Fotos cedidas por www.denaflows.com
Texto: Santiago V. M. (Stoner)

La principal novedad del ARF 2014, era el regreso a los tres escenarios. Digo regreso cuando en realidad sólo se ha usado dos años, pero de alguna manera era una idea no muy lejana en el tiempo. Este año era algo diferente ya que ese escenario ofrecería las actuaciones de formaciones estatales extraídas de los recopilatorios ‘Azkena Rocks’. Recordamos que estos cds recogían canciones de algunas de las mejores bandas de rock emergentes del momento y que la selección de las mismas se realizó a través del foro oficial del festival. Por allí pasaron los Attikus Finch, Bourbon, The Midnight Travellers, Vucaque, The Soulbreaker Company, Niño y Pistola, Arenna y Bluenáticos. Los nombro aquí y ahora porque apenas pasé por esa zona (hubiera supuesto perderme bandas que me interesaban más) y quiero que quede constancia de su presencia en el festival. La impresión generalizada es que hubo muy buen nivel. Si esto lo hacen el jueves puedo verlos todos pero entiendo que prioriza el dinamizar el centro de la ciudad.

Sobre los datos oficiales, hablan de un viernes con 14.000 personas y un sábado con 11.000. Yo estuve allí y creo que han cambiado las cifras de día. Eso, o muchos de los que compraron el bono se quedaron en casa el viernes a esquivar el temporal. Como mucho se acercaron sólo a la hora de Scorpions. Aun así, no me pareció que en ningún momento hubiera más gente que el sábado. Sea como fuere, como el orden de los factores no altera el resultado final, las cifras superan a las del año pasado. Parece que, una vez mas, en contra de la opinión de los que año tras año quieren enterrar el festival, tenemos Azkena para rato. Este muerto está muy vivo…

Viernes 20 de junio.

La encuesta del jueves a los lugareños sobre la previsión meteorológica del día siguiente, arrojaba un resultado bastante parejo, cinco contra cinco más o menos. Recepcionistas de hotel, camareros, cualquier vitoriano que se cruzara en nuestro camino podía participar. El taxista que apuntaba que no llovería se ganaba una propina. Es cierto que la mitad acertaron pero no creo que nadie imaginara algo tan desproporcionado. El clima del día 20 si que fue “heavy” y no los Scorpions.

Puedo imaginarme a Ray Manzarek revolviéndose en su tumba, indignado por no haber tenido su nombre a título póstumo en ningún escenario. (Alvin Lee también lo merecía). No sé si eso provocó que mandara sus jinetes en la tormenta a galopar sobre los cielos de Vitoria, a joder un día de festival. Es difícil cuantificar el efecto que tuvo la puta lluvia pero evidentemente la jornada cambió por completo. Un perverso “efecto mariposa” hizo que Bourbon que estaban frotándose las manos por su solape con Hudson Taylor, fueran pasados al sábado a las 2:20 de la mañana coincidiendo con Kadavar, o que por ejemplo, los mismos Hudson Taylor, tuvieran más público en la carpa del que seguramente jamás hubieran soñado. Imagino las caras de pánico de los mozalbetes al escuchar la entrada de 13 left to die. Sería algo así como “¿Dónde coño nos hemos metido?” A decir verdad yo mismo lo pensé… ¿Qué hace este grupo aquí? ¿Por qué aguantar esa música que en lugar de cantada, parece vomitada? No quiero parecer un listillo pero tampoco ser cínico. No entiendo este sonido, para mi es otro deporte, no puedo opinar más, no debo.

Galería completa de Monster Truck

Monster Truck y su “conciertus interruptus” fue lo esperado, aunque no por ello, menos extraño. Traes un grupo que toca cinco días antes y tres después (más o menos) en Canadá. Salen de su país sólo para venir a Vitoria, ni siquiera tocan en otras ciudades y les das media hora. En palabras del propio grupo, lo mejor de estar aquí es venir a España de vacaciones.

El cielo parecía que se iba a caer encima de nosotros, las lonas que tapaban las barras repartían agua con generosidad, los camareros aguantando en una condiciones penosas (Estaban cubiertos pero el viento no lo puedes domar tan fácil). La oscuridad y el caos se hacen presentes. Por lo menos nosotros estábamos cubiertos. Monster Truck son rock setentero en estado puro, muy en la onda de Deep Purple, Grand Funk Railroad, etc. A pesar de comerse prácticamente un tercio del concierto, For the sun me pareció lo más destacado. Una especie de Since I’ve loving you (Led Zeppelin) cocinada a fuego lento y engordada poco a poco hasta convertirse en una salsa espesa y contundente. La voz de Jon Harvey rasca que da gusto, ha expuesto bastante, ha sido generoso. M.T. no han descubierto nada pero lo ejecutan todo con destreza y fundamento. Es una buena revisión, algo totalmente apropiado en un festival que tiene en su mitad la palabra Rock. Pues bien, ni la cancelación de Bombus les dio para tocar más tiempo. Imagino que no tardaremos en verlos en giras por salas.

Como digo Bombus fueron absorbidos por un agujero negro del cielo alavés y nunca más se supo (Lo mismo allí se encontraron con John Fogerty). No se cambió de hora ni de día, no hubo solución que pasara por ver el concierto. Desaparecieron, se fueron con la lluvia, tuvieron mala suerte, tocar en el grande. Imagino la dificultad que supone manejar este tipo de eventualidades para la organización de un festival así. Tiene que ser complicado y lo salvaron con el menor número de “bajas” posible. Creo que el detalle sería traerse a Bombus el año que viene para que se puedan desquitar.

Ante la imposibilidad de escapar de la carpa, echamos el rato sin otra tarea que ver cómo montaban el escenario y rezar o esperar que parara. Con Hudson Taylor empecé a girarme atrás cada poco tiempo para ver si llovía o salía el sol. Eso ya se me quedó como un tic, una compulsión más. Otra mierda de la que preocuparse. Aseguro que no fui el único porque la gente estaba con un ojo en el concierto y otro en el escenario principal. Hudson Taylor no cambiaron la opinión que llevaba de ellos pero tampoco me dieron dolor de cabeza. Música para tocar alrededor de la hoguera de algún campamento o banda sonora de alguna peli tipo Robin Hood. Demasiado aseadita, demasiado azucarada. No me los creo, no me llega. Es verdad que pueden tener en algún momento algún aire a Simon & Garfunkel o Everly Brothers si se quiere. Tampoco es que lo hicieran mal o tengan malas voces pero esto de la música “te toca o no te toca”. Estos no me dicen gran cosa.

Entre tanto la cosa parecía que amainaba, algún iluminado incluso aseguraba que ya no más lluvia. El peaje fue perderse a Bombus pero a partir de ahora volvería la normalidad. No tardamos en comprobar que no sería así y que ya el viernes entraría en una espiral jodida e incómoda.

Galería completa de Seasick Steve

Seasick Steve era una de las propuestas que más ganas había de ver así que allá que fuimos. Rápidamente compruebo que no está John Paul Jones que a veces va de acompañante. Pensándolo bien, tampoco lo hubiera visto mucho.
El paisaje azkenero ya era un multicolor de chubasqueros y ponchos de plástico de esos de los chinos. Conseguí no mojarme la parte de arriba. (Las zapatillas fueron otro cantar). El “algodonero” y sus instrumentos “yo me lo guiso y yo me lo como” prometía un buen rato de blues rural y primitivo, de poza, de pantano, de fango. Y así acabamos, enfangados.

Intentaré que os hagáis una idea de lo que pasó: De momento siento en el katxi algo que ha caído del cielo, algo muy pesado. En los diez segundos que estoy intentando comprender si un meteorito se está descomponiendo camino de la tierra, comienza a arreciar una tormenta furiosa e imparable. Hubo desbandada general, aquello no se aguantaba. No era una lluvia ligera, no era una lluvia fuerte, era mucho más, era una maldición, un castigo. Era la venganza de Manzarek. Puedo asegurar que en el camino de un escenario a otro (puede que sean cien metros), noté la zozobra, el pánico y la confusión. La gente corría lanzada, más incluso que cuando te adelantan rápidamente buscando las primeras filas del escenario. Esta vez, había motivo. En ese trayecto, en ese poco asfalto me dio tiempo ya para mojarme del todo. Mis recién estrenadas playeras de lona hacían ya globitos de agua. El ánimo por los suelos y ese pensamiento de “Un año esperando que llegara el festival y ahora esto”.

Fue especialmente dramático comprobar que cuando Seasick empezaba a enganchar marchilla con alguna canción de esas molonas, allí en la carpa, la gente subía los brazos y se ponía a bailar. Nos separaban metros y metros, barras, mesas de sonido. Nos separaba el Azkena a lo largo y una jodida tormenta del demonio pero el viejillo, desde el otro lado, conectaba con la gente como si nada. No existía la distancia, como un ligue por internet.

Los rayos eran bastante apocalípticos, yo ya tenía dudas si no suspenderían el festival entero. Al parecer, al finalizar el concierto, Seasick y el batería bajaron a chapotear con los valientes que se quedaron en primeras filas a pesar del temporal.

Galería completa de The Stranglers

The Stranglers eran en la carpa así que por lo menos libramos ese rato. Se dedicaron a fusilar hit tras hit y tienen unos cuantos. La pena es que la voz y guitarra de Baz Warne estaban excesivamente bajas. No puedo entender que algo de lo que nos dábamos cuenta todo el mundo, no sea apreciable para el técnico de sonido que se dedica a eso. La cosa mejoró pero tardó unas cuantas canciones.

Realmente diferentes The Stranglers y su sonido a grupo de los ochenta. Hay gente que dice que eso no es punk, seguramente porque estos saben tocar. Es difícil definir su música aunque muy fácil escucharla y engancharse. Peaches, Duchess, No more heroes, Always the sun, Golden brown, Hanging aroung, Walk on by son un pequeño muestrario de lo que hicieron. All day and all of the night de los Kinks para mayor satisfacción (Si bien es verdad que no les hubiera hecho falta). Después de escrutar bien a los músicos saqué la conclusión de que el bajista Jean-Jacques Burnel es un puto máquina. (Gesto entre concentrado y desafiante y un trabajo intachable a las cuatro cuerdas) Dave Greenfield y sus “solos” de teclado a una mano mientras bajaba su cubata con la otra, fue otro de los highlights de la velada.

Galería completa de Scorpions

Seguido venían Scorpions, un cabeza de cartel que ha generado división de opiniones. Es cierto que son una banda mítica, pero no menos cierto que hace unos tres meses estaban en Madrid en un supuesto “último concierto”.
La cosa empezó fuerte con la aguerrida Sting in the tail, siguen Make it real y luego Is there anybody there (una de mis favoritas). Klaus Meine y sus compañeros siguen luciendo modelitos bastante molestos a la vista, americanas con tachuelas, pantalones de cuero, lentejuelas, chalecos, etc. Parece que el tiempo se detuvo hace alguna década. Con The Zoo había más peso, más grasa. Matthias Jabs dando rienda suelta al talk box y como única pega, un sonido quizás no tan potente como esperaba. Por decirlo de alguna manera, en directo no eran tan “heavys” como me habían avisado.

Ahora enlazan tres baladas de esas marca de la casa (The best is yet to come, Send me an angel y Holiday) para joder la noche a los que les acusas de reblandecer y comercializar en exceso ese género musical. Yo no tengo ningún problema, ni siquiera los considero una banda heavy.

Raised on rock y ese riff tan Song 2 de Blur me atrapa sin ninguna dificultad. Canción bailonga, pegadiza y realmente magnética. Cuando mejor estaba la cosa, la lluvia nos volvió a echar hacia atrás y luego no era fácil entrar. Mucha gente, muchos paraguas… Seguimos el declive del set con un solo de batería en forma de “batucada” que se hizo eterno. Mientras, recordábamos a Estanislao Argote, Simonsen, Quique Setién y todos esos jugadores con los que empezamos a ver fútbol y coleccionar cromos. (Una conversación como otra cualquiera).
El caso es que disminuyó nuestro grado de atención aunque pudimos apreciar el cierre en la distancia. Tras el bis sonaron Still loving you, Wind of change y Rock you like a hurricane. El resumen es que estuvo bien pero pudo estar mejor. Deberían de olvidarse de los solos interminable de batería o guitarra en determinados momentos de la actuación. Faltó algo de “punch” y que el tiempo acompañara durante todo el set. No pudo ser redondo del todo.

Galería completa de Turbowolf

Turbowolf fueron como una patada en medio de la entrepierna, seca, fuerte… de estas que te dejan tres segundos sin respirar. Un concierto bruto y excesivo, acelerado, anfetamínico. Un no parar.
Había que recuperar al personal y Chris Georgiadis lo intentó por todos los medios. No dio ni un segundo de descanso, sucesión de trallazos del punk de la doble M (Marciano y Macarra). El saltimbanqui rabioso bombeó toda su energía y consiguió que esa carpa pareciera una olla express. Tuvo que acabar con la garganta abrasada. Muy fiero. (Hasta le llovieron condones del público). Seven severed heads, Solid gold, A rose for the crows o Let’s die son supositorios de efecto inmediato. No era el momento de disquisiciones ni detalles. Esto era estampida, revolución y si quiere también, chapapote y barullo. El caso es que me cargaron las pilas, reviví.

Galería completa de Marah

Y llegó la hora de Marah, de los Marah de ahora que han cambiado bastante. No está Serge Bielanko y el sonido ya no es tan rockero, ahora se agarran al folclore tradicional (canciones de las montañas de Pennsylvania) y lo hacen a modo casi de comuna hippi. Eso sí, los niños no se dedican a corretear, se dedican a tocar. No salen al escenario a hacer un poco la gracieta y ya… Los niños son parte de la banda. Si, como lo oyen, a la una de la madrugada en el escenario grande, todavía bajo la lluvia, tuvimos un concierto mágico, único, bizarro. Una especie de circo freak y nómada, un tratado pedagógico sobre la música de raíces. Lo vimos todo, la raíz bajo tierra, la raíz saliendo al exterior y supongo que veamos el resultado de esa planta, en unos cuantos años.

A Dave Bielanko le da igual tocar a las seis de la tarde que a la una de la mañana, en salas pequeñas o escenarios principales, puede tener los condicionantes que quiera a su alrededor que él siempre se lleva el concierto a su terreno. Tiene ese “don”, ese talento, ese pellizco. Yo a esto lo llamo rock and roll, lo lleva de serie. Lo proyecta de manera natural, no impostada.

En ese escenario no sólo vimos música, comprendimos una vez más el sentido de la música. Bailamos la melodía de la lluvia como si estuviésemos en una campiña soleada, nos empapamos de la música americana de banjo, contrabajo, washboard, etc, etc. No había guiones, era el aquí y el ahora. Los querubines tocando el violín o una réplica de la guitarra cuadrada de Bo Diddley. La banda en segundo plano, casi de espectadores también de esos precoces músicos. Dave, de maestro de ceremonias, dirigiendo el show a su antojo, elevando la imperfección a categoría de arte, frotando la lámpara, haciendo de genio, que lo es. Ya son unos cuantos conciertos (cinco o seis) que le he visto y siempre salgo con la misma sensación. Si encuentro a este tipo dentro de unos años, en el proyecto que sea, le daré su oportunidad. A mi siempre me conquista.

Dave no se aculaba, bajaba al foso de los fotógrafos, hacía también su set acústico al lado de la gente. Se le veía agradecido y contento, cómodo entre la multitud. Allí había mucho más que un tío raro con una visera naranja chillón sujeta por unas gafas de sol. Una vez más repitió una chaqueta que ya que forma parte del personaje (con la bandera de España estampada). En ese punto tuve ese cosquilleo, esa sensación de paz, de reconciliarme con el mundo… de pensar que nadie podrá arrebatar de mi memoria momentos tan maravillosos como el Walt Whitman Bridge soplándome la oreja a escasos metros, agarrándome la patata una vez más.


Sólo un detalle, es muy posible que cuando los Violent Femmes tocaron en el Azkena por primera vez, los gemelos que nos dejaron a todos con la boca abierta no hubiesen ni nacido. Seguro, no creo que tuvieran más de ocho años… El traspaso de poderes está hecho. Tienen los mejores maestros.

Unida cerraban en la carpa. Después de todo el cansancio y el cuerpo machacado por las condiciones climatológicas, no era el mejor momento. Comenzó a dolerme bastante el hombro derecho, me quedé, media hora aproximada. Sonido rocoso y potente, John García para mi gusto abusando de agudos, y una puesta en escena sobria y seria. Después de un rato se me hacía algo plano y mi hombro no remontaba, tuve la sensación que lo que faltaba no iba a ser muy diferente a lo visto y tampoco estaba muy cerca. Cogí camino y me fui al Dato haciendo cábalas de lo que podría haber sido este viernes con un día de sol como el anterior. El jueves el ciclón fueron Lisa & the lips en el Helldorado. (Muy grandes). Antes de llegar, chaparrón otra vez. Hasta los huevos.

Sábado 21 de junio.

Por la mañana buen día, el problema no eran las mañanas, eran las tardes. Luego un calor bastante pegajoso y paralizante. Parecía la mañana de los famosos, en menos de una hora me crucé con Gordon Gano (Violent Femmes), Faemino y Cansado, Luís Tosar y Fito Cabrales… con Luís ya estuve en mi primer Azkena mientras tocaban los Cramps, un tío encantador. Lo de Gordon Gano me hizo daño, fue de repente, lo tenía encima, dudé, le vi bajito y regordete y dudé, lo dejé pasar.

Los huevos rotos en La Taberna clásica deberían hacer su función, una buena capita en el estómago para aguantar lo que quedaba. Las previsiones eras similares al viernes pero siempre esperas que no se cumplan. De momento, justo antes de llegar nos tuvimos que refugiar en las galerías de Mendizorroza porque volvió a jarrear de manera importante. Yo estaba por tirar la toalla ya. Otra jornada igual hubiera sido insoportable. Afortunadamente esa fue la última descarga del festival, justo antes del primer concierto. Se fue la lluvia pero vino Blondie, otro tipo de tormenta, más bien tormento, pero de eso hablaré luego.

Niña Coyote eta Chico Tornado me aburrieron. Otro grupo más de batería y guitarra, casi todo instrumental y sin muchos matices, o sin los matices que me gusta apreciar a mí. Otra vez el piloto automático. Se me hace algo duro este tipo de propuestas, las respeto pero no es lo mío.

Galería completa de Deap Vally

Deap Vally son otro grupo con la misma formación, guitarra y batería, pero esto se me hizo más ameno, más cercano el rock añejo de los Zeppelín, Hendrix, etc. En disco me parecen del montón, pero en directo hicieron por gustar, estuvieron simpáticas y realmente el trabajo de la batería me pareció de nivel. Ya no digo nada si la comparo con el de Wolfmother por ejemplo. Mucho mejor… Es decir, no es sólo una chica más o menos atractiva con un traje de lentejuelas tocando como si se fuera a montar encima de la batería. Es que tocaba con criterio.

Había alguno entre el público que quería ver carne, podía consolarse con ver cuatro pies descalzos y algo de muslamen. Lindsey Troy estaba de aniversario y tuvo su cumpleaños feliz por parte del público. En un momento de la actuación algún pedal de la Mustang petó y el sonido empezó a zumbar de manera incómoda. Estuvieron un buen rato para arreglarlo. Mientras tanto Julie Edwards tuvo que entretener al personal con su castellano chapurreado, aprendió rápido a decir “pie”. La rizada pelirroja entretuvo la espera y no dejó que aquello muriera. No sólo eso, con Six feet under la actuación se elevó de manera importante. Un blues de largo recorrido que puso en mi mente a Janis Joplin y por espacio de unos siete u ocho minutos creció y creció de la oscuridad hacia la luz. El sol ya había venido y no se iría más. Canción inquietante, profunda, sexy… otro momentazo “made in ARF”.

Galería completa de The Temperance Movement

Cuando The Temperance Movement comenzaron su actuación un águila o halcón sobrevolaba el cielo del escenario “Lou Reed”. Bonita estampa con ese rock suñero sonando de fondo, podrían haber hecho un videoclip. Phil Campbell también volaba, demasiado para mi gusto. Sobreactuado hasta el límite. Un histrión como pocos he visto.

Durante la actuación llegué a pensar “tenía razón Trumbo, al final ha venido Chris Robinson”. Eso o una mezcla entre Rod Stewart y Javier Gurruchaga. No hacía falta tanto, con la música bastaba. Hubo un par de momentos de esos en los que parece que se puede alcanzar el éxtasis. Precisamente en las que se iban haciendo en cazuela de barro y al pil pil. Smouldering me hizo recordar al J.J. Grey del año pasado. Esto no necesita ni posturitas ni boquitas ni ostias en vinagre, aquí la música queda por encima de todo. Duelo de Telecasters y un Hofner Violin bass poniendo la red a los trapecistas. El depósito de la felicidad se iba llenando a pesar de que no tocaron Lovers and fighters.

Galería completa de The Strypes

The Strypes hicieron rebosar ese depósito. Iba yo al escenario “Raúl Aransáez” con cierta curiosidad, seguro por otra parte que allí estaba la “liebre” del festival, que el grupo revelación iba a ser este sin ninguna duda.
Pensaba que serían jóvenes, pero coño, como cuando vi a Lori Meyers por primera vez, 20, 21 años… El primer impacto fue descubrir que el bajista y batería debían tener como mucho 14 o 15, y los otros dos muy pocos más. Los mozos no tenían ni pelos en los cojones y se estaban repasando al 80% de las bandas que he visto yo por allí.

Yo iba pensando en mover puntera y tacón pero aquello fue un “chorreo” mucho mayor, me pusieron el flequillo hacía atrás. Me volaron la cabeza. Cuando alguien hace lo que hicieron los Strypes en esa carpa no hay división de opiniones, no hay disidencias, solo unanimidad. La gente estaba totalmente encendida, las palmas salían solas, los bailes, la diversión. Creo que hasta los fans de los grupos que invocan a Satán clavaron la rodilla en el suelo. Es justo reconocerlo, seguramente el mejor concierto de esta edición.

Recorrido por el mejor rhythm & blues sesentero, la invasión británica y el mejor garage. Rock primitivo y directo. Los chavales motivadísimos y con un descaro y chulería impropios para alguien que todavía debería sentir vergüenza en un examen oral. Muchas tablas, increíble como manejaban las mareas que hacen que los conciertos se estanquen o se disparen. Ellos siempre cogían la ola para alargarla, enlazaban las palmas con riffs, daban continuidad a la fiesta. La Perfect Storm fueron ellos cuatro, su actitud, su derroche, esa armónicas tan efervescentes…

Lo mismo dentro de 30 años, si esta gente se convierte en los nuevos Who o Stones, puedo decir que los vi cuando empezaban. Es verdad que para eso les queda mucho y deberían hacer un cancionero más personal. Todavía no me cabe en la cabeza como con esa edad, se puede asimilar una música que otros tardan décadas. No hay horas al día para ensayarlo. Me les imagino saltándose las clases y viendo vídeos de Yarbirds, Bo Diddley, Dr. Feelgood, Chuck Berry y toda la enciclopedia del rock. El relevo generacional está a salvo. Espero que no los estropeen por el camino

Salí de los Strypes totalmente entusiasmado. Contento y seguro, como el día que sabes que te toca follar.

Galería completa de Violent Femmes

Siguieron los Violent Femmes, uno de los grupos de mi vida. Eso sí, faltaba una pata del banco. Ya no está el genuino Victor De Lorenzo. Ahora ocupa su lugar el esforzado Brian Viglione de Dresden Dolls, que cumple pero no es lo mismo.

Para mi gusto tuvieron luces y sombras. Me parece que han envejecido peor de lo esperado. Creo también que su propuesta puede tener más resonancia en la carpa. La primera vez que vinieron al Azkena tuve esa sensación, y si bien aquella fue en formato de trío y sonaron muy bajo, esta vez noté en algunas canciones una revolución menor. Empiezan con el Blister in the sun y parecía que llevaban el freno de mano echado.

Por un momento pensé que era el “efecto Strypes” pero con Kiss of, Add it up y otras bombas similares no noté la misma explosividad que en el disco. Así las cosas me gustaron mucho más canciones de otro corte. Gone daddy gone estuvo genial. Aquí la canción estaba más “armada”. Además del músico que les acompaña durante toda la actuación al “cajón” , otro tomó el relevo al bajo de Brian Ritchie para que este pudiera encargarse de sacar del xilófono ese sonido tan cercano a una peli de “cine negro”. Aparte también, un larguirucho pellejudo que podría ser parentela de Johnny Winter, se encargaba de los vientos de cuando en cuando. Así pues, canciones como To the kill o Gimme the car me llegaron más que las conocidas de todo el mundo. Tuvimos final feliz ya que cerraron con I held her in my arms y American music. Música de consenso y celebración. Habían conseguido dar la vuelta a la tortilla… Y es que ¿Hay algo mejor que el Azkena cuando llueve…? El Azkena cuando deja de llover.

Una vez más tuve que “cambiar de agua al canario” que allí no había ni un minuto de descanso y cuanto más meas, más ganas tienes de regresar. Hubo un momento de la tarde que no pasaron ni diez minutos entre subirme la cremallera y tener que volverla a bajar. Con conciertos de por medio es un incordio, no es tan fácil recuperar el sitio. Entre esto y tener que quedar con diez personas a la vez, comprobé para mi pesar que la gente que estaba viendo a Joe Bonamassa ocupaba la carpa entera y parte del exterior, no había manera de entrar por ningún sitio, ni pidiendo paso ni tirándose al lado contrario de la barra, imposible. Nos quedamos cortados, como cuando hay abanicos en una etapa ciclista, nos fue imposible coger la cabeza de carrera. Seguramente Bonamassa si que tenía que haber tocado en el grande. Otro concierto que no vimos aunque esta vez, los motivos fueron diferentes.

Galería completa de Blondie

Crucé al escenario principal, pisé el único charco que había en todo el recinto, el único y lejos de presagiar buena suerte, Blondie fueron un desastre absoluto. (Hubiese preferido pisar una mierda). Vaya por delante que yo era de los pocos que defendía su inclusión en el cartel. Me equivoqué.

Ya la música ambiental que pusieron antes era bastante aterradora. Pachanga de la que ponen los viernes de madrugada en el Rocambole. Si amigos, música latina, reggaetaon y esas mierdas que escucho en los bares aledaños del Hotel Dato cuando voy camino de la cama. Una cosa es abrir la paleta de estilos y otra es que el Azkena lleve una tendencia que dentro de poco no lo diferenciemos del Womad.

En fin, más que nunca Blondie eran una moneda al aire. Comienzan con One way or another y comprobamos que la voz no le llega, como si se quedara atrapada en ese enorme colgante en forma de corazón que tenía en el pie de micro. Apenas se apreciaba. Bueno, pues con ser un problema no fue el peor. Nos castigan con María (Marííaaaa Euskal Herría, cantaban algunos cachondos).

Sin ninguna piedad comienzan a atacar con el material del último disco, Rave, Mile high, A rose by any name y la aberrante Sugar on the side (una caca de comida pasada con aroma entre cantonés y sudamericano, hip-hop latino y demás salsas indigestas) Os juro que en esos momentos pensé que estábamos dentro de la serie “Lost (Perdidos)” y que alguien estaba haciendo girar esa rueda de piedra que cambiaba las coordenadas del mundo. Pensé que no estaba allí, delante de un escenario que ha pisado gente como Ray Davies, Iggy Pop o Bob Dylan… Me habían trasladado a otra latitud, a otro festival. Eso no podía estar pasando, ese no podía ser el nueve que me había prometido Alfonso. ¿Era una broma pesada al estilo The Game? Muy bien, me lo he tragado, ha estado bien, pero volvamos a reconducir esto.

Entre esos destrozos ni siquiera Hanging on the telephone, Rapture o Atomic equilibraron la balanza. El bis ni siquiera fue a petición masiva, salieron porque lo tenían previsto pero fue auto impuesto. Cuando cerraron con Dreaming (Pensé que sería la canción del festival) no tenía ningún humor, estaba bastante abochornado.
Insisto, lo de menos era ver a Debbie moverse como un mono encima del escenario porque sigue siendo un animal muy bello a pesar de sus setenta años. El problema es que siendo el “40 aniversario” cargaron el set en el reciente Ghosts of Download y para mi gusto, el Azkena no era el sitio ni el lugar. (Será por canciones…). Si la deriva del festival va a ser esta, yo no tardaré en bajarme.

Galería completa de Wolfmother

Lo primero que pensé según salieron Wolfmother fue “Bueno, por lo menos hemos regresado al Azkena”. Podrá estar mejor o peor pero Dimensión, New moon rising o Woman se ajustan como un guante a ese templo que es Mendizabala. El caso es que el sonido era bastante malo también, y la banda no me acababa de convencer. Un batería impropio de un grupo así (podría hacer una banda con el bajista de losGaslight Anthem) y un bajista/teclista demasiado pintón. Mucho saltito, carrerita, mucho golpear el cuerpo del bajo pero era acordarse de la actuación del 2006 y aquello hacía agua. Ni siquiera Andrew Stockdale me pareció ni muy suelto a la guitarra, ni muy metido en el concierto. De hecho me pareció un vago. No sé cuál era el problema exacto pero aquello no acababa de arrancar, tenía momentos sueltos, destellos. Un quiero y no puedo. Si hubieran tenido un sonido bueno… en fin, nunca lo sabremos.

Galería completa de Niño Y Pistola

Y pensar que andaba acojonado por si Niño Y Pistola se solapaban con los australianos…
Estuvo bien verlos los últimos del festival porque diferencias perfectamente qué grupos hacen MÚSICA con mayúsculas de los que se dedican a “tocar muy bien” o los que se empeñan en obligar a las canciones a que en alguna parte de la misma haya un “ohhh, oohh, ooo, ooohhh oohoo, oooo”. NYP hacen MÚSICA, la música que te conecta con las emociones. El equilibrio hecho grupo. Sus canciones crecen de la nada, como castillos de arena, sin ansiedad. No quieren un polvo rápido. Nos inoculan virus con efectos retardados.

En medio de esos viajes pasan cosas, gotas de psicodelia, praderas, costa oeste, el verano del amor… La sombra de Neil Young, Beatles o The Band es alargada. Hay muchos puntos en común, es evidente que no han inventado nada pero son los primeros que lo reconocen en los créditos de There’s a man with a gun over there.

En este último trabajo, un disco conceptual, narran una historia de rabiosa actualidad. El campesino que harto de ser explotado por su patrón, compra una pistola y se lo carga. Luego, recuerda desde la cárcel con añoranza su casa, su libertad. El mérito de la banda, más allá de similitudes es darle luego esa forma, conseguir esa fusión de muchos elementos. Como alfareros modelando el barro, artesanos de canciones. Tampoco son unos virtuosos pero si que tienen mucho, muchísimo gusto. (Algo no tan frecuente). Vease por ejemplo, Looking For The Sun, una canción superlativa, y no es la única.

Mientras los escuchaba realmente sofronizado, me acordaba del cubano que nos asaltó el día anterior en el Café Victoria, intentando vender sus “manuales de autoayuda”. Recordé al habanero diciéndome “la felicidad está aquí” señalándose la cabeza, “solo tienes que darte cuenta y dejar que salga” mientras se golpeaba la frente con los nudillos. NYP picaron también en mi cabecita y se abrieron todas las puertas. Toc, toc, toc y todo fluye, es fácil impregnarse de esas armonías y sonoridades, mecerse con esas voces, flotar con ese hammond… Entonces, como por arte de magia y de manera casi simultánea, cuelan el estribillo de “You can’t always get what you want” en medio de una de esas subidas. Serán las meigas o la conexión interestelar… Todavía no entiendo cómo pasó pero en ese momento los gallegos encajaban la última pieza del puzle, cerraban el círculo, le ponían moraleja al final del cuento. No siempre podemos tener lo que necesitamos, buen recordatorio para el futuro y el mejor epílogo que podía tener este Azkena. Además de todo, psicoterapia gratis…

Quedé tranquilo y en paz, como si los espíritus me hubiesen purificado. No necesitaba ya ver nada más, tampoco el cansancio acumulado de los tres días lo recomendaba.
Los de Baiona elevaron la nota del festival, quedó claro que ese disco merecía ser presentado allí. Ahora mi deseo será que en el futuro ocupen uno de los dos escenarios principales, se lo han ganado. Esto es Galicia Calidade, demasiado cerca para desaprovecharlo.
Manolo, Álvaro, Quique, Arcadio, Ramón… el agradecimiento es mío y será eterno.

No sentí gran pena por no haber visto a Royal Thunder o a Kadavar, eso sí, me jodió especialmente perderme a Bourbon que tocaban justo después. (Fruto del efecto mariposa del diluvio del viernes). Espero que el destino les compense de alguna manera porque esta vez fue algo cruel con ellos. Yo estaba vació ya, iba con el gancho y en esas condiciones no creo que lo disfrutase.

Ha sido un Azkena raro, han pasado demasiadas cosas inesperadas que condicionan el resultado final. Tengo la sensación que de haber acompañado el tiempo, hubiera sido una edición muy aprovechable. Me voy satisfecho a medias o insatisfecho a medias, depende cómo se mire. Eso sí, mi personalidad neurótica ya tiene una nueva preocupación para el año que viene. Después de Blondie, ¿Qué será lo siguiente?

Alfonso, trátame bien. Nos vemos.

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