Texto: Santiago Veguín.
Fotos: Iñaki Bujan, Borja Vera, Iñaki Rincón y Santiago Veguín

Es bastante curiosa la sensación que va dejando un festival cuando le quedan pocas horas para echar el cierre. Tuve fuerzas para vivir los últimos coletazos, entre satisfacción y pena, cuando muchos ya descansaban y otros no piensan hacerlo hasta ser literalmente barridos. El escenario grande, ahora vacio, parece un gigantesco Land Rover enfangado hasta arriba, no volverá a arrancar hasta el próximo año (suponiendo que haya próximo). Los servicios de limpieza empiezan a acotar aún más el recinto, pensándolo bien y recordando los momentos vividos en los dos últimos días, es mejor que nadie lo vuelva a pisar hasta el 2008. A la armadura metálica sólo le queda observar como en frente suyo, los Monasterio Dj’s mantienen viva la llama, y convierten de manera mágica, el cansancio en baile, la modorra en excitación, el sueño en realidad. Estos genios de la reanimación artificial, a base de insuflaciones de Afghan Whigs, Jane’s Addiction, Queen, Stones o R.A.T.M., consiguieron salvar a unos cuantos de acabar demasiado pronto en el hotel o la tienda.

En esas horas, los platos que antes te sonaban resplandecientes ahora parecen machacados, te cruzas con zombis que van de lado a lado en medio de una marea de luces y sonidos; de repente después de un pequeño caminar, un Katxi de plástico adorna la puntera de tu zapatilla (era muy fácil pescarlos). Creo que si estás en mitad de todo el ruido y murmullo del mundo y tienes la sensación de estar viendo una película muda, es el instante de irse a dormir. En esos momentos en que las persianas se te cierran sin remisión, cuando inicias el camino al baño por enésima vez, cuando todo está ya casi finiquitado, vas y descubres tu sonrisa reflejada en ese azulejo que lleva compartiendo contigo cada una de las meadas que has echado durante el festival. Es la sonrisa del que apostó y sabe a ciencia cierta que ganó. A pesar de las dudas, a pesar de las sombras, un año más, el Azkena aprobó con nota los exámenes de Septiembre.

Antes de eso, el viernes 31 de agosto según entrabas percibías que al Festival le habían pegado un bocado importante. La carpa-terraza que otros años había a la mitad del recinto era ahora una carpita escenario más bien pequeña y se convertía en uno de los extremos donde limitaba el mismo. Así pues, parecía que nos esperaba una versión mini del evento que todos conocíamos. Al final, no lo fue tanto.

Las Furias eran las encargadas de abrir el festival en el escenario grande. Cierto retraso en las colas me impidieron llegar a su inicio. El grupo que se ganó su pase al ARF por ganar el Concurso Villa de Bilbao, intentó calentar el ambiente a base de punk-rock facilón y repetitivo. Velocidad e inmediatez sobre botas de tacón, medias de rejilla y crestas de colores.

Luego vinieron Los Coronas, el salto de calidad era evidente. Gran concierto de un grupo que parece que se conocen tan bien que podrían tocar con los ojos cerrados. R&R instrumental, sonido surfero y tintes cinematográficos. Canciones laberínticas donde verdaderamente es tan fácil perderse como encontrar la salida. Eternos duelos de guitarras… historias no narradas que se retroalimentan de su propia electricidad. Todo suma, cada pellizco de guitarra, cada redoble, la cálida trompeta de Oscar Ybarra, una sección rítmica como una locomotora a punto de descarrilar. Una actuación tremenda que acabó con una gran ovación, mucho sudor y la Fender de Fernando Pardo manchada de sangre.

Josele Santiago era el siguiente, esta vez sin el genial Pablo Novoa. Su relevo lo tomaba David Krahe que había calentado ya lo suficiente con Los Coronas.
Creo que esta actuación o la de Quique González tenían que haber sido en la carpa, en un ambiente más íntimo que es donde se manejan mejor estos dos músicos. Así las cosas, el madrileño puso ganas, humor y esa voz cazallosa tan reconocible y que apuró todo lo posible. An-tonio fue rescatada de su etapa con Los Enemigos y Tragón puso un final delirante y cargado de ecos stonianos. Dejaron un buen sabor de boca a pesar de un sonido atronador.

El duo Two Gallants formado por Tyson Vogel y Adam Stephens se enfrentaban a una audiencia cada vez más numerosa sin más defensa que una guitarra, una batería, y una armónica de vez en cuando. Country y Folk americano de sonido rasposo y arrebatos punk. Muy primitivo y a base de impulsos. Dejaron para el recuerdo maravillas como Las Cruces Jail o Steady Rollin’ pero Waves of Grain se fue al limbo (una pena).

Brant Bjork era el siguiente. Seguí desde la distancia su rock desértico y plomizo. No es que no quisiera verlo, pero cada treinta metros que conseguía avanzar me encontraba con algún conocido. Cuando lograba seguir mi camino, la jugada se repetía, después de varios intentos acabé en el punto de partida pero con más gente. Las relaciones sociales hay que cuidarlas y parece que el destino me había preparado escuchar el concierto de la mesa de sonido hacia atrás.

La banda de Tucson, Giant Sand provocaron división de opiniones entre el público. Liderados por Howe Gelb dejaron su sello de música fronteriza, honky tonk, country alternativo y post-folk. Crearon ambientes oscuros, secos y siniestros entre mandolinas, acústicas, contrabajos e incluso un piano de cola. Curiosa mezcla, algo intermitente. Canciones impredecibles en las que no hay una línea lógica. Sin duda, una propuesta arriesgada y poco convencional.

Roky Erickson, ex componente de los legendarios 13 th Floor Elevators, fue el siguiente en entrar a escena. The explosives son su actual banda de acompañamiento y los punteos del guitarra serán recordados como de lo mejor de todas las ediciones. ¡Qué maravilla!, ¡Qué gusto!, ¡Qué intensidad!, iban directos al corazón, vaya forma de despertar los resortes más ocultos, de regresar al pasado y plantar delante de nuestras narices un concierto de sonido añejo, auténtico, lleno de blues, de alma… Roky sorprendía a la audiencia con una voz nada cascada, que se notaba perfectamente… no se cansó de agradecer y devolver a cada momento el cariñoso recibimiento.

Los suecos Diamond Dogs y la anunciada con Silver Cats Horns (al final se quedó en dos músicos de los muchos que pasan por el grupo). La cuestión es que convirtieron su recital en una fiesta con mayúsculas. Como si pasáramos por un exprimidor a los Faces y los Rolling Stones. Tuvieron momentos para romper la manos a dar palmas como Closers I ever been to Memphis y otros para que hablaran los mecheros, caso de la preciosa balada Somebody elses lord. Toda una celebración de rock de saxos de taberna decadente, de pianos trepidantes, y de los cánticos de borrachos de callejón. Hay que recordar que cancelaron su actuación en la pasada edición por la enfermedad de las hijas del cantante Sulo. Saldaron su cuenta más que bien.

Curiosamente creo que lo más decepcionante del festival fueron los cabezas de cartel de ambos días. La impresión generalizada es esa.
La noche iba ya bien encauzada y TOOL nos cogió a contrapie. Creo que los papeles se cambiaron y los que esperaban algo desastroso vieron que no era para tanto y los que iban a ver el concierto del festival quedaron desconcertados. Al final, la sensación es que si no hubieran tocado, nadie lo hubiera lamentado. Música densa, trabada e interminable. Muchos efectos visuales y un cantante convertido en una sombra con alucinógenas proyecciones de fondo. Un sonido demoledor, ejecutado con una técnica incuestionable pero carente de emoción o sorpresa.

Afortunadamente Heavy Trash devolvieron las cosas a su sitio. Acompañados de la banda The Sadies, Jon Spencer y Matt Verta-Ray pusieron el escenario principal patas arriba literalmente. Rockabilly grasiento y vacilón… todo el mundo moviendo sus caderas, un circo de colores y sabores que conectaban Vitoria con Memphis. ¿Puede haber algo más grande?. Es un placer pertenecer a esos miles que siguen celebrando el milagro de la música mientras suenan canciones como Dark hair’d rider, o Yeah baby. Te empiezas a mover por estímulos, las luces verdes de Heineken en las barras provocan el mismo efecto que los colores de las tragaperras en los ludópatas… pero no solo eso, cuando respiras el aire del Azkena, te das cuenta de que huele distinto a otros aires, tiene algo único, auténtico… un aroma que solo se captura allí, ese aire huele a rock como en ningún sitio. Imposible no embriagarse de algo con tanta solera. Por otra parte, me muy difícil no recordar con cariño mis tiernos catorce y quince años cuando llevaba un cuidado tupé y Eddie Cochran, Gene Vincent o Litte Richards por ejemplo, eran protagonistas principales entre mis vinilos y casettes.

El sábado 1 de septiembre visitamos como todos los año un sitio que se llama La taberna clásica o algo similar. Se come un menú barato y rico, siempre vamos. Más tarde me enteré que estuvieron tocando los Soulbraker Company en una plaza por allí… una pena porque debimos pasar cerca, escuchábamos la música pero no acertábamos a saber de donde salía exactamente.

Desafortunadamente, los que me conocen sabe que me jode y mucho, no llegamos al primer concierto de la tarde (me gusta ver siempre de principio a fin). La verdad es que es muy difícil comer en el centro y llegar para las 16:15, hora de inicio de Hoey & the Mussels (ganadores concurso Converse). Espero cruzármeles en otra ocasión.

Los navarros Sexty Sexters dieron una lección de ganas, actitud y descaro. En ningún momento se achantaron por ser de los primeros de la tarde, no parecía importarles ser un grupo desconocido para la mayoría. Salieron con el cuchillo entre los dientes. Entregaron hasta la última gota de sudor, hicieron un concierto potentísimo, brutal, directo… Recordaban a veces a Guns ´N´ Roses, y sobre todo, se parecían muchísimo a mis adorados The Cult. No pude evitar pensar qué hubiera pasado si hubieran venido. Hicieron un guiño también a The Doors y dejaron al público entusiasmado. Habrá que seguirles la pista.

Llegaba el turno para Clawfinger, una banda sueca de rap-metal rescatada del tunel del tiempo por Last Tour y que parece no era del agrado de la mayoría… seguramente pegara más en el Festimad, por ejemplo. Por lo menos no los pusieron en horario estelar. El grupo venía presentado su reciente Life will kill you pero no dejaron de tocar canciones como la claustrofóbica Do what I say por la que fueron conocidos en todo el mundo. Unos lo vieron dando saltos o moviendo la melena al viento y otros sentados en el prado tomando un segundo aire.

Super 400 dejaron la carpa pequeña (por favor, otro año o dos escenarios grandes o una supercarpa en condiciones). Digo esto porque tras escuchar las tres primeras canciones de este power-trio de New York, y como el sol me estaba tostando la cocotera a base de bien (a pesar de estar en octava fila aproximadamente), salí a los baños a refrescar la cabeza, no fuera que me diera un mal como el que tuve por la mañana en el camping. Pues bien, a la que volví, era imposible entrar. Hasta atrás y la gente bastante junta. Tocaba de nuevo seguir el concierto desde el prado, bien cerca del escenario pero desde el verde. La verdad es que en disco no me dicen gran cosa y en vivo no pude comprobarlo. La opinión generalizada es que fueron la sorpresa del festival y que dieron un gran concierto, rock setentero con influencias de Cream, Jimi Hendrix, etc. Otra vez será, cuando pongan una carpa más grande.

Quique González era el siguiente en el escenario principal, un sitio que se quedó muy grande, demasiado. Creo que fallaron varias cosas que hicieron que el concierto no despegara nunca. La principal y ya comentada, de una música, ideal para disfrutar en espacios no tan abiertos. Tuvo una muy floja e inmerecida respuesta del público, y por último un repertorio centrado en un disco que todavía no ha salido a la venta, Avería y redención # 7. Con todo esto y teniendo en cuenta también que La Aristocracia Del Barrio es una banda relativamente nueva (Quique cambia mucho de músicos), pues seguramente disfrutamos los incondicionales y no del todo. Yo esperaba más, la voz no salía clara, la música no pegaba como debía, salía con desgana, con la misma timidez que Quique se ocultaba tras sus gafas mientras buscaba las de Mike. Eso sí, sólo por el placer de ver tocar la batería a Karlos Arancegui merece la pena el concierto y si me apuran, el festival. Es una debilidad, lo reconozco, pero es que toca con un gusto y una clase que vaya con quién vaya, es imposible no pasar la casi totalidad de la actuación siguiendo sus evoluciones. Eso, y la magnífica Vidas cruzadas que cerró el set y sonó tan luminosa como la tarde que teníamos en esos momentos.

The Cynics fueron de los últimos en incorporarse al cartel y al final, uno de los triunfadores del mismo. Estos chicos son seguro de efectividad, historia viva del mejor garage-rock. El ramillete de hits salía disparado como las pelotas de tenis salen de las máquinas automáticas. You got the love, Now I’m alone, Baby what’s wrong, Way its gonna be, Get my way, Girl, you’re on my mind funcionan por si solas, tienen el peso de los años y el sabor del vino viejo. Invitan al descontrol y a hacer el cavernícola. Y si no, que se lo pregunten a Michael Kastelic. Otra descarga de rock and roll canalla y sucio que tuvimos que seguir desde fuera de la carpa por problemas de espacio. Eso si, desde el asfalto y sin dejar de bailar en toda la hora.

The Mooney Suzuki y su genial puesta en escena seguían llenando el tarro de mi felicidad. Me imagino que para los fotógrafos un grupo así tiene que ser una bendición celestial. Garrotazos de guitarra, molinillos a lo Pete Townshend, todos los brincos y poses que se quiera y más. Carreras de un lado al otro guitarra encima, caderazos, palmas y el espíritu del rock, punk, blues, soul y pop en un solo grupo. Ramones, Kinks, Stones, New York Dolls, Who, lo mejor de cada casa en las manos del cuarteto. ¿A qué suena Oh sweet Susana?. Cuando la tocaron parecía haber estado toda la vida allí, esperando paciente el momento de volar sobre nuestras cabezas, de salir en el año en que muchos habían anunciado el cierre del Azkena para siempre.
El resultado final, un gran derroche de energía y un puñado de buenas canciones sonando a la hora ideal. Ni demasiado pronto ni demasiado tarde, con el cuerpo todavía fresco para seguir dándolo todo.

Si anteriormente he comentado que la organización le pegó un buen bocado a medio recinto para reubicar una edición no tan masiva, habrá que reconocer que los Hoodoo Gurus le dieron otro más grande a la otra mitad que quedaba. Creo que se merendaron y cenaron el ARF 2007, compensaron todas las dudas y sufrimientos previos de varios meses pensando en un festival de medio pelo, dando gloria una vez más a la cita vitoriana. Tener y poder disfrutar de grupos así compensa todo. Seguro que cuando pase el tiempo, nos acordaremos mucho de lo que nos han traído por aquí los chicos de Last Tour. Nos han acostumbrado muy mal… queremos más, y lo queremos de por vida. La trayectoria de los australianos está fuera de toda duda. (la banda se formó en 1981). El repertorio, cargado de himnos cien por cien aptos para ser coreados en masa.
La primera en la frente. I Want You Back y un mar de voces murmurando “ahaaa, ahaaa” pronosticaban conciertazo. Regalaron reliquias inesperadas como Out That Door, hits tipo What’s My Scene o la preciosa Thousand miles away. Yo creo que esta canción es tan buena, tan atemporal y tan perfecta que podría sonar en cualquier festival del mundo. La clase y el gusto no deberían tener límites ni fronteras. ¿Qué decir de Death Defying?. La tierra podía haber parado en ese instante, mis lágrimas asomaban sin poder salir, temblaban al borde como temblaba otro Katxi más, a punto de sentencia. Pusieron broche de oro con Be my guru. El veredicto del público ha sido unánime. Los grandes triunfadores del recital. Un grupo en plena forma después de algo más de veinticinco años, que gozaron además, de un sonido impecable. Canciones vitamínicas y festivas pero nada chorras. Temazos que quitan el hipo en estudio y en directo no han perdido ni un pelo. (Boohan, ya puedes dormir tranquilo).

La banda de Detroit DKT/MC3 se quedó en MC2 ya que de la formación original estaban Davis (bajo), Kramer (guitarra), pero faltaba Thompson (batería). Como invitados, Adam Pearson (Sisters of Mercy) y Handsome Dick Manitoba, vocalista de los Dictators. En un momento dado, D.M. se puso a hacer flexiones encima de las tablas, a la tercera o cuarta se desinfló. No pudo ser más premonitorio de la actuación que nos esperaba. Después de Ramblin’ Rose o Kick Out The Jams parece que bajaron el tono y dieron un concierto sin la energía que se le supone a un grupo como este, y que daba igual seguir al fondo de la barra, al lado de los baños, o sentado en las sillas de la terraza mientras cenabas un bocadillo. Nada nuevo al aparato. La verdad es que hace tres años, en su anterior visita, nadie se tiró de los pelos después de su actuación. Esta vez tampoco ha sido así, o sí, pero por haberlos traído. Fin de actuación con Wayne Kramer vestido de preso dando cera a Bush y pidiendo la paz mundial. Yo también firmo.

The Answer pusieron el mejor cierre posible. La mezcla perfecta entre Led Zeppelin, The Black Crowes y ACDC. Un show cargado de hard rock, y blues. De esos que siguen mostrando el camino de una música imperecedera y universal.
Cormac Neeson se empapó del espíritu de Robert Plant y no salió mal parado. ¡Vaya chorro que salía por su garganta!. Fue algo espectacular, de quitarse el sombrero. Esta vez, cambié mi guitarra imaginaria por el bajo imaginario. Mis dedos hacían escalas en el aire, podían tocar las notas de James Healtley, podía sentir la música hasta el tuétano. Cerré los ojos y dejé entrar ese veneno poco a poco. Una vez más pude respirar el aire que huele a rock, Under the Sky.

Al final y como siempre, triunfó el Azkena y su gente. Un festival coherente donde los haya, con unas fechas fijas, con una línea clara, con una propuesta y unos grupos que casi siempre dan un “plus” en directo. Un evento con un público fiel, que cada año se parece más a una gran familia que adelanta las navidades para reunirse en Mendizabala.

Larga vida al Azkena Rock Festival.

6 Respuestas para “Este muerto está muy vivo (ARF 2007)”
  1. Robreto dice:

    Eres un sentimental….

  2. despachopop dice:

    Stoner, MITO

  3. Stoner dice:

    Hombre, el gran Luck por aquí. A este le tenemos que hacer una entrevista también que tiene muchas cosas que contar

  4.  
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