniones favorables, algo que ya me imaginaba. Con Kyuss Live ya estaba yo bastante de vuelta, entrar en esa maraña de gente era complicado y tampoco me apetecía. Sonido machacón, circular, asfixiante. Si me pilla dentro lo mismo hasta lo disfruto, no en vano la mayoría de la gente habla del concierto del festival. Yo hacía unas horas que había desconectado, acabó el concierto sin ninguna aparición de Josh Home, (alguno lo esperaba) y no quise ni quedarme a los Djs. No recordaba pasar ese frío en Vitoria.

Blue Rodeo y Atom Rhumba hacen saltar la banca. (24-06-11)

El viernes 24 preferí estar en posición horizontal, aún sin dormir, que alternar por la mañana como otros años. Dejé incluso la resurrección de Elvis. Salimos justos para la hora de comer, y comimos justos para llegar a los primeros, los vizcainos The Riff Truckers… me notaba fresco como una lechuga, el plan iba según lo trazado. Además, hoy sí, la banda encargada de abrir parecía algo realmente serio… lo dieron todo, está claro que tener media hora provoca que las actuaciones sean más comprimidas, explosivas y directas. El rock-blues y el sonido sureño, en algún momento bastante rudo, si que consiguió arrancar aplausos sinceros y gritos de ánimo para la banda. El cantante maltrató su voz, se puso al límite, hizo todo un derroche… buena banda, en una sala tienen que ser tremendos. Al final del concierto las primeras filas pudieron beber a morro algún chorro de Whisky… también mi solidaridad para ellos. Nos dirigimos hacia la carpa Ben Keith, esta sí, bien equipada con el nombre correspondiente, horarios y demás…

Desde Ontario, Blue Rodeo, un grupo con 25 años de trayectoria que hicieron el concierto más bonito que he visto yo en esta edición y de los más bonitos que recuerdo. Ya llevaba ganas de ellos, pero fue mucho más de lo que esperaba, a pesar de la hora y el poco tiempo… fue estratosférico, de otro planeta. Qué manera de colocar las voces, como sonaba todo, cada elemento tenía su espacio, piano, pedal steel, guitarras, la mandolina… la conjunción perfecta, cada instrumento respiraba de maravilla, no había apelotonamientos ni guitarras acaparadoras… el sonido fluía en una especie de armonía perfecta, a veces incluso tres voces a la vez. Ví a gente con el vello de punta, escuché el silencio, el respeto, percibí las caras de espasmo. Cuando ves a un grupo así, tan sobrado piensas… “parece fácil”. A su lado otras bandas parecen principiantes. Es otro nivel. Jim Cuddy y Greg Keelor llevaban el peso principal de la banda pero por allí no paraba de entrar y salir músicos. Pocas veces he escuchado algo tan bien ejecutado, Folk-rock americano de auténtica pata negra. El viaje que me pegó el Trust Yourself y ese crescendo con las guitarras en pleno duelo, me lo llevo a la eternidad… por no hablar del Lost Together… madre mía, estos mozos no tienen nada que envidiar a los Jayhawks. Mientras escuchaba esa salvajada no pude evitar acordarme de la serie Lost. ¿Estamos en la tierra, en la isla o en el limbo? ¿Esto es el Azkena o chocamos de camino y son unos ángeles abriendo las puertas del cielo con su canto? Una canción así vale un festival entero, siete minutos en otro plano, en otra dimensión, con los pies que no tocan el suelo. Vale por todo un set de Rob Zombies y demás trapecistas y artistas circenses en general. Música sin fuegos ni maquillajes pero llena de alma y belleza natural. Saltó la banca.

Reverend Horton Heat fue un despropósito de sonido en el escenario grande, yo los hubiera intercambiado con los anteriores… El reverendo en un sitio más cerrado. Realmente no puedo decir nada, salvo que todo el mundo a mi alrededor perdió el interés por la actuación a medida que pasaban los minutos y no se arreglaba, aquello se convirtió en un fondo sonoro molesto de conversaciones atrasadas con gente que ves cada mucho, o simplemente, la repetición de las mejores jugadas de Blue Rodeo.

Atom Rhumba echó la carpa abajo en horario de 19:30. Creo que es la primera vez que la organización coloca a un grupo vasco a esa hora. Es decir, media tarde, grupo de más o menos enjundia. Los bilbaínos demostraron la justicia de esa decisión cascándose un concierto impresionante. Yo diría que incluso podría ser el mejor del viernes y todo. Se pasaron por la piedra la actuación JSBX de hace unos años y fueron mucho más allá de lo que me hubiera imaginado. Les había visto un par de veces por lo menos, sabía que podía estar bien, pero fue sencillamente brutal. Primera vez que les veo con la nueva formación y me ha resultado mejor que antaño. Las masas desatadas bailando hasta dislocarse con esos ritmos con olor a club decadente, a mugre, a blues bastardo y funky lleno de grasa… Ver a todo el mundo moviéndose en pleno frenesí, era una estampa clarificadora. El bajo lo parte, las guitarras lo parten, el saxo lo parte… El clímax total vino cuando subieron a un espectador que parecía el mismo Bobby Farrel (Boney M). Estaba descabalgado, caderazos por aquí, golpes de pelvis por allá, carreras por el escenario… pensé que le iba a dar un colapso. Qué manera de sentir, recibir y devolver. Su cuerpo hablaba por él. Funky Town nos dejaba totalmente calientes para los siguientes.

Cheap Trick empezaban a las 20:40 en el escenario grande, al igual que con The Cult, creo que les adelantaron el horario por lo menos una hora y media a lo que se merece un grupo así. Entiendo que es complicado, que hay muchas bandas y que de alguna manera todos acumulan algún mérito, pero no se… The Cult y Cheap Trick, de noche y con un setlist más largo, me parece más apropiado. Nada más empezar con Hello there, ya la canción nos pregunta “Are you ready to rock?”… siempre estamos preparados, y más en Vitoria, llevamos diez años inyectándonos rock por vena durante tres días al año. ¡Somos rockadictos! I want you to want me parece sacada de los bailes de la universidad… California man me recuerda que estoy preparado para todo el rock posible pero no estoy preparado para que se acabe… echo de menos más potencia en el escenario grande, en varios conciertos sonaba algo bajo. Demostraron que los rockeros también tienen corazón con baladas llenas de azucar como Voices o The Flame. Alto grado de horterada pero de un magnetismo irresistible. El ajedrez negro y blanco que dibujan mis zapatillas me hermanaba con Rick Nielsen. Ellos también iban del blanco al negro, de las canciones edulcoradas pasaban a auténticos trallazos powerpoperos como Surrender o Dream Police, seguidos y coreados por todo el bullicio. Eso son himnos y lo demás tonterías. Las pantallas de Led de ambos lados del escenario sí eran mejores que otros años. Se podía ver perfectamente el exceso de Botox o maquillaje en la cara de Robin Zander (no quiero que esto parezca el Sálvame pero es un ejemplo muy gráfico de lo bien que llegaba la imagen). Cerraron con Godnight y creo que dejaron a todas las “tribus” satisfechas. Con bandas así, no hay divergencias.

Antes de seguir mi hoja de ruta personal husmeé un poco en la Wedding Chapel. Una especia de boda estilo “Las Vegas” con curilla tipo “Albert Pla” en Airbag haciendo preguntas del estilo ¿Prometes dejarle ir a los conciertos sin protestar?, ¿Te comprometes a no torturarle con Bisbaladas en casa? “Lo que el rock ha unido que no lo separe Ramoncín” y paridas de ese tipo…

Tocaba ahora decidir entre bandas. Sí amigos, la primera vez en la historia del ARF que solapan horarios entre grupos. Hay que puntualizar que se ha hecho a modo de prueba y con grupos puntuales, ya a ciertas horas de la noche. Digamos que han intentado abrir la oferta sin enfrentar nunca a bandas de estilos similares, si bien, para los que devoramos todo lo posible, no nos vale mucho. El primer día no tuve tanto problema, las siguientes horas transité más bien por el escenario “Monster” con grupos menos conocidos pero más cerca de lo que yo quería a esa hora. Me olvidaba de Bad Brains y quedaba a merced de Dirty York, unos australianos primos-hermanos de los Black Crowes. La música no era ningún descubrimiento, pero los discos me habían gustado mucho y en directo la montaron gorda. Sonido de slides, armónica y la banda como una locomotora en el escenario pequeño que responde de primera. Pues me gustaron más que los Cuervos Negros en su visita a Vitoria. Lo digo totalmente en serio.

Primus eran una incógnita, la despejé rápidamente, en resumen: SOPOR. Sí, ya se que son muy buenos, que tocan que te cagas y que son unos marcianos. Pues para ellos, les dejo con su ejercicio de autocomplacencia. Yo creo que todo eso está muy bien, pero en directo la música tiene que traspasar el foso y con grupos así, a mí no me suele llegar. Vuelvo al escenario pequeño que Rival Sons son un grupo más orgánico. Una propuesta no muy diferente a la banda anterior, rock setentero, cargado de blues, psicodelia, soul… Cada vez me alegro más de tener la alternativa a los “palilleros musicales” de Primus. El problema vendría el último día.

QOTSA parece que ganaron su segunda visita con la votación a mejor concierto de las nueve ediciones anteriores. Bueno, hubiera preferido que trajeran al ganador del “grupo que más ganas tienes de ver”. Salieron los Who pero no pudo ser. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas y esta actuación apenas ha despertado comentarios, más bien indiferencia. A mí no me pilló igual que el otro año, atrás o de lado, y con el cuerpo bien fundido. Ví lo esperado, un sonido granítico, unos músicos que cumplen perfectamente en su papel, Joy Castillo a la batería y Josh Homme maltratan directamente sus instrumentos… Mucho plomo pero me pareció un directo algo frío. No se si remontaron o no, poco después de Make it wit chu cogí camino del hotel. Creo que me perdí medio concierto. Una de las quejas es que fue muy corto para ser el cabezón del viernes. This Drama coincidían con Clutch que debieron dar uno de los bolos del festival por lo que comenta la mayoría, con un sonido espectacular. Único concierto que me pierdo, solapamientos aparte y ha debido estar entre lo mejor. Mala suerte. El cuerpo dice “Basta” y hay que parar en algún momento. No está mal para un mozo cuyas canas han ido creciendo paralelas al festival. Una década de un plumazo, diez años más feliz. He aguantado todos los conciertos menos uno. Lo mismo soy diez años más joven.
A la salida un grupito cenaba con el maletero del coche abierto. Sonaba el Lil’ devil, les pregunto qué les pareció la actuación de los Cult, contestan divagando y de mala gana, insisto, siguen sin mojarse, les llamo gallegos y abandono pensando que lo mismo no saben ni qué música están escuchando en el coche…

¿El día más completo de la historia del Azkena? (25-06-11)

El sábado era mi día favorito, al final se confirmó lo esperado. Sin desperdicio de arriba abajo. Tuve que levantarme con gran pereza para visitar la plaza de la Virgen Blanca. Tocaba James Hunter y eso había que verlo, aunque fuera de manera intermitente. El calor era infernal, Lorenzo apretaba y creo que no debíamos estar muy lejos de los 40º. Así pues un rato delante y otro refugiado a la sombra. A esa hora un poquito de soul fino y elegante venía estupendo, pero había que ser precavidos. Las cervezas mañaneras hicieron algo de efecto y preferimos un poco de hotel a comer rodeados de contaminación acústica. Así pues mi comida fue un bocadillo en Mendizabala, mientras Juke Box Racket desplegaban su Rockabilly de salón para unos pocos valientes. Sonaba muy bien todo, limpio y en su sitio. Tuvieron que lidiar con la peor hora y temperatura de todo el evento, y lo hicieron con dignidad.

New Bomb Turks eran los primeros en la carpa. Lo mismo era muy temprano para una propuesta tan agresiva pero a mí me vino de miedo. Me sirvió para despertar definitivamente. Aquí se imponía la máxima de tocar “rápido, alto y sucio”. Los chicos se lo curraron, en especial el cantante, Eric Davidson. Arengó y arengó al público, no paró quieto ni un solo momento, micro en mano toda la actuación. Corría a un lado y otro, alrededor de un círculo imaginario, trepaba como los monos, se estrangulaba con el cable, plantaba los morros delante de la cámara, hablaba con los operarios, estaba frenético, incontrolable. Incluso se golpeaba la cabeza a mano abierta, parecía el “Leo Bassi” de los cantantes. Toda una batería de cartuchos directos y efectivos. Canciones de tres minutos para cabecear y disfrutar sin comerse mucho el coco. Ya podían ser así todos los grupos de punk.

Avett Brothers fue la sorpresa del festival, así lo he pulsado después y más o menos eso se percibía mientras tocaban. Es muy curioso comprobar como hay bandas que ponen a todo el mundo de acuerdo, más allá de si sus guitarras crujen o no. Partiendo de una base de country tradicional, la banda sabe buscarse la vida, dar otra vuelta de tuerca para que las canciones suenen personales, auténticas, diferentes entres sí. Y convencen, vaya si lo hacen. Es la diferencia con muchos otros grupos. Ese ente invisible que hace que a unos te los creas y a otros no. Esa magia especial. Estos lo tienen, hacen la música que se les pone de las narices. Y todo esto sin tocar Shame. La propuesta consiste en un banjo, acústica, bajo o contrabajo, de vez en cuando eléctrica, un teclado y un chelo que nunca pisaba suelo, el músico lo tocaba en el aire, parecía bailar con él un vals. Sonido de las montañas, de las campiñas americanas, a veces, destartalado, festivo y despreocupado (Kim, drunk, heart), otras, solemne como una misa (I and love and you). Creo que el secreto está en las voces, en la manera de doblarlas, de combinarlas, de darse réplica, de rematar las canciones, de anestesiarte, dejarte en paz con el mundo y pensar que en esa hora y en ese momento no hay mejor cosa que estar rodeado de gente y a la vez sólo, la música y tú.

Desde Seattle, Band Of Horses siguieron redondeando un sábado que recordaré como uno de los días más completos del festival. Los chicos ya llevan tiempo haciendo ruido, tenemos a Iniesta todo el día en la tele con el fondo musical de la banda, valen igual para un ARF que para un FIB, Primavera Sound … canciones como montañas de grandes. Muy buenas voces, guitarras con tensión y ese timbre personal de Ben Bridwell que recuerda tanto a Perry Farell. Podrían pasar por unos My Morning Jacket menos espaciales, sin olvidarnos de clásicos como Neil Young. Laredo suena a eso… el nuevo folk americano está a salvo. Parece que los astros se habían conjurado, todo salía perfecto. Cuando sonó Older me puse como un flan, me empezó a picar la nariz y noté cierta tensión en la vista… tuve que mandar un sms a mi chica, no podía abrazarla pero mentalmente la tenía a mi lado… traté de taparme con el Katxi, entorne el mismo una vez más, ví el blanco nuclear de la tapa, el rojo de la bebida, los hielos navegando en medio y pensé “Dios, congela este momento”. Pero es que también tocaron No one’s gonna love you… como decía Antonio Vega, “canciones que consiguen que te pueda amar”. Faltó Monsters, el pedal steel estaba preparado pero no lo tocó en todo el set. Tampoco tengo derecho a quejarme. The Funeral fue el momento “comunión”. El final en clave de “soul” con una cara B titulada “Am I A Good Man?” No se puede pedir más.

Gregg Allman ha estado cuarenta años sin pisar España. Se dice pronto. Empieza el concierto, suena bajo, ya había pasado en otros… Pasan las canciones, aquello no parece romper, el aspecto frágil de Gregg, largas jams… mucho brillo pero falta chicha. Eso sí, Scott Sharrard a la guitarra capta verdaderamente mi atención. No puede ser, llevamos ya unos veinte minutos y eso está atascado. Recuerdo cuando ví a George Benson hace un porrón de años en La Coruña y me digo “tenía más marcha”. Estaba seguro que había algo que se me estaba escapando, me alejé de la rampa de los minusválidos, metiéndome en harina y la cosa cambió. Ya cuando Melissa acarició mis orejas, fui encontrando el equilibrio. Midnight rider y se hace la luz, así mejor. Hay mucho más que rock sureño, hay jazz, soul… músicos fuera de toda duda, una leyenda muy grande… el sueño de más de uno hecho realidad. Yo me quedé a medias.

Bright Eyes no contó con la carpa llena. Sinceramente, su último disco es bastante “pop”. Un artista que pese a gustarme, no me pegaba mucho con este trabajo bajo el brazo. Evidentemente, tiene repertorio para azkenizarse pero no lo hizo. Four Winds sonó sin violín, no es lo mismo. Por cierto, la primera y única mujer que tocó en todo el festival, fue la teclista de B.E. El campo de nabos se extiende a lo que hay encima del escenario también. Si extrapolabas el hecho de estar allí escuchando esa música lo podías disfrutar y mucho. La decadencia de Aproximate Sunlight, la vitalidad de Jejune stars o Halie selassie o la hipnótica One for you, one for me, más cercana al adorado Bowie abría el abanico del rock hasta el límite. En el escenario pequeño a esas horas, The Knockouts… yo no tenía dudas.

Brian Setzer’s Rocabilly Riot era una formación que nos traía al bueno de Brian pero sin la orquesta y tampoco con su banda los Stray Cats (supuestamente terminada). Había que conformarse. La primera parte está bien pero no de tirarse de los pelos. Repasos a clásicos, alguna de su etapa con la orquesta, algún instrumental… Allí falta Slim Phantom. Cambian el decorado y sube el nivel, nuevo telón, sale Jim y otro contrabajo. Ver al batería de los Stray Cats tocando de pie es todo un espectáculo. Ahora le dan calor de verdad. Red Hot, Fishnet Stockings, Blast Off, Rumble in Brighton (luego iba Paul Weller)… hubo en un momento tres contrabajos en el escenario, dos baterías… hubiera preferido unos vientos. El escenario era puro color, los instrumentos, los trajes… se convirtió en un “circo” con los músicos haciendo la pirueta más difícil o intentando subirse más alto a su instrumento. El cierre con Rock this town provoca el delirio colectivo. Mis talones surfean sobre Katxis de plástico aplastados, alguno se instala en mi puntera, parezco un árabe. Muevo la cabeza, el pie, la tibia y el peroné, doy alguna patada al aire, estoy en fuego. He visto a Brian Setzer y su Grestch. La toca de mimo.

Por si quedaba alguna duda, Paul Weller cerró bocas. Yo creo que la mayor parte de la tarta del aniversario se la comió este señor. Estuvo inmenso. Adaptó su show al sitio y rockeó de pelotas. Hubo muchos momentos que parecían los Who. La correa de mi bandolera acabó temblando, una moneda hacía de púa. Como siempre Paul y su banda, sobrios y elegantes, sólidos, equilibrados, técnicamente perfectos, pero esta vez, además, directos y a la yugular. Bien arropado por Steve Cradock, el resto de los músicos tampoco son moco de pavo, el teclado sonaba celestial, las voces tenían una calidez y amplitud notables. Era como escuchar un dvd… aquí no hacen falta luces ni fuegos artificiales, estamos bien cubiertos sólo con la música. The Changinman, Wake up the nation o el clásico de los Jam, Start! convirtieron hasta al más incrédulo. El aspecto que presentaba el escenario principal no era el más adecuado pero mucha gente había ido al escenario pequeño a ver a The Whybirds, este solapamiento si que me jodió de verdad. Las guitarras del Modfather también crujen.

Desde el Casino Flamingo seguimos a Arizona Baby. Dos jóvenes a nuestras espaldas duermen sentados, sus cuerpos hacen dos diagonales perfectas, paralelos el uno al otro. Alguna chica mete su cabeza entre ambos y se lleva una foto de recuerdo. No levantan ni con eso. ¿Serán parte del teatro? Los vallisoletanos en la distancia hacen lo esperado. Ya les he visto tres veces aproximadamente y es toda una experiencia comprobar hasta dónde se puede llegar con canciones en el esqueleto, en su estructura más acústica. Aquí todo está a la vista. No hace falta electricidad. Para rematar Lucille de Little Richards.

Thin Lizzy sustituían a Danzig, a mí no me preocupaba muchísimo ninguno de los dos así que dí por buena cualquier cosa. Tampoco pensaba llegar a esa hora y andaba fresco como una lechuga, fresco y contento. Como quiera que yo no soy fan de la banda, no me afecta tanto como a otros la constante regeneración de la misma. Sabiendo que Phil Lynott hace mucho que no está, intenté disfrutar sin entrar en más detalles. Whiskey in the Jar o The Boys are back in town y en general el set entero me sentó la mar de bien. Hubo recuerdos para Phil, Gary Moore y el cierre de esta edición, servido. Desconozco si Danzig hubiera dado una nota más alta.

Como estaba danzón fui a la carpa a echar unos bailes por primera vez en esta edición. Dj Nash y Rock Dj JC consiguieron mantenerme con las pilas puestas a pesar de las altas horas. Una vez en la cama, todos los recuerdos empiezan a materializarse en mi cabeza a modo de breves fogonazos. Las banderas de los Mochilaman como los coches de choque en la multitud, miles de apretones y abrazos con miles de foreros que son el colmo de la amabilidad y el cariño, el perfume de Carolina dejando un rastro por todo el recinto, el recuerdo perenne de Turca, interminables meaditas en los portátiles y en los baños de piedra, miradas cómplices, telepatía musical, discusiones estériles, pulsos musicales que no tienen ganador claro… Chema Rey y su eterna sabiduría… Alfonso Santiago felicitado debidamente, Vitoria y su hospitalidad… voy cerrando el ojo… intento resumir y hacer balance. Me sale positivo como siempre, pero es que… un festival en el que los grupos de la franja de 17:30 a 19:30 son Blue Rodeo, Band Of Horses, Eels, Avett Brothers es un festival con una serie media acojonante. Un evento de rock que tiene la capacidad para juntar en el escenario grande uno detrás de otro a mitos tan variopintos como Gregg Allman, Brian Setzer o Paul Weller es un evento donde la variedad y el gusto están asegurados, y que respeta unas señas de identidad que siempre ha defendido. El rock sí, pero todos los palos. Además este año, no sólo ha habido celebración, también record de asistencia, unas 18.000 personas cada uno de los días. 55.000 en total… casi nada. Si algún día consiguen traernos a Fogery, Young o Petty ya se cae el Molinón. Incluso he visto que la media de edad bajaba un poco. Lo mismo estamos enganchando a las nuevas generaciones. Salimos de Vitoria con las ventanillas abajo y los Cult a tope en el cd. Fue la manera de cerrar el círculo de tres días. Ya pienso en cuando celebren veinte años, y que todos lo veamos.

Fotos: www.denaflows.com
Texto: Santiago V.M.

10 Respuestas para “Diez años de rock en todas sus formas y estados (ARF 2011/décimo aniversario)”
  1. Pedazo de crónica. Enhorabuena y a seguir contando así los festivales del verano. Que pena que no siempre se valore en su justa medida tanto tiempo de trabajo.
    Un saludo

  2. Stoner dice:

    Muchas gracias Juan. Me alegro mucho que te guste.

    Un saludo

  3. San Anselmo dice:

    La verdad, parece que lo escribas aburrido y con ganas de acabar desde el principio, y eso es lo que ofreces en la cronica, aburrimiento…

    suerte en la siguiente, intenta que sea algun concierto de 40 minutos

  4. Stoner dice:

    Gracias San Anselmo.

    Lo intentaré

  5. Fresx dice:

    Voy por la mitad mañana acabo !!!

  6. Robreto dice:

    jaja. La verdad es que muuuuuyy larga, pero al menos es auténtica. San Anselmo tiene parte de razón aunque no creo que aburrimiento sea la palabra… quizá más cansancio. Grande Santi

  7. luis auseron dice:

    ¿El de la portada es Maky teñido de rubio?

  8. Stoner dice:

    no se si al leerla parece que estoy aburrido, pero os puedo asegurar que no me he aburrido en el festival ni un instante, puede que escribiendo sí, eso es más aburrido, sobre todo tanto. Tengo que ser más conciso, no aprendo

  9. Moodycation dice:

    Excelente crónica, digna de un festivalazo que, año a año sigue aportandonos esa dosis de rock tan necesaria.

    Para mi, los mejores fueron Eels, Black Country Communion, Avett Brothers, Primus y, evidentemente, Mr. Setzer. Bueno, no sé si los mejores, pero si los que más me gustaron (especialmente Eels y Avett, que me sorprendieron muy positivamente).

    Un placer leerte y recordar momentos azkeneros. El próximo año más y mejor. Aunque este año aún me queda por ver a B.B King y todo el Low Festival jeje.

    Un saludo

    Moody

  10. Txomin dice:

    Puedo firmar más del 90%. Eso si, yo en lugar de tomar posiciones con Paul Weller preferí disfrutar a saco con con The Whybirds y cuando terminaron vi 50 minutos de Weller que hizo un buen show pero no el setlist que yo hubiese deseado. Además estaba mucho mejor sonorizado ese tercer escenario que los dos principales y todo era más cercano y disfrutable.

    Sólo discrepo con lo de Arizona Baby, cada vez dar más por el saco tanta cháchara, los excesos verbales ocupan más de la mitad de su show y además de repetitivos ya resultan cargantes y cortan la fluidez del show.

    El americana y sus sucedáneos ha sido, con diferencia, lo más brillante del festival.

  11.  
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