Fotos cedidas por www.denaflows.com
Texto: Santiago V. M. (Stoner)

Entrar en Vitoria con el Promised Land de los Dubrovniks sonando en el reproductor del coche no tiene precio. Llevábamos varias horas de viaje, más de una vuelta a los recopilatorios preparados para la ocasión, pero fue atisbar el Hotel Lakua y justo en ese momento saltó esa canción de los australianos. No puede ser el azar, es el destino. La tierra prometida, Vitoria y su Azkena Rock Festival. ¡Cuántas alegrías!, ¡Cuántos recuerdos!, son muchos años ya de PLACER. (Así, con mayúsculas).
Mientras parábamos en miles de semáforos, la voz y el corazón se me salen por la garganta. Una hora después, ya sentado en la terraza del Café Victoria, la felicidad no se puede disimular. Tres días por delante, dos de festival y el primero de aperitivo. Somos insaciables, lo queremos todo.

El viernes ya no tiene tanta gracia haber llegado el jueves, sobre todo al despertar y salir a la calle. Cuesta recuperarse de una noche agitada y larga. Hay sueño, cansancio… resaca de toda la vida. Lo pasamos bien pero… el festival empieza hoy. Tenemos todo por delante.

Del tiempo ya no me puedo quejar a pesar de que la mañana del viernes 19 en la Virgen Blanca hubo un momento de terror. Empezó a llover poco, pero la cosa fue subiendo hasta ser molesto. Apenas habían dado unas lluvias débiles y ni siquiera en todas las webs. Hizo que recordara con pánico las tormentas del año pasado. Afortunadamente fue cosa de 15 minutos y se pudo disfrutar más o menos de swing, blues y rockabilly del francés Nico Duportal. Buena manera de empezar la mañana si no fuese por mis penosas condiciones físicas en ese momento. El resto del fin de semana alguna nube y sol, con temperaturas que no pasaron los 26 grados aprox. De lujo.

Ya por la tarde camino de Mendizabala nos perdimos para llegar. Después de tantos años los dos últimos hemos hecho lo mismo… en lugar de coger un túnel cogemos el anterior y cuando crees que estás cerca te queda un rato. También es verdad que lo que para los vitorianos eran 10 minutos para nosotros eran 20. (O íbamos con el gancho, que también puede ser). En cualquier caso, el Comando Torrija nunca descansa.

Una vez dentro aprecio unas cuantas diferencias respecto a los últimos años. El escenario tres lo han cambiado de orientación, antes el terreno picaba hacia arriba y ahora al revés, mucho mejor. Había dos carpas para las pinchadas con cierta separación para evitar interferencias, una zona de descanso con varias mesas en plan “merendero” y luego en la zona de los escenarios principales la carpa desaparece y se vuelve al “escenario 2” tal como lo teníamos los primeros años. Tenemos un recorte también de espacio, digamos que había menos zona de paso entre los dos escenarios pero se ganaba más ancho en el retomado escenario dos. Los tres tenían una cúpula tipo Auditorium, y el grande era más pequeño de lo habitual.

Respecto a los baños, desaparecen los olorosos “cohetes” y abren unos cuantos módulos justo detrás de los baños “fíjos” de toda la vida. (Sin dejar de funcionar estos). Parece que hay más para todo el mundo, en especial, más para las mujeres. No se si habrá sido suficiente, he leído muchas quejas. A decir verdad yo no me enteré de estos nuevos colocados en la retaguardia hasta las cinco de la mañana del viernes. Es decir, sobre el número no debería haber queja, puede que haya habido un problema de comunicación a la hora de informar debidamente de su existencia. También añadiré que a diferencia de otros años parece que han vuelto a colocar en los pendones laterales de los escenarios, los horarios de cada uno, se ve claro el diseño del año presente, los homenajeados tienen alguna foto representativa… Se respiraba claramente que estábamos en el ARF 2015. El hombre de tupé portando la funda de la guitarra así nos lo indicaba. También había un dj en zona de paso, entre conciertos también podías escuchar música.

Galería completa de Highlights

Los encargados de abrir el festival fueron los vizcaínos The Highlights (Escenario Bobby Keys). Hard rock setentero y clasicorro más o menos sureño o más o menos bluesero. El cuarteto demostró ahí a primera hora que ese escenario 2 podía llegar a sonar muy bien. Ellos fueron los primeros en conseguirlo, en enseñar el camino. No todos lo hicieron de la misma manera. La banda estaba bien engrasada, el trabajo bastante solidario. (Muchas veces quedaban tres voces en línea) y con un sonido muy sólido y bien ejecutado. Quizás demasiado obvios aunque eso no debería ser un problema grave.

Galería completa de MadMartin Trio

De allí nos fuimos al Escenario 3 aunque esta vez partiríamos una hora en dos mitades para ver un poco de dos bandas. Allí en el “Kim Fowley” tocaban los gallegos MadMartin Trio que ganaron su pase al festival a través de un tercer puesto en el concurso de la batalla de bandas. Nada nuevo bajo el sol, banda deudora de los Gene Vincent, Johnny Burnette Trio y demás sonidos de los cincuenta. Les vale con una guitarra, un contrabajo y una batería para organizar una pequeña fiesta… ni más ni menos. En el nombre lo llevan. Me dio tiempo a ver como Martín Esturao se atrevía con el It was a very good year de Frank Sinatra. Poco después fuimos al principal (B.B King). Los solapes se hicieron presentes para mi por primera vez en el festival aunque nunca más volvería a hacer eso de mitad y mitad.

Galería completa de Sven Hammond

Los holandeses Sven Hammond, ya sin el término soul al final de su nombre, no me impresionaron especialmente. Creo que quieren tocar muchos palos y acaban quedándose en ninguno. Agradecería un soul algo más clásico, sin ese barniz tan sofisticado. Que si un poco de funky, que si ahora sueno a Black Keys… de vez en cuando la sombra de Terence Trent D’arby… acaba siendo todo una amalgama de buenas intenciones pero bastante indefinida. Música de ascensores, hilo musical de consulta del dentista. Cosas así, demasiado aseadas. El último disco no ayuda, entiendo porque se han quitado el “soul” de su cola.
Para ser justos diré que al día siguiente en su actuación matutina pusieron la Plaza de la Virgen Blanca patas arriba. Una corriente de gente animada, saltando y palmeando sin descanso, incluso un grupo de unas veinte personas tomó el escenario. Varios bises y la sensación de que la liaron muy gorda. Otro cuento, sin duda. Les veo en el BBK no a muy tardar.

Galería completa de Dubrovniks

Llegó la hora de los Dubrovniks. Ya esto sería un no parar hasta el final. Me imagino a Alfonso Santiago (Last Tour) hace unos meses levantarse caprichoso de la cama y pensar “Quiero ver a los Dubrovniks, me los voy a traer para el Azkena”. Desde el noventa llevaban sin tocar. Estos pequeños placeres son una de las señas de identidad del festival. Aquí nos permitimos estos caprichos.

Entre una marea de sombreros naranjas nos acercamos a la barra. Fireball of love y Audio Sonic Love Affair pasaban por delante de mí sin haber salido de la misma, me estaba poniendo de mala ostia. Muy pocos camareros y con una preparación bastante sospechosa. En el Azkena este tema nunca ha sido un problema, no empecemos a joderla ahora.
As long as I can listen se colaba una vez más en mi cabeza como un pildorazo efervescente. Hasta yo tenía ganas de escuchar a los Ramones a todas horas. Holy town nos da la cara más powerpopera del grupo. (Incluso dos coristas haciendo voces). Aquello marchaba de manera animosa, French revolution al más puro estilo Cult y los primeros “yeahhh” salían de mi garganta. Con Love is on the loose tonight me vino del pensamiento/deseo de ver a Billy Idol en el festival algún año. A ver si puede ser cuando no esté muy ajado. Casi para acabar Like fire. Efectivamente yo ya andaba bastante caliente. Ya me había desempolvado del todo del cansancio del día anterior. La agradable sorpresa de Hernandoe’s Hideway fue seguida de la desilusión de comprobar que eso fue el final. No sonó Promised Land. Se quedaría para título de mi crónica.

Todo muy bien pero el sonido un poco regulero. Me imagino este concierto a las doce de la noche y hubiera sido la mundial. Ahora mismo hago mía As long as I can listen y con un pequeño cambio diría “No me preocupo de las chicas, no quiero ver mundo, no me preocupa si estoy solo si todo el tiempo puedo escuchar a los Dubrovniks”

Galería completa J.D. McPherson

J.D. McPherson pudo haber sido uno de los conciertos del festival. Se quedó en un muy buen concierto pero el sonido lo mató. Hasta la mitad de actuación más o menos excesivamente bajo. Podías hablar con las personas de tu alrededor sin ningún problema. Era irritante ver que tenías que hacer esfuerzo por escuchar bien la voz. ¡Coño!, ¿Se daba cuenta todo el mundo y el de la mesa de sonido no? Hay cosas que nunca comprenderé. Lo curioso es que hubo un momento que Jimmy Sutton cogió el bajo eléctrico y este sonaba bastante alto. (Por cierto, vaya manera de tocar…) El teclado, los vientos, todo muy bien aderezado pero pedía más chicha, más volumen…

A pesar del sonido se veía que encima del escenario había un salto de calidad más. Unos superclases, abrieron el abanico de los 50 y le dieron a todos los palos. Música de blancos y negros perfectamente mezclada. Un sonido retro muy auténtico. La “reverb” de la guitarra en Head over hills es un hormigueo que no me abandona desde hace unos días. (Como el mejor Rexona)
North side gal, Fire bug, Let the good times roll, It shook me up y ese viaje de vuelta a la América profunda de la mano de los Bo Diddley, Eddie Cochran, Little Richard, Jackie Wilson y compañía es algo impagable. Si algún día falta la ración de esto en el menú global del festival, el daño será irreparable. Y pensar que a estos pájaros les he visto en la sala Picos de Liérganes hace no tanto… (80 personas aprox)

Galería completa de White Buffalo

The White Buffalo en el tres fue el “concierto tránsito”. No estaba preparado, ni contaba con algo así pero este año entre que tenías que ir a pedir a la barra más alejada de donde hubiera concierto para no tardar tanto, las meaditas de rigor, y con los ya consabidos solapes, era inevitable no perderte el comienzo o final de algún concierto.
En este caso además, visto el sonido del escenario grande, sacrifiqué también los últimos 10/15 minutos de concierto para coger buen sitio para Television. Pequeñas modificaciones sobre el terreno de una hoja de ruta que tenía bastante clara. Recuerdo que nos cruzamos con Jake Smith el jueves camino de Fallerina, iba con un chaval (supongo que su hijo), lo saludamos de pasada. Ese hombre con pinta de leñador amable respondió con una sonrisa. Él y sus canciones transmiten buen rollo. El camino intermedio entre Johnny Cash y Eddie Vedder. Vino en formación de trío, él con acústica, bajo eléctrico y batería. El de las baquetas estaba muy arriba para mi gusto. Parecía que estaba tocando con una banda de rock. Demasiado contraste, la verdad es que no me pegaba mucho con el resto.
Con mucho dolor de mi corazón y parando un par de veces iniciada la marcha (me resistía a irme) enfilábamos el camino de vuelta al B.B. King. Tuvimos que dejarlo ahí. Ver a Television de mala manera y con mal sonido hubiera sido más dañino aún.

Galería completa de Television

Bien, para Television estábamos dónde queríamos estar. No más allá de décima fila (si no era más cerca) y bien centrados. La banda venía a tocar íntegro su aclamado Marquee Moon, si bien no lo hicieron en el mismo orden. Si empezaron igual que en el disco, con See no evil, el resto se fue cambiando. Elevation y Prove it fueron adelantadas a segunda y tercera canción. Y en ese maravilloso horario de 21:45 horas, empezando de día para acabar de noche, esa música crepuscular nos iba calando hasta los huesos, con unos pellizcos y picotazos varios de la mano de las guitarras de Verlaine y Rip. Con las seis cuerdas dibujando líneas extrañas pero muy sugerentes.

Es un grupo realmente curioso, con un sonido muy particular. En Torn Curtain sólo nos faltaba la aparición del Fantasma de la Ópera detrás de su capa. Música tenebrosa, oscura, muy del Berlín del maestro Lou Reed. Sentía congoja ante los lamentos de esas guitarras. La gente dice que son muy sosos, que no hablan… ¡Por Dios! Su música dice más cosas y es más expresiva que millones de grupos. No hace falta que digan nada, sus instrumentos lo dicen todo. Con Friction ya cogimos un ritmo más bailable y pegajoso. Aquí el trabajo de la sección rítmica es importante. Billy Fica a la batería y Fred Smith al bajo hacen que se me vayan los pies detrás de la música mientras mis hombros inician un balanceo constante. Recordé a mis adorados WAS. ¡Cuánto habrán sacado de aquí! Seguimos con Venus y Guiding light. A Gordon Gano (Violent Femmes) también se le ve bastante el plumero. Para qué engañarnos.

Cuando encararon el definitivo Marquee Moon imaginé a una azafata de vuelo avisando a los pasajeros de la salida “Querido público del Azkena, abróchense los cinturones, el comandante Tom Verlaine está a punto de despegar” Y vaya si despegó. Fue cogiendo altitud poco a poco, sin dejar de resbalar sus dedos por ese mástil que parecía impregnado en mantequilla… sin dejar de subir en cada vuelta, sin dejar de retorcer un poco más mi “patata” que enviaba pulsaciones a dos mil por hora. El viaje fue tan cojonudo que se me hizo cortísimo. Cuando se retiraron tenía la sensación que habían tocado como media hora. Me había metido tanto en la actuación, estaba tan subyugado, tan concentrado en ese pequeño mundo que tenía delante de mí, que no me di cuenta que se habían sorbido el disco entero como si de un katxi de Kalimotxo se tratara.

Galería completa de Black Mountain

Si Television supusieron un vuelo en avión, Black Mountain fue como subirse a una nave y volar al espacio. Una vuelta de tuerca más, otro salto mortal, más difícil, con más piruetas. Los canadienses dieron el concierto del festival. No solo eso, entraron en el selecto grupo de los mejores conciertos que he visto yo a lo largo de la historia de todo el Azkena. El concierto y las canciones había que tomarlas como un “todo”. A pesar de ser de dos discos distintos, y alguna del que está por salir, no hubiéramos notado la diferencia si nos dicen que están interpretando un disco conceptual. Lo mismo no fue un concierto, fue un sueño, una alucinación, un chute de música espacial que me hizo levitar. (Cerrar los ojos y ver).

En Tyrants se podía cabalgar en cada embestida de guitarras para luego quedar flotando, como quién va de puntilla sobre las nubes, con la música acariciando las orejas. Luz y oscuridad, calma y tempestad. Los putos amos del ajedrez sonoro. Wucan me aísla del resto de miles… Solo puedo tocar mi bajo imaginario, mirar al suelo y dejar que los teclados se cuelen por mi cerebro y vayan subiendo como si tuviera una escalera de caracol en la cabeza. (Si, estas cosas que hace años habían conseguido Manta Ray con Cartografíes). Con Set us free siguen meciéndonos… Gotitas de blues, psicodelia, rock progresivo, todo provisto con una personalidad y unos desarrollos realmente interesantes. El sonido “apabullante”, como un cañón. Si, en este concierto alcanzamos la perfección, el 10. No se puede pedir más. Me importa un carajo que no tocaran nada del Wilderness heart.

Druganaut nos vuelve a hacer latir gracias a ese bajo de pulsión funky. Estoy como una moto, pasajes lisérgicos, desiertos y espejismos. La marmita del ácido colmada hasta arriba. Con No hits se derramaría por completo. La música me mantenía como una máquina de respiración artifial. Analgésicos por vena y dejarse llevar. Todo parecía tan real, las sensaciones se multiplicaban. ¡Qué profundidad! Estaba pegándome un viaje brutalísimo sin ninguna ayuda externa. Seguí escuchando a Amber Webber con su figura desmadejada dejando escapar esa voz como un hilo siempre apunto de romper (Me llevaba a Grace Slick cada dos por tres). Me dejaron colgado en un interludio que parecía el final del túnel, ví la luz, de hecho era una luz blanca, cegadora, solo la silueta negra de Amber me agarraba a la tierra, ahora ya eso era puro Dead Can Dance… volvieron aquellos jinetes del Apocalipsis a cabalgar con fuerza y la canción mutó de nuevo en torbellino. Me temblaban las canillas.

Sabía que darían el concierto del festival pero me quedé corto en mis previsiones. Fue mucho mejor de lo que esperaba, incluso yo. Desperté al mundo de nuevo, estaba todo en su sitio, me pellizqué, abracé a los que tenía alrededor y me fui con la sensación de acabar de disfrutar de algo histórico. Mi archivo sonoro tenía un nuevo capítulo de mucho valor. No me hago a la idea de cómo unos muchachos pueden meterse en un local de ensayo, empezar a probar, tocar, crear canciones y que les acabe saliendo esto. No puedo imaginar en qué momento se puede dar esa salto. Es como pasar de pintar habitaciones a hacer la Sagrada Familia. Eso era otra liga, otro deporte. Hay grupos malos, regulares, buenos, muy buenos y luego están estos bestias. Los Pink Floyd de nuestra época.

Galería completa de ZZ TOP

A cuenta de tener que pasar por las barras quedamos de nuevo cortados y tuvimos que seguir a los ZZ TOP donde acababa el público. Por los comentarios que leo ni tan mal porque cerca no debía tener mucho volumen y donde nosotros caímos se escuchaba bastante bien.
Mientras transportamos los Katxis de una de las barras más alejadas ya suena la primera en el escenario B.B. King. Con el Got me under pressure no puedo evitar acordarme de mi mujer. (Una santa por otra parte). La siguiente Waitin’ for the bus y empiezo a castigar mi garganta al estilo Gibbons “Have mercy…” (Al día siguiente mi hija al teléfono me decía “Papa, papa, ¿Por qué no tienes tu voz?”).

La música de los tejanos es muy visual, era imposible escucharles sin ver la Chopper arrancando, el gasolinero con el peto vaquero manchado de grasa, el motel de carretera, los putis con luces de neón, las botellas de licor con pitorro, el barbero pasando la navaja al joven militar, el letrero de “Open” en la puerta de la cafetería, la tarta de cerezas, la Jukebox al fondo, las plantas rodadoras, el tío Tom limpiando la vieja escopeta mientras se balancea en la Rocking Chair, las tostadas quemadas saltando de la tostadora, la criada negra cantando blues de algodoneros mientras tiende la ropa al sol, el borracho expulsado por la puerta de atrás… el cartel de “Bienvenido a…” de hojalata marchita, el vecino pasando la cortacesped, el rey de la bolera, las partidas de Poker… Podría rellenar líneas y líneas.

En el escenario dos pantallas a ambos lados de Frank Beard llenaban las canciones de imágenes pero yo estaba más pendiente a las pantallas de la organización por donde se seguía exactamente a los músicos. Y en aquel cuento que un día esos barbudos muchachos soñaron, su banda ZZ Top nunca dejaría de tocar boggie-rock, llevaría su música por todo el mundo y un buen día después de décadas tocando, acabarían en el ARF. Un festival que nació esencialmente por grupos como ellos. Y ese cuento se hizo realidad. (Ver a ZZ Top en el Azkena es como ver a los Smiths en Manchester)

Esa música borboteaba, siempre a 75º, no más, siempre a punto de romper pero sin llegar a hervir. Hay quién se llevó un chasco. Se imaginaban otra cosa más espectacular. Esto siempre ha sido así, no deja de ser blues-rock aunque hayan conseguido llevarla a un público mayoritario. Gimme all your lovin’, ¿Habrá alguien en el planeta que no conozca esta canción?
El espectáculo es ver al “dedos morcillas” tocando el bajo o al primo americano de Fernando Fernán Gómez dándole a la guitarra.

Y así fueron cayendo, uno tras otro, ese ramillete de grandes éxitos que tiene la banda, covers incluidas del Foxy Lady de Jimmy Hendrix o el Catfish blues de Robert Petway. Aquí el blues era más machacón y plúmbeo.
En My head’s in Mississipi Gibbons cambió el estribillo un par de veces por My head’s in Vitoria. (Afortunadamente no dijo Bilbao como hacen muchos).
La banda funciona como una locomotora, parece mentira que sean tres personas. Sharp dressed man o Legs son buena prueba de ello. Que tienen una revolución menos que hace años, puede, que están mayores, vale… Yo también hace años jugaba al fútbol y salía viernes y sábado seguidos sin perdonar un fin de semana. Habrá que poner las cosas en un contexto. Que no estén como hace 30 años no quiere decir que se arrastren, ni mucho menos. Yo me lo pasé en grande, lo mismo tiene que ver que lleve unos 25 años escuchándolos. Yo de ZZ Top me espero lo que vi, ni más ni menos. Para hacer monerías ya tenemos a otros. La Grange y Tush pusieron el cierre del cabeza de cartel más Azkena que he visto yo pasar por el festival.
El camino hacia los meaderos se hizo bastante complicado. Había una marea de gente difícil de sortear. Las cifras oficiales hablan de 14.000 el viernes, lo que no está nada mal.

Galería completa de L7

En el mapa ese que comenté antes donde Alfonso marcó con una chincheta a Dubrovniks, día a día seguía punteando grupos de aquí y de allá, tejiendo un cartel realmente potente. Desconozco el caché pero en calidad hemos ido bien servidos.

Aquí otra reunificación de relumbre. L7. Y como íbamos de conciertazo en conciertazo como en el juego de la oca, ahora tocaba otra vez bolazo al canto.
¡Vaya aluvión! ¡Qué avalancha! Como un martillo pilón sin dejar de percutir. Fueron a por todas desde el minuto uno, sin dejar espacio a la duda de en qué forma habrían venido. Esto es actitud y lo demás son tonterías.

Nuevamente, y de casualidad, acertamos con el mejor sitio para escucharlo. Nos tiramos a la derecha, entre la mesa y la barra, a medio camino entre estas dos y el prado del lateral. El único motivo es que hay había menos gente pero el resultado es que ahí se escuchaba como un dvd. Por un momento pensé “¿Como una música tan guarra puede sonar tan bien?”. Pues así era y era una gozada escucharlo. Huelga decir que mis guitarras y bajos imaginarios echaron humo durante la actuación. Cabeceando como si no hubiera mañana. Arriba las cuatro mozas expulsaban todo fuera, se dejaban hasta las entrañas. Estábamos cerca de un exorcismo musical. Aunque sólo fuese por solidaridad yo no podía hacer menos.

Tal era el grado de entusiasmo que Sergio me comentó “Joder, están buenas”… Lo hicieron muy bien pero el programa “Cámbiame” no lo emitieron esa noche en Mendizabala. Monster, Fuel my fire, Freak Magnet, Mr Integrity… era un trallazo tras otro, canciones mugrientas, inmediatas, energía punk, detonaciones que te retaban constantemente “¿Vamos a por otra?”. Y otra vez a revolcarse en esa música peligrosa. Me sentí joven ¡carajo! Me quité unos cuantos años. Cuando sonó el Pretend we’re dead me acordé de mis adoradas Veruca Salt y me las imaginé en ese mismo recinto el año que viene y tuve que contener la erección. Si eso sucede voy a Vitoria de rodillas y marcha atrás.

Y esta inercia de tarde redonda iniciada ya en Dubrovniks no paró de crecer ni acabados los conciertos porque la pinchada de Fernando Pardo (Sex Museum), también fue de bigotes. Ese viernes del Azkena fue toda una oda al hedonismo. No cabía más placer en tan poco tiempo.

The Last Internationale, D Generation, Lee Bains III & the glory fires y Nico Duportal & his Rythm Dudes se quedaron en el tintero por motivo de los solapes. Esa era la parte mala del viernes. El único dolor, la pena… el sábado, los solapes ya se convirtieron en “amigos” en la mayoría de los casos.

Crónica del sábado 20 de junio

Una respuesta para “The promised land (Azkena Rock Festival 2015 / viernes 19 junio)”
  1. […] « The promised land (Azkena Rock Festival 2015 / viernes 19 junio) jul 01 2015 […]

  2.  
Deja una respuesta

XHTML: You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>