Otro motivo para odiar las navidades, para aborrecerlas más si cabe. Hace muchos años ya que estas fechas me apestan sobremanera. Me crispan los villancicos, me desquician las voces de los niños de San Ildefonso, no puedo con los programas benéficos de la televisión, en general con toda la basura que proyectan. ¿Tiene que haber todos los años un especial de Raphael? Por Dios… (Y no tengo nada en su contra, pero es demasiado). Por no hablar de los anuncios de perfume con voces en off que parecen atragantarse en francés. Cuando la gente te espeta un “Felices fiestas” contesto con desgana y entre dientes “igualmente”. En realidad les quiero decir “¿Felices?, serán para ti”.
Este año para rematar, después de la cena de nochebuena, buceé una vez más en el foro del “Azkena Rock Festival”. Mis ojos se quedaron clavados en el siguiente mensaje “Descanse en paz Germán Coppini. No pude evitar pensar en alto y solté unas cuantas veces un amargo “No me jodas, no me jodas, no me…” Mi familia me preguntó qué pasaba. Todavía “chocado” por ese impacto inesperado mascullé sin girarme “Ha muerto Germán Coppini”. Seguí dándoles la espalda un rato, que no quería que me vieran débil y lloroso. Curiosamente treinta años antes el cantante había visionado su muerte con Golpes Bajos. En “Lágrimas” imaginaba su entierro sin una sola lágrima. Siento que el bueno de Germán erró su vaticinio e imagino que unos cuantos, igual que yo, hayamos llorado su pérdida. En cierta manera, me siento en deuda con él y otros músicos que fueron el principio de esta pasión en que se ha convertido para mí la música.

Llevo escuchando Golpes Bajos desde los 11 años. La música me empezó a interesar por grupos así y la primera grabación que hice de manera consciente tenía varias de sus canciones. Yo no tenía equipo de música, mis padres tampoco escuchaban nada en casa. En ese sentido tenía todas las de perder. Pero claro, mi generación tuvo la suerte de contar con La Bola de Cristal. Veía ese santo programa siempre, los vídeos de los grupos que salían en ese espacio, fueron mi primer contacto musical. Radio Futura, Alaska, Kiko Veneno… etc. Recuerdo que de Golpes Bajos ponían Fiesta de los maniquíes, Malos tiempos para la lírica y Desconocido. Esta última especialmente, fue el flechazo definitivo. Adoraba esa canción, me parecía y me parece un maravilloso canto a la amistad. Sentía la necesidad de escucharla. No podía esperar que volvieran a pasar el vídeo por la tele, ¿y si no lo hacía o tardaban meses? Había que hacer algo, había que grabarlo como fuera y escucharlo cuando yo quisiera. Yo por aquellas solo tenía un ordenador Spectrum y el típico grabador Computone para meter los juegos. Pues bien, como no tenía otra manera de recoger esas canciones que me flipaban, banda sonora del programa, un día pillé todas las cintas que dejó mi tío Pepe en casa de mi abuela una vez se emancipó y fusilé una de ellas (no se si de los Beatles o Serrat) Recuerdo acercar la grabadora a la tele y dar al REC solo cuando salían las actuaciones musicales. Así, a pelo, sin cables ni nada. Esas son mis primeras grabaciones y la primera manera que tuve de escuchar música. A partir de esto, ha venido todo detrás y no puedo pasar un momento sin esa droga.

Sólo han pasado dos meses de la muerte de Lou Reed y ahora enterarte de esto… En fin, no sé explicar bien esa sensación que se tiene cuando se va alguien que te ha marcado tanto con sus canciones, que sientes tan cercano… Supongo que muchos me entenderán. Hay músicos y grupos que van mucho más allá de “¡Qué buenos son!” o “¡Qué concierto más cojonudo!” Hay gente que quieres sin ni siquiera conocer. Supongo que es una especie de agradecimiento por haberte proporcionado tan buenos momentos.

Yo de Golpes Bajos me se todas las letras de arriba abajo, no sólo eso, es de los pocos grupos que mientras escucho, irremediablemente acabo cantando en alto, imito hasta el sonido de los instrumentos. Pero voy más allá, intento entonar igual e incluso busco acercarme a esa magia de canto histérico unas veces y compungido otras. Hago hasta los gritos desaforados de La Reclusa, Colecciono moscas o La Virgen loca. Lo he hecho así desde joven y no he perdido esa costumbre con los cuarenta ya cumplidos. Muchas veces, en noches farra, cometo alguna de estas tropelías. En el momento, acabo ahogado y satisfecho, comentando ufano “¿A que imito bien a Coppini?”

Estos últimos días me han venido a la cabeza unas pocas anécdotas recordando la figura del personaje. Desde la contestación que me dio en una entrevista Santi Balmes (Love Of Lesbian) cuando le pregunté por él… “Si Santander quiere ser Capital Cultural Europea debería honrar a sus hijos predilectos en vida y este señor se merece una calle o una plaza”, pasando por mis desencuentros con Germán en un par de conciertos. Acabado uno que dio en el Rocambole con Los Cuatro Magníficos le pregunto “¿Cuándo vas a hacer otro disco?” (Por aquel entonces ya no me valía sólo con Siniestro Total, Golpes Bajos y sus discos en solitario de El ladrón de Bagdag y Flechas Negras, quería algo más)… contestación cruda y secante “Ni lo se ni me interesa”.
Otra gloriosa fue en 1998 cuando se juntaron otra vez Golpes Bajos, sin Luís García ni Pablo Novoa… sólo él, Teo Cardalda y otros músicos contratados para el momento. Habían hecho una especie de relectura de sus canciones con un disco llamado Vivo. Tocaron en Renedo De Piélagos. Cuando le asaltamos después del concierto le dije dos cosas “Germán coño, sólo una hora y cuarto, parecéis los Manic Street Preachers”, “Germán coño, ¿cómo no has tocado La reclusa?” Debería haber aprendido de lo del Rocambole pero a menudo no veo el peligro. El hombre me clava su característica mirada, entornando sus ojos hasta medio esconderlos en los párpados, con cara de querer estrangularme y me dice con voz suave mientras me firma “¿Cómo te llamas?” Yo contesto temeroso, me devuelve mi entrada y leo: “Para Santi el insatisfecho”. Con el paso de los años he recordado muchas veces esto porque tengo que reconocer que con dos frases, me hizo un retrato bastante certero. Si, debo ser un poco “pejiguera”

También recuerdo cuando fuimos a verlos a la Plaza del Gas en la Aste Nagusia de Bilbao. Cuando tocaron “Madrid Salvaje” la gente se puso a silbar y llamarles de todo, y Germán que parece que tampoco tuvo bastante con aquel botellazo con Siniestro Total, contestó al personal haciendo cruzar su índice por el cuello en plan “no me jodáis que os rebano”. Hay que reconocer que los tenía bien puestos.

Y por último, la entrevista que nunca me acabó de contestar y que ya, nunca contestará:
Fue algo raro, a principios del 2010 una chica de una compañía que no recuerdo, nos mandó a www.alnortedelnorte.es una nota de prensa con los artistas que tenían en el sello y nos preguntó si nos gustaría entrevistar a alguno. En cuanto vi a Coppini entre ellos no tuve dudas. Me mandó su correo, contacté con él, le propuse la idea y me dijo que no le gustaría hablar mucho del pasado. Le prometí que sería algo actual con unas preguntas puntuales sobre su trabajo anterior. Me escuché el disco de Lemuripop que es en el proyecto en el que andaba entonces y preparé la entrevista. Ni siquiera se la mandé, de repente dejó de contestar… pasados dos años y medio me llegó un correo de él con la nota de prensa de aquel disco sobre el que íbamos a publicar algo. No tenía mucho sentido, yo no entendía nada. Es como si ese correo se hubiera congelado durante ese tiempo y de repente me llegara sin saber muy bien a cuento de qué. Todavía sorprendido contesté “Germán, hace más de dos años preparé una entrevista sobre esto y no volví a saber de ti”. De nuevo el vacío, no hubo respuesta.
El pasado mes de julio tocaba en la Plaza Porticada junto a Los Voluntarios su disco “La América herida”. Acabamos en pleno verano mojados y contentos. No imaginaba que no le volvería a ver nunca más.
Me pone malo releer ahora el cuestionario que hice y ver que una de las preguntas era “¿Cómo te ves de aquí a diez años?”.
Ahora la herida está abierta y llora el corazón. Escuchar hoy “Lágrimas” es aun más desolador.
DEP Germán y gracias por todo, que fue mucho, muchísimo…

Texto: Santiago V.M.

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