Fotos: Iñaki Bujan

Los Rolling Stones después de algo más de cuarenta años de carrera ya no llenan estadios. Bueno, siguen rozando los llenos. Seguro que si pusieran las entradas a otro precio o no hubieran cancelado tantas actuaciones en el pasado otro gallo les cantaría.


En cualquier caso, el desgaste que existe, es mínimo. Sobre todo teniendo en cuenta las apreciaciones anteriores. En cuanto a su estado de forma, aunque suene a tópico, aunque se haya repetido por activa y por pasiva, aunque sea inexplicable de todo punto… pues siguen desafiando las leyes de la naturaleza, si acaso Richards anda más apagado de lo habitual. ¿Qué quieren?. Cualquier persona de su edad que hubiera llevado su vida, estaría criando malvas hace tiempo. Seguramente todo se resuma en una frase del genial guitarrista. “He estado en el funeral de un médico que me diagnosticó seis meses de vida”.

Entonces…¿Cuál es el misterio que envuelve la carrera de esta banda?, ¿De qué tejido están hechas sus canciones?. ¿Por qué se adhieren como un guante a la piel?. ¿Qué tiene Jagger metido en su cuerpo?
Los Rolling han colocado miles de cargas en todos nuestros puntos débiles y las activan cada vez que suena uno de los riffs de Keith. La memoria de sus canciones ha crecido como un árbol, paralela a nuestros años. Han madurado desde dentro, han viajado siempre en el tren de la vida. Cada generación es un vagón. Los Stones pasan por todos dejando su firma, como el revisor cuando cobra. Es solo Rock & Roll pero es toda la existencia. Algo tan simple y tan basto a la vez. Trasformar la música en sentidos, en carne, en pellejo. Ellos lo tienen, ellos lo son.

Tengo que reconocer que iba con algo de incertidumbre. Su anterior actuación en Bilbao dentro de la gira de “Forty Licks” no me había convencido. Esto, unido a unos comentarios poco favorables de su reciente actuación en Barcelona, me hacía pensar que ahora ya la cosa estaba tocando a su fin.

Las dudas se despejaron, lo han vuelto a hacer. Han vuelto a romper la baraja. Pido perdón por haber desconfiado. Si esta es su última gira “a lo bestia” no me extrañaría, si no es así, tampoco. Llevo escuchando eso desde hace quince años. O se muere uno de ellos o nos matan antes. Esto no tiene fin.

El previo al concierto no pudo ser mejor. Recorrer la zona vieja de la bella Donosti, observar los bares repletos de pinchos, es en muchos de los casos, un espectáculo para la vista, similar al de los escenarios de los protagonistas de la crónica. Llama la atención el amor que ponen en esta parte cultural y tradicional que es la gastronomía. Es casi una manera de vivir, de sentir.
Después de hacer varias paradas en los bares de la zona, de dejar risas, sabores y palabras en ese laberinto de pequeños reductos de sociabilidad, me reafirmé una vez más, en que un concierto es un estado de ánimo, y compartir el mismo con gente que te hace seguir creyendo en el género humano, a pesar de como está el patio, es un privilegio que hace que llegues al estadio con las pilas cargadas de energía positiva.

Cuando se apagaron las luces, una música en plan cabecera de la serie “Miami Vice” acompañaba las primeras proyecciones por la superpantalla. Fuego, coches volando, bafles que parecen salirse del plano, ensalada de colores y estímulos. Abre Star me up y la liturgia se vuelve a repetir… aunque la gira sea de presentación de su último disco, solo suena Rough Justice, una canción que demuestra que no han perdido un ápice de su garra. All down the line nos enseñó la cara más bluesera, You got me rocking nos contagió a todos con su inmediatez, Ruby tuesday apagó la marea de palmas y encendió la de almas. Con Can’t you hear me knocking una montaña rusa cargada de sensaciones y minutaje. Pasamos por las cuestas del blues, subimos por los ritmos mestizos y nos precipitamos por la bajada al jazz más caliente. El saxo de Bobby Keys sigue cautivando.

A estas alturas de actuación, ya sabíamos varias cosas. Mick Jagger no ha sufrido apenas erosión. Baila, salta, provoca, siente y transmite como no creo que haga nadie más encima de un escenario. Es el mayor frontman que hay en este negocio. Su profesionalidad tiene que quedar fuera de toda duda. Hace todo esto durante las dos horas, pero es que además canta. Puede haber perdido algo de voz pero cumple sobradamente. Cuando además de esto, toca la armónica, se convierte en el artista completo. No he visto a nadie como él, ni con veinte, ni con treinta, ni con cuarenta años… Mick no será viejo nunca, él es eterno.

Richards cumplía su labor, el sonido de lo Stones es la guitarra de Keith, es inconfundible. No andaba con la misma chispa que otras ocasiones pero se soltó un You got the silver interpretado a la perfección.

Ron Wood tuvo una actuación aplastante. Le soltaron, le dieron libertad, hizo lo que quiso, sin ninguna cortapisa. Lo que hizo fue excepcional, una clase maestra, una lección de cómo tocar con gusto y desparpajo. El mejor Wood que he visto en mi vida. Sin duda.

Charlie Watts llevaba como siempre, el ritmo sin despeinarse, como si no tocara, como si fuera fácil, como si aquello no fuera con élLa parte más seria del grupo y la más efectiva.

Con I’ll Go Crazy rindieron su particular homenaje a James Brown. Lisa Fisher volvía a dejar con la boca abierta a miles de personas a la par que por la suya sacaba un chorro que ningún dique del mundo puede detener. ¡Qué salvajada!

Los Stones volaron por encima de nuestras cabezas sin dejar de tocar ni en el aire. Un mini escenario convertido en platillo volante acercaba su música a los del medio campo. Verles tan cerca es como tener un pie en el mundo y otro en la historia. Una sensación muy extraña. ¿Serán de verdad?, ¿es posible que estemos de nuevo juntos, pegando un bocado a la vida?. Satisfaction sonó de Anoeta al universo. Todo el estadio estaba en pie, dando palmas, cantando, escribiendo al unísono una nueva y gloriosa página.

El tramo final con todos los clásicos. Honky tonk women, Sympathy for the devil y los fogonazos del infierno, Paint it black (el murmullo trágico de la canción entonado por todo el público, fue un momento tan dramático como único), Brown sugar, y Jumping Jack flash como bis de una actuación que nos devuelve a la realidad de una banda irrepetible, imperecedera y maravillosa.
Para los que dicen que son “solo” circo, creo que el escenario, las luces, los adornos, fuegos y efectos varios… era lo mínimo de lo mínimo que puede tener una gira de los Stones. No despistaban, no distraían, no tapaban, simplemente acompañaban de manera fina y elegante lo que en resumidas cuentas fue el concierto. Toneladas de buena música.

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