Escenario principal a primera hora de la tarde

Fidelidad que empieza por la propia organización, Last Tour International y continúa por los seguidores del evento. La promotora nunca ha traicionado sus principios, ha mantenido una línea estilística coherente y no ha dado bandazos. El año pasado tuvieron que hacer una edición más modesta pero ni aún así se perdió la esencia de lo que representa el Azkena. Por otra parte, el público no se redime, miles de seguidores peregrinan todos los años a Vitoria. Mendizabala se ha convertido por derecho propio en la “Meca” del rock en España. El público forma casi una gran familia. Esta gente no solo no falla nunca, sino que además se pasan el año mordiéndose las uñas, contando los días… preparando el siguiente Azkena. Muchos de ellos hacen la espera más corta a través del foro de la web, un reducto de apasionados de la música que no pueden dejar de pensar en el festival ninguno de los días del año.


Desde hace un tiempo se vienen escuchando rumores sobre el crecimiento del festival, traer grupos más potentes, moverlo a otra ciudad… bien, creo que queda claro que la gente no quiere eso. Lo que no está roto, no hace falta arreglarlo y llegar a este nivel de complicidad entre todas las partes, creo que bien merece la continuidad tal y como está. Para ver bandas que llenan dos o tres Mendizabalas ya hay otros sitios… Puede sonar muy duro, pero si para ver a Bowie o Petty en este festival, tiene que cambiar totalmente la filosofía del mismo, y convertirse en un cúmulo de conciertos masificados y en otra ciudad con más posibilidades… prefiero no verlos, o mejor dicho, no verlos bajo el manto del Azkena. Me quedo con los Big Star, Television, John Cale, The Cramps, Iggy Pop & The Stooges… etc, etc. No es moco de pavo el cesto que vamos llenando año tras año.

Azkena, la verbena
El Jueves 4 de septiembre era la presentación, un día que siempre sale bueno, sea por los motivos que sea. Es el primero, hay menos gente, lo coges con ganas y las fuerzas están intactas… todo apuntaba a verbena y desparrame y así fue. Lo único que podríamos llamar serio fue Lagartija Nick y Radio Moscow… el resto había que verlo con las gafas de la diversión.
Así las cosas, en una gran carpa (este año doblaba la del pasado), los granadinos Lagartija Nick dieron el pistoletazo de salida sin titubeos, con un sonido aplastante y sin un solo respiro. Tocaron su disco Inercia y se fueron más chulos que un ocho. La verdad es que no recuerdo una actuación principio de festival tan sólida. También hay que saber hacer ruido.

Yawning Man me parecieron una patata intragable, rock instrumental árido, aburrido y repetitivo. Para los amantes de las etiquetas, rock-sopor.

Con Hayseed Dixie empezamos la sesión de grupos de versiones, mayormente de AC/DC… en plan hillbilly, petos y sombreros vaqueros, banjos, acústicas… la gente ya bastante suelta y el grupo que toca el I don’t feel like dancin’ de los Sccisor Sister… todo el mundo a bailar, incluso vi muchos rockeros recalcitrantes que se sabían perfectamente la canción. Total, que solo faltaba la barbacoa y los chorizos criollos.

El trío Radio Moscow devolvía al festival a la senda de la música seria. Rock-blues con un punto psicodélico. Podían recordar a Cream, Led Zeppelin, Ten Years After, Jimi Hendrix… no debían pasar de los veinticinco años y ya se veían buenas tablas. Yo ya no podía parar con mi “Air guitar”, en plan fino, de punteos, como el fenómeno que tenía en frente, sacando todo el jugo de las seis cuerdas. Todavía me llega el aroma de la baterías que suenan a lata, el pasado ha vuelto de nuevo.


Radio Moscow, las nuevas generaciones pisan fuerte

The Boss Hoss son un grupo alemán, también de versiones, y también en clave de country. Seguramente el abanico de estos sea más amplio, Electric Six, Gun, Depeche Mode… eso si, lo vaqueros son en plan Brokeback Mountain … La carpa era ya un hervidero de gente bailando, cantando, incluso hubo unas mozas que subieron con el grupo a hacer un poco el indio. Tampoco pido más.

Marky Ramone divide a la gente entre los que dicen que lo que está haciendo es vivir del legado Ramoniano y es indigno y los que no se ponen tan trascendentes y simplemente se dedican a disfrutar. Supongo que cuanto más fanático, peor te siente. Yo como no he sido fanático de los Ramones nunca, fue sin ninguna expectación, mejor dicho, pensando que iba a ser un desastre. Pues me lo pasé teta, al poco me encontré coreando temas como I don´t care, Sheena is a punk rocker, o The KKK took my baby away… incluso me parecía que Marky tocaba la batería con más clase de lo que yo hubiese imaginado. Tengo que reconocer que estaba en mi punto álgido de la noche, ya llevaba unas horas rodando por el Azkena y estaba haciendo efecto el componente socioafectivo de un acontecimiento de estos. Compartir tragos rodeado de amigos y escuchando música es una terapia infalible.


Marky Ramone puso el punto nostálgico la noche del jueves

Sobre The Lemonheads solo diré que Evan Dando Por Culo cumplió su predicción en un periódico haciendo como el anticipo una mierda de concierto. Desde luego no se equivocó ni un tanto. Se debe creer Bob Dylan pero no lo es, cambiaba todas las canciones, mejor dicho, las destrozaba De su voz salían miles de gatos aullando… una actitud bochornosa. Era como el alumno que no quiere estar en clase y se pasa todo el rato jodiendo para que le expulsen. La próxima ve que vaya a un Karaoke cogeré un tema de los Lemonheads para hacerlo como mínimo, igual de mal que el artista original. Menos mal que tampoco había puesto muchas esperanzas en ellos y que a esas alturas me daba un poco lo mismo… intenté disfrutar incluso de esto, no en vano en su tiempo me gustaron mucho. Hay que sacar punta a todo.

Menos mal que luego pinchaban los Monasterio Dj’s en la carpa y volvieron a dar muestras de su buen hacer y gran criterio musical. Como ejemplo diré que pusieron Solar Sister de los Posies. La sala Monasterio de Barcelona y festivales como el Electric Weekend o Azkena rock, ya saben como se las gastan. A ver si se acercan algún día por Santander y los podemos ver en el Metropole.

Camarero… la cuenta por favor
El viernes 5 fuimos a eso de las doce a tomar unas rondas… después comimos donde siempre. Un sitio en la calle Siervas de Jesús del que no recuerdo nunca su nombre pero si su buen servicio. Como quiera que me quería perder lo mínimo posible, comí solo, a las 14:00 horas tomé mi mesa como esos señores mayores que comen todos los días en el mismo sitio y a la misma hora. Desde allí seguí las evoluciones de mis compañeros que diez minutos después ya estaban en la mesa de al lado. Este apartheid autoimpuesto iba también cronometrado. Salí solo a Mendizabala, algo menos de media hora andando.

Animal Alpha me demostró que podía haber comido tranquilo y en compañía. No fui capaz de disfrutar de una actuación desde el prado con toda la comida en la panza y las moscas machacando mi cuerpo. La banda noruega aportaba un sonido machacón y una voz chillona bastante infernal. Primer error.

Truly fueron la gran decepción… los discos me gustaron mucho e iba con las expectativas bien altas. Además, superar lo anterior no era tarea compleja. No llegaron a conectar con la gente en ningún momento, los desarrollos instrumentales acababan perdiéndose sin hacer que se moviera ni un bigote. El sonido era deslabazado, pobre… era como ver unas alubias caldosas, sin color, sin grasa, sin chicha. Vamos, que me podía haber quedado a la comida, los chupitos y haberme echado una siesta… lástima, pero nunca se sabe.
Por si fuera poco empezaba a llover y la cosa parecía avocada irremediablemente a la zozobra. No fue así, pasadas las cinco de la tarde vino uno de los mejores bouquets de grupos que he visto yo seguidos en mi vida. Cuatro conciertos que no cambiaría por nada en el mundo, ni siquiera por una noche loca con Pilar Rubio. Hanoi Rocks, Blue Cheer, The Sonics y Ray Davies uno detrás de otro, sin respiro para coger aliento, sin tiempo para bajar de la nube, ya se lo que debió sentir Antonio David la noche de los seis polvos con Nuria Bermúdez…

Los finlandeses Hanoi Rocks salían bajo la lluvia a una hora totalmente inadecuada (tenían que haber tocado no antes de las 22:00 horas). Nos regalaron una gran actuación. Eso es saber sobreponerse a los imponderables.
Estos apóstoles del rimel, la lentejuela y la pluma, dieron certeros en medio de la diana de los que necesitábamos rock & roll de verdad, sin medias tintas ni recovecos… Encima del escenariohay que creérselo y estos chicos tienen una puesta en escena cargada de color y chulería. Michael Monroe parecía una mezcla entre Goldie Hawn y Nina Hagen… su cara de porcelana, su melena rubia… ¡Vaya locaza!, cuando bailaba ya no sabías si estabas delante de Jagger, o cualquier contorsionista de un circo itinerante… si cogía el saxo, el circo ya era el de los payasos de la tele. El metal rojo chillón y los botones dorados… hasta para ser hortera hace falta clase. Así pues se le podía ver subido a una de las torres, abierto de piernas de par en par o dando cuerda al Saxofón para que ni la lluvia pudiese manchar ese momento. Street Poetry, Hypermobile o Dont you ever leave me… eran los primeros escalones que conformarían horas después la escalera de la felicidad total. Había comenzado el festival de verdad, ya no había vuelta atrás.


Michael Monroe, el frontman del Azkena 08

“Hola, somos Blue Cheer y esto es lo que hacemos”. Así se presentaba el grupo. Lo que hicieron fue dar toda una lección del mejor hard-rock y blues progresivo, ¡vaya tres patas para un banco! El trío de finales de los sesenta crearon una masa sonora envolvente y riquísima, era como una gran ensaimada cósmica. A cada vuelta que daba el grupo, más difícil era salir de la corriente. Cada vez más profundo, fuimos arrastrados, barridos, envueltos literalmente por esa cortina eléctrica. Era un sonido totalmente plúmbeo, la guitarra de Andrew “Duck” Macdonal quería contarnos cosas, estaba parlanchina… lástima que mi vejiga llamara a la puerta con el Summertime Blues.


“Hola, somos Blue Cheer y esto es lo que hacemos”

Como los Hanoi Rocks se habían llevado todo lo malo, salimos al escenario grande y ya no llovía, pero esa no era la mejor noticia, lo mejor es que empezaron a tocar The Sonics. Al poco mis tobillos se iban de un lado al otro, las caderas se cimbreaban y no podía evitar poner mi culo en pompa y hacer los bailes del negro que nunca fui. Efectivamente, ellos están mayores pero su música hace que rejuvenezcas unos cuantos años. ¿Quieres garaje?, pues toma garaje, tengo el farfisa caliente y el saxo lo llevo ardiendo…Acabamos aullando con Psycho, Cinderella, Strychnine, o la última The Witch. Había sido muy grande, cada grupo iba superando un poco al anterior y el vaso de mi gozo seguía llenándose. Ray Davies lo desbordaría por completo.
Esto me va a ser más difícil de explicar, ni con veinte videos que colgara podría acercarme. Habría que mecerse en mi cabeza, ver que pasaba por mis neuronas, que baile se traían mis neurotransmisores y que información les estaba llegando. Llegué al éxtasis total, sin drogas, solo rock. Era el mejor momento del día, la pila estaba llena, tenía toda la carga, las sensaciones hacían sentirme más unido a la tierra que nunca, más vivo… mezclado con ese sonido maravilloso, dejándome llevar por las melodías más bonitas. Tirando del archivo sonoro de mi corazón. I’m not like everybody else, Celluloid heroes, Till the end of th day, You really got me, Lola, All day and all of the nights, Sunny afternoon, Come dancing etc, etc… Todo esto con el apoyo de una banda de lujo y mil veces mejor que en su anterior visita en el 2003. ¡Madre mía! … ¿hace falta que explique algo más?.
Cuando Ray Davies acabó el único comentario que se escuchaba alrededor de la gente que me acompañaba era “Camarero, la cuenta por favor… diga que se debe que yo ya estoy servido”.


Ray Davies de los Kinks, sobran las palabras

Yo no podía soportar más placer, pero hubo gente que si. Llegaba la hora de los Sex Pistols y dejaron satisfechos a la mayoría. Por lo menos a los que tenían dudas. A mi no me interesaban demasiado y después de la traca que llevaba, lo tomé con calma. Se me hizo eterno. No sonó mal, todo lo contrario, pero es que las canciones tenían punteos y alguna duraba por encima de siete minutos. En fin, lo contrario de lo que hacían. Ver a Johnny Rotten plantado en medio del escenario, balanceándose como una vieja poniendo cara de asno, no me producía absolutamente nada. Indiferencia. Además montaban números preparados del tipo: Espectador que tira su móvil en plan arma arrojadiza y Rotten que le reprende en mitad de la actuación. Esto, cuando pasa en más de un concierto, pues queda muy mal, yo diría que es patético. Si hubiesen acabado media hora antes mucho mejor.

El amigo Eloy dice que siempre, en estos festivales de varios días hay un concierto en el que te columpias. No vas porque no te interesa, o estabas cansado o no llegaste y justo… salta la liebre. Con Blind Melon tengo la sensación de que me equivoqué. Por lo que he leído después de manera casi unánime, se habla de uno de las mejores tocatas de este Azkena. En mi defensa diré que la carpa estaba llena, había que verlo desde atrás y decidí tumbarme en el prado. Lo escuchaba pero sin visión… en esas condiciones no hice más que esperar a que terminaran para ver a los Quireboys, uno de los grupos que más ganas tenía. Como quiera que los Pistols se retrasaron media hora y además alargaron bastante su set… pues eran ya las 3:10 cuando empezó el último concierto del día. Aguanté veinte minutos… estaba destrozado, no hay derecho a poner a un grupo tan tarde. Mi cuerpo estaba desconectado, no es que no me gustara lo que veía, claro que si, zumo del rock & roll de la mejor tradición. La sombra de los Faces revoloteando sobre la banda, todo lo que quiero de un concierto de rock, pero no a esa hora ni en esas condiciones. El año pasado los Diamond Dogs no debieron salir más tarde de la medianoche, pues eso. Ahora pienso que las dos horas que se comieron los Sex Pistols entre montar y tocar, se las hubiese dado a Hanoi Rocks y Quireboys… en fin, esto es como el fútbol, que cada uno tenemos un equipo en la cabeza.

Rock sin corsés
El sábado 6 de septiembre tenía intención de estar allí a las 15:10. Quería ver a Royal Cream. Teniendo en cuenta que este año los conciertos empezaban a las 14:30 era muy difícil conciliar música y papeo, imposible. Además de Las Culebras, que lo daba por hecho, no via los Royal Cream, me perdí también a Baby Woodrose y llegué con Sex Museum empezados… ¡joder que estrés!. De la carpa salía un volumen brutal, todo a saco, a lo lejos se oía un medley de Beast boys con Deed Purple (creo que era (You Gotta) Fight For Your Right (To Party) con Smoke on the water). No estoy seguro, estaba cambiando moneda y entrábamos, luego desistimos. Ante la seria posibilidad de perder el oído, lo seguimos desde el prado. Conciertazo en toda la regla, no me esperaba menos. Supongo que si alguno de los grupos guiris que andaban por allí se acercaron a ver cual es la cosecha patria, fliparía. Bajo esa carpa había “una pequeña central nuclear de rock”. Así se definieron en su día y allí lo pudimos comprobar.

John Cale y su rock marciano y único, provocó división de opiniones. Unos aprovecharon para descansar y otros para seguir la evoluciones de este mito vivo. Creo que fue el concierto que mejor vi. Estaba en sexta fila aproximadamente, totalmente sereno y con la luz del día. Podía distinguir todo perfectamente, ver de dónde sale cada sonido, observar la técnica de los músicos, el porqué del misterio, descubrir el talento del artista, ver los coros volar tan cerca… era como estar en una master class, solo para mis ojos. Hay gente que dice que se aburrió. (No creo que ninguno de los que estábamos cerca). Solo por ver tocar la batería a Michael Jerome merecía la pena. Yo creo que hubiese sido capaz de comer un bocadillo o ver una peli sin dejar de tocar. Tocaba con una facilidad y conocimiento brutales…
A veces parecía poseído, sus ojos se volvían blancos, entraba en trance… la batería era una prolongación de su cuerpo, sin duda. El bajo y guitarra eléctrica también andaban sobrados, y John Cale, pues ya lo conocemos todos. No tocó ninguna de la Velvet pero tampoco lo eche en falta. París 1919, Save Us o la tremenda versión de Pablo Picasso fueron alguna de las pinceladas de este músico diferente, personal, irreverente, original… Por la hora y el tipo de concierto me acordé de cuando vimos a Televisión y tuve también esas buenas vibraciones.


John Cale, un mito tocando de día

Duff Mckagan’s loaded es la banda del bajista de Guns & Roses, miembro también de Neurotic Outsiders. Nada nuevo en el horizonte, rock cargado de clichés, insustancial, sin alma. No trasmitía nada especial, desde luego que en disco es bastante mejor.

No se me ocurría otra cosa mejor que ir a coger sitio para los Gutter Twins. De camino me encontré con Javi Letamendia, Deu y Juan Escribano de Standard. Recibimiento cálido como siempre y pequeño interrogatorio para desvelar cuando coño sale el disco. Una vez bien posicionado, con algo de retraso, comienza a salir el típico humo, y las luces abren paso a dos figuras, cada cual más intimidante. Greg Dulli (Afghan Whigs) y Mark Lanegan (Screaming Trees) vestidos de riguroso negro, van a empezar su sobrecogedora actuación. Era como estar en las mismas calderas del infierno, Lanegan expiando culpas por ser tan serio, por dar tanto miedo. La misa negra capitaneada por Dulli, allí el aire estaba cargado de misterio, una fuerza invisible te estrujaba el corazón, verles cantar hacía daño. Era irrespirable, nocivo, morbosamente irresistible. The Station y su viaje a las tinieblas, Idle hands poniendo la carpa patas arriba y Front Street como la nana de un funeral, Greg Dulli nos desnudó de cualquier defensa, estábamos a su merced, mecidos por su hipnótico canto, tragando todo el veneno. Indescriptible… también se puede llegar a la emoción desde la tristeza. El segundo grupo en hacer un bis después de los Blind Melon.


The Gutter Twins en las calderas del infierno

Los Jayhawks se reunían con su formación original y tocaban un compendio del Hollywood town hall y Tomorrow the green grass. Actuación memorable, de las que dejan poso en el alma. Viviré recordando esos momentos, ¿cómo es posible que hayan estado separados y toquen así? Los ángeles del cielo deben de cantar como Mark Olson y Gary Louris juntos, solo había que mirar alrededor, ver las sonrisas de la gente, el nudo en la garganta, la emoción contenida, esa sensación de delirio colectivo. ¡Qué bonito!, tal es así que no pude más que mandar un sms a mi chicha jurándola amor eterno. Me consta que no fui el único. Teníamos delante nuestro la mezcla perfecta entre el pop y el country, las armonías vocales de belleza infinita, todo tan coral, tan bien engrasado, tan sencillo. Los Jayhawks estaban haciendo la música más luminosa de todo el Azkena. Lo disfruté como un enano. Tenía esa extraña sensación de verme rodeado de miles de personas y al tiempo, sentirme aparte de todo el universo, conectado únicamente a esas canciones balsámicas. El grupo abrió una sima en mi corazón, me pasé todo el concierto embotado, tenía la risa floja, yo se que eso me delataba. La tripleta final con Blue, Bad Time y Miss Williams guitar fue para mear y no echar gota. Evidentemente tuve que volver a pedir la cuenta al camarero.

Tengo que decir que me parecía bastante increíble que un grupo como Dinosaur Jr. no hubiese tocado en este festival cuando van al Fib cada poco. Creo que era una deuda pendiente y este año se saldó. Con tres cañones por banda… que decía la canción, porque vaya ruido que hacen solo tres tíos. J.Macis engaña con su aspecto de tío raro, parece un vagabundo al que le acaban de calzar una guitarra… pero todo lo contrario, vaya garrotazos que mete, fuzz a saco y todo un virtuoso con las seis cuerdas. Toca con gusto, rapidez y precisión. Es verdad que la voz no gusta a mucha gente, pero a mi me parece que le da un toque, esa pereza arrastrando palabras es muy peculiar. Lou Barlow maltrata el bajo como pocos. Le pega con los dedos, la palma, el antebrazo. Yo creo que el sindicato de bajos debería convocar una manifestación en contra de la violencia Barlowista. Es que se pasa. Little fury things, freack scene, Feel the pain… ¡Carne de Azkena!

Los Lobos llenaron la carpa de música fronteriza, blues, Tex-mex, rancheras. Si alguno dudaba del porqué de su presencia, me imagino que cuando escuchó la totalidad del público cantando Volver, volver… se quedaría planchado. Unanimidad absoluta, caciques y forofos aparte, en este festival gana el rock sin corsés. Puedes ver desde Los Lobos a QOTSA, pasando por Matthew Sweet o Violent Femmes… Como he dicho siempre, ell rock es algo más que una simple etiqueta. Para cerrar la noche, bailamos al ritmo de La Bamba y en el tercer bis que se pidió en todo el festival, Cinnamon Girl de Neil Young. Lo dicho, rock sin encorsetar.

Blues Explosión cerraban el Azkena. Jon Spencer y su banda, se dejaban hasta el hígado en los últimos suspiros del festival, blues retorcido y bastardo, rock y soul cavernoso, ritmos salvajes, cortados, repetitivos. Dos guitarras y batería, ausencia de bajo, Jon acelerado, excitado, sudando cada rasgueo. Música caliente, pervertida, broche final y hasta otra mariposa.

Que no cambie nunca el festival, siempre lo recuerdo como el sitio donde ves a la gente hacer el paso del pato de Chuck Berry mientras se dirige a la barra, o bailando Twist en el asfalto. Otros hacen malabarismos sobre las sillas de la terraza y hay quien no puede dejar de cabecear ni siquiera mientras mea. Son solo imágenes, símbolos ya de una cita obligada y ansiada por muchos para los que “es solo rock and roll, pero nos gusta”.

No he nombrado a Viaje 800, Sorkun, Las Culebras, The Royal Cream, Baby Woodrose, Orange Goblin o Danko Jones. Se fueron al limbo por unas razones u otras. Ya peino canas y voy cuesta abajo, intento abarcarlo todo, estar pronto y retirarme tarde. No puede ser, por mucho que me duela no se puede seguir todo. Si comes en el centro de Vitoria no llegas al recinto antes de las 16:00 horas casi seguro, eso este año suponía mínimo dos actuaciones. Si a eso le sumamos alguna que te coge con la guardia baja, el típico momento Kit Kat… pues tenemos la ecuación. Hay que seleccionar, supongo que cada año seré más selectivo. Ley de vida.

Texto: Santiago V. M.
Fotos: Javier I. Ayala “Txomin”, Rafael López Del Valle “Yonivigud”, Iñaki Bujan “Boohan”

7 Respuestas para “Fieles al festival (ARF 2008)”
  1. Robreto dice:

    Grande Santi!!!

    “No fue así, pasadas las cinco de la tarde vino uno de los mejores bouquets de grupos que he visto yo seguidos en mi vida. Cuatro conciertos que no cambiaría por nada en el mundo, ni siquiera por una noche loca con Pilar Rubio. Hanoi Rocks, Blue Cheer, The Sonics y Ray Davies uno detrás de otro, sin respiro para coger aliento, sin tiempo para bajar de la nube, ya se lo que debió sentir Antonio David la noche de los seis polvos con Nuria Bermúdez…”

  2. Stoner dice:

    Así es, es que vaya conciertitos, hombre la verdad es que me he comido a Danko Jones, hay truco

  3. Txomin dice:

    Muy buena crítica y muy bien redactada, además coincido contigo al 100%
    ¿Te gustaron las fotos?, parece que sí…para mí es un halago.
    Un saludo y a ver si nos presentamos en el siguiente.
    Te dejo, que hay un tal Stoner en el foro que no sé qué cosas (críticas o crónicas, o…)ha hecho

    Un saludo

  4. Stoner dice:

    Aupoa Txomin, fotos guapas.

    Después de que colgarás alguna tuya en el foro me di cuenta que me crucé contigo al sábado un par de veces, si lo llego a saber…

  5. Txomin dice:

    Ya tendremos ocasión.
    Me quedé con ganas de conocer a Utz, y mira que daba el coñazo a todo el que veía con muletas…me hubiera gustado conocer a Kim, a Susie, a azkenita ;)….pero así, sin tropeles.
    Un saludo y repito, fantástica crónica.

  6. despachopop dice:

    Santi, vales tanto como los Jayhawks. No lo olvides.

  7. stoner dice:

    Luk, ya sabes que el sentimiento es recíproco

  8.  
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