Sala Bonifaz

Foto: Roberto Ortiz

A finales del verano pasado se anunció un cambio de filosofía en la Filmoteca de Cantabria, lo que entre otras cosas se ha traducido en una diversificación de sus actividades y en la entrada de nuevos nombres en el equipo que la conduce. Es en ese momento cuando arranca el Cine Club que ocupa la primera sesión de cada sábado. José Luis Torrelavega y Fernando Ganzo son sus responsables, y ahora responden a las preguntas de Al Norte del Norte.

Presentaos en unas pocas líneas, a modo de encabezamiento.

Fernando Ganzo: Yo soy codirector de una revista de cine llamada Lumière. He dirigido o intentado dirigir alguna película y he escrito también en varias publicaciones de cine en Francia y en España. También estoy haciendo una tesis doctoral sobre la materia.
José Luis Torrelavega: Vengo del mundo de los fanzines, y en su época de mayor apogeo escribí en decenas de ellos. Me refiero a un lejano tiempo con olor a fotocopias y a pegamento de barra, anterior al advenimiento de Internet. Participé durante años en la revista NDF, editada por la ilustre tienda de discos Bloody Mary, que posteriormente, y bajo el mando compartido de Julen Azpitarte, el diseñador y crítico Cochambre y el mío pasó a ser MOFO! Escribo regularmente en Ruta 66, con enorme placer, pues considero que, con sus lógicos altibajos, es la mejor revista de rock´n´roll jamás publicada en español. Y he participado en distintas publicaciones colectivas. Mi ocupación laboral principal no tiene que ver ni con la música ni con el cine.

¿Cómo surgió vuestra colaboración con la Filmoteca?

FG: En varias ocasiones habíamos hablado con el director de programación de la Filmoteca, Enrique Bolado, sobre la necesidad de hacer algo en torno a las películas programadas. Creíamos que era realmente posible conseguir un público más activo, con un pequeño esfuerzo por parte de quien presente la película. Algo que ayude a animarse, que invite a hacer un esfuerzo por comprender la película y hablar sobre ella. El recuerdo en Barcelona de una mesa redonda en la que participé sobre el cine de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, cineastas considerados ásperos, y que logró que la sala estuviese repleta para ver las películas, era un ejemplo ilusionante. Ya el año pasado presentamos alguna sesión normal en la Filmoteca (yo presenté El eclipse de Antonioni, José Luis Ne change rien, de Pedro Costa…), idea que no fue nada mal, creo, y así fue tomando forma una idea: establecer un encuentro semanal en torno a una película y a textos críticos elegidos por nosotros. Creíamos que con ello se conseguiría que los espectadores se aficionasen a la escritura crítica, al mismo tiempo que al trabajo de intercambio oral sobre una película. Era una forma, en definitiva, de nutrirse viendo las películas. Lo que toda la vida se ha llamado cinefilia.
JLT: El momento en el que nos conocimos en persona coincidió con esas dos presentaciones por separado que comenta Fernando, que nos dieron la idea de convertirlo en una actividad regular y, lo que no es muy habitual, hacerlo los dos juntos. La primera idea, si no recuerdo mal, era presentar How Do You Know…?, la película de James L. Brooks, que nos había gustado mucho, en la que reconocíamos unos valores muy particulares y poco habituales ahora mismo y que, para variar, había sido recibida con absoluto desprecio por la crítica española y americana. Se nos llegó a ocurrir programarla con algún Gregory La Cava… Signo de los tiempos, la distribuidora no tenía copias en versión original, pero esa fue la semilla para llevar a cabo el encargo definitivo de Enrique Bolado de organizar un cine club con presentaciones, debates y amplios comentarios de las películas.

Ne Change Rien

Ne change rien, de Pedro Costa

Resumid cuáles han sido las novedades que ha ofrecido la Filmoteca durante esta temporada en las que habéis participado. ¿Cómo están funcionando hasta la fecha estas nuevas actividades de la Filmoteca? ¿Se está alcanzando la atención y la participación que esperabais por parte del público? ¿Hay alguna sesión con la que hayáis quedado especialmente satisfechos por el resultado?

JLT: Hablaré como espectador: lo que caracteriza a esta filmoteca es muy sencillo, y eso se ha mantenido durante sus diez años de historia: su programación es sencillamente extraordinaria (reto a compararla con la que hay en algunas ciudades mucho más grandes…), lo que tiene un valor mucho mayor si tenemos en cuenta sus precarios medios económicos, su falta de autonomía y los constantes problemas con políticos e instituciones. Que en los últimos meses hayan aumentado las actividades (aparte del cine club, distintos cursos que, de paso, reivindican la importancia de eruditos tan cercanos como Paulino Viota o Antonio Santos, o intervenciones de personalidades de prestigio como Luciano Berriatúa, Carlo di Carlo, Alberto Ruiz de Samaniego o Miguel Marías –éste con un intenso seminario sobre crítica de enorme originalidad-) se debe al gigantesco esfuerzo de sus responsables (que yo, como asistente habitual, les agradezco profundamente). Y también, si no me equivoco, a una ligera relajación de las presiones y desprecios desde altas instancias. En lo referido al cine club, la respuesta del público ha sido mayor y más rápida de lo que esperábamos. Tanto que la sesión de los sábados a las cinco está ahora mucho más concurrida de lo que era habitual, con una media de sesenta espectadores. ¿Cómo puede calificarse si no es como un éxito, atraer a casi cincuenta personas a un ignoto Lang mudo que se proyecta sin música? En general, estamos satisfechos con las diecinueve sesiones que hemos dirigido hasta el momento de contestar esta entrevista. Yo destaco, como aquellas que más he disfrutado, las dedicadas a Ciudadano Kane (película complicada por el riesgo de caer en el lugar común), Harakiri de Lang (que, pese a ser una obra menor, sirvió para inaugurar con energía el ciclo a este gran cineasta), Un método peligroso de Cronenberg (un debate muy polémico y divertido) y los dedicados a Cimino, que creo que cumplieron el propósito de demostrar por qué nos parece el cineasta más dotado de su generación. Creo que las sesiones de Tourneur fueron también muy amenas. Y hemos contado con invitados como Héctor G. Barnés o Paulino Viota (su análisis de La strada, con esa vitalidad y lucidez que le caracteriza, fue para mí uno de los grandes momentos de cine del pasado año. ¡Algunos asistentes se acercaron al final al estrado para estrecharle la mano!). Estrenamos L´apollonide de Bertrand Bonello días después del Festival de Gijón (ahora de triste actualidad) con la participación de Pablo García Canga, uno de los cineastas jóvenes más prometedores y cultos. La sesión especial de Navidad en torno a Fanny y Alexander fue un gran éxito y corrió a cargo del profesor Alberto Ruiz de Samaniego, que desde la fundación Luis Seonane ha editado alguno de los libros sobre cine más originales y valiosos de los últimos años. Con Cimino y Leone las sesiones han llegado a alargarse, si sumamos película, presentación y debate/análisis, hasta casi las seis horas… Fue la prueba de que había un interés y curiosidad muy grande por parte de algunos espectadores, pero hemos decidido recurrir a películas de una duración normal y ser más precisos en los actos posteriores a la proyección. Y una idea que nos parecía básica desde el principio, y de la que estamos muy orgullosos, es la de recuperar con cada sesión algunos textos en torno a la película, que le son entregados al público y son parte básica de nuestra presentaciones y análisis. Intentamos que, aparte de su calidad y trascendencia, sean escritos inéditos en español o descatalogados. Hemos traducido a Bernard Eisenschitz, Chris Fujiwara o Jacques Lourcelles, entre otros, y se han recuperado páginas esenciales escritas por Bazin, Truffaut, Godard o Guarner. Supone un esfuerzo grande pero absolutamente gratificante, tanto que nos gustaría reunirlos y editarlos al final del presente curso.
FG: Me gustaría señalar también que durante este tiempo he podido ser partícipe de programaciones de jóvenes cineastas locales arriesgadas e interesantes, dando la posibilidad de que los creadores (gente como Rubén García, Cecilia Álvarez de Soto o Julius Richard) presentasen su obra, prácticamente inédita, en persona ante el público, cosa que, por mi experiencia en la ciudad, no es algo muy habitual. Fue una experiencia muy placentera, daba la sensación de que se estaba moviendo “algo” en Santander.

La puerta del cielo

La puerta del cielo, de Michael Cimino

-En general, ¿pensáis que el público de Cantabria es cinéfilo?

FG: Habría que empezar preguntándose si el público español es cinéfilo. Creo que la existencia de la cinefilia en España ha sido en muchas ocasiones algo errático, que ha funcionado por impulsos. En ocasiones dio lugar a la aparición de muchas publicaciones (Contracampo, Nuestro Cine, Film Ideal, Cinéma Universitario, Dirigido Por, Casablanca…todas ellas nacidas en un lapso de tiempo relativamente reducido, muchas incluso cohabitaron), y ahora mismo en Internet están surgiendo muchas (así empezó Lumière, pero también Contrapicado, Detour, Transit…), con una pequeña confusión, y es que Internet está identificando la figura del cinéfilo con la del que escribe de cine (puesto que casi todo cinéfilo hoy en día, antes o después, publica sus textos en alguna parte en la red). Teniendo en cuenta, pues, el panorama nacional (y más aún, el mundial, porque yo creo que la verdadera cinefilia, la cinefilia popular, ha desaparecido a nivel mundial, y yo mismo en mi respuesta estoy haciendo una amalgama entre cinefilia y crítica de cine), es decir, un panorama marcado por la inconstancia, por algunos gestos críticos y cinéfilos fuertes que por desgracia no encuentran respuesta, creo que Cantabria no sólo es cinéfila, sino que lo es bastante. Pongamos un ejemplo. La retrospectiva Sacha Guitry que tuvo lugar en la Filmoteca el año pasado. Un cineasta “popular” pero que, por todo lo que he dicho, hoy en día es casi visto como una figura para cinéfilos “hardcore”. Pues bien, una sesión en Santander tenía normalmente unos 25 espectadores, lo cual puede parecer poco. Pero si tenemos en cuenta la población de Santander, eso querría decir que el equivalente, por ejemplo, en Barcelona, sería que una película de Guitry tuviese 235 espectadores, ¡y en Madrid 470! Sin embargo, cuesta mucho imaginar una sesión en Madrid de una película de Sacha Guitry a la que acudiesen 470 personas. Es una estimación tramposa, pero en calculo “real”, en base a la oferta cultural de cada ciudad, serían 150 espectadores en Madrid, lo cual parece ya complicado. Por esa razón, creo que Cantabria no puede quejarse de cinefilia. Es más, por mi trabajo en mi revista, viajo mucho por España, y puedo decir que en Santander y en Cantabria se encuentran varios de los cinéfilos más valiosos a nivel nacional.
JLT: ¡Qué pregunta más complicada! Con el término cinéfilo se han catalogado básicamente dos posiciones ante el cine que no tienen nada que ver. Una estaría teñida de sentimentalismo, y es esencialmente nostálgica (nostálgica de un tiempo que nunca existió, lo que es inquietante) y pone por delante las sensaciones. Habla, en primera persona, no tanto de las películas, como de la vida de las personas que las ven. La película preferida sería aquella que vio en un momento feliz de su vida, o en la que se refugió para evadirse de momentos aciagos, la que le recuerda a una antigua novia, a una tarde de navidad sin clases etc…. Para concluir habitualmente que, definitivamente, cualquier tiempo pasado, el del cine y el suyo, fue mejor. Aunque esta actitud es pasto de chanzas desde hace muchos años (y provocó como negación la institucionalización de una etiqueta bastante idiota, “cinéfago”), yo la veo reproducirse ahora de distintas maneras, de forma más degradada, por ejemplo en la idolatría compulsiva y acrítica hacia las series de televisión. La otra pondría por delante las ideas. Considera el cine una fuente de conocimientos humanos con la misma entidad que cualquier otra manifestación artística, con sus propias formas de expresión y sus propios instrumentos, y trata de entenderlos y saber por qué se utilizan unos y no otros. En mi opinión, esta segunda idea no es elitista en absoluto, y está al alcance de cualquiera que tenga curiosidad y ponga interés y atención en las cosas, y es perfectamente coherente con uno de los rasgos más fascinantes del cine, por desgracia muy diluido desde hace muchos años, como es su componente popular (y es evidente que la gran mayoría de los logros del cine han venido de esos momentos en que existía un pacto con el espectador basado en ese componente…). En lo referido a los cinéfilos en Santander, Fernando lo ha explicado muy bien al hablar de la asistencia a sesiones “difíciles” de esta Filmoteca en proporción al número de habitantes de la ciudad, y volviendo al cine club, la consolidación de un grupo habitual y fijo de espectadores y la participación activa y enriquecedora de algunos asistentes cuando se logra una buena atmósfera en los debates me hace ser optimista. Aparte de que, es cierto, en Santander hay un grupo de personas con una erudición y una pasión por el cine sorprendente para una pequeña ciudad provinciana.

-¿Cómo se decide qué película va a centrar el cine club de cada sábado? ¿Hasta qué punto tenéis alguna influencia en lo que se programa?

FG: En un momento inicial del proyecto nos planteamos la posibilidad de pensar nosotros mismos una pequeña programación exclusiva para el cineclub. Económicamente era inviable, así que decidimos, y muy a gusto, pues encontramos más que interesante la programación habitual de la filmoteca, adaptarnos a ella. De este modo, dentro de la programación de cada semana escogemos la que nos parece más adecuada para el cineclub. Para ello tenemos en cuenta muchos factores: ¿Fue una película importante para la cinefilia a nivel histórico? ¿La duración es excesiva, lo cual podría plantear conflictos para el debate posterior? ¿La película es representativa de algo, puede dar origen a un intercambio de ideas interesante? También intentamos intercalar estrenos con películas antiguas, lo cual permite acercarnos a algunas películas en un estado de verdadera virginidad intelectual, esos debates suelen ser muy vivos y enriquecedores.

Yo anduve con un zombie

Yo anduve con un zombie, de Jacques Tourneur

¿Hay alguna película que como capricho personal os gustaría que ocupara el espacio del cine club?

FG: Naturalmente, un montón. Muchas de ellas no son ajenas a la línea de programación de la filmoteca en realidad. Tanto clásicos que adoro, como La regla del juego, de Renoir, como películas de estreno que me han impactado, como How do you know..? de James L Brooks. De forma más egoísta aún, me encantaría que se pudieran hacer sesiones sobre cineastas franceses menos conocidos en España que me han marcado muchísimo, como Jean Grémillon o Jean-Claude Biette. O rarezas de la serie B americana o del cine ruso. Incluso algunos cineastas de vanguardia darían lugar a sesiones muy interesantes. De todos modos ahora mismo abordamos a uno de mis cineastas favoritos, Fritz Lang, así que nuestros anhelos están a menudo bien satisfechos.
JLT: La lista sería interminable, pero fundamentalmente me gustaría poder ver o volver a ver mis películas favoritas en pantalla grande en copias nuevas (un deseo que, por otra parte, la filmoteca ha cumplido con creces durante años) y alternarlo con otras que no he logrado ver jamás, y con muchas que encuentro extraordinarias pero que están en unas condiciones lamentables en las copias que circulan, pongamos Pattes Blanches de Grémillon o las grandes de Hiroshi Shimizu. Por decir un título que todos aspiramos a poder programar un día, Poema O More de Yulia Solnsteva y Alexandre Dovjenko, y repetir aquella mítica sesión de la filmoteca de Barcelona, hace más de diez años, presentada por Pere Gimferrer. O Femmes Femmes de Vecchiali. Estoy de acuerdo con Fernando en que con el tiempo sería una gran idea recuperar a los más significativos cineastas experimentales (además tenemos en Santander a un gran entendido en estos apasionantes márgenes del cine, como es Félix García de Villegas). Ninguna posibilidad está cerrada; tampoco, obviamente, la de dedicarnos a títulos de estreno que puedan dar lugar a debates y análisis fértiles. Por dejar volar la imaginación, me parecería estupendo programar cosas tan variadas como Luces de la ciudad de Chaplin, Le Téâtre des matiéres de Jean-Claude Biette, Good Sam de McCarey, Crónica de Anna Magdalena Bach o Dalla nube a la resistenza de Danièle Huillet y Jean-Marie Straub, Un crimen por hora y los trabajos televisivos de John Ford, Duelo en el barro de Fleischer y un especial de Stan Brakhage. Pero lo que tendremos en un futuro cercano me parece impresionante: ciclos de Lang, Hawks, Franju, Lubitsch, Rivette o Pabst, y quizás (si los medios lo permiten) Mikhail Romm, con el asesoramiento y colaboración del experto José Manuel Mouriño.

-Es conocida vuestra afición por la música. Hasta ahora a menudo parecía que la programación de música y de cine en Bonifaz se estorbaban mutuamente. ¿Hay algún plan para que esto cambie?

JLT: Ni las actuaciones musicales ni las obras de teatro desarrolladas en este cine han sido programadas por personas cercanas a la Filmoteca. En mi opinión, la Filmoteca debe ser, estrictamente, un espacio para la programación de actividades relacionadas con el cine. Con su inauguración se logró por fin tener una sede centralizada para unas programaciones cinematográficas regulares y rigurosas que demandaban un lugar y unos horarios fijos por una simple cuestión de seriedad cultural, una lucha en pos del buen cine y en contra de toda impostura cultural cuya bandera ha enarbolado durante décadas Enrique Bolado. Programar conciertos y obras de teatro aquí, sea cual sea su importancia y calidad, habiendo otros lugares perfectamente preparados para esas actividades, supone una falta de respeto a lo que supone la Filmoteca y un desprecio a sus asistentes. Recordemos que esas programaciones se han hecho habitualmente a traición, sin avisar, anulando pases de películas, recortando días de programación. Y además, estas actividades, que reúnen trabajadores externos a este cine, han provocado problemas materiales en algunas proyecciones, y puedo aportar mi experiencia: al no haber retirado las luces de una obra de teatro, una proyección de La habitación verde de Truffaut se estropeó por culpa de los reflejos en la pantalla.

Hasta que llegó su hora

Hasta que llegó su hora, de Sergio Leone

-Siempre me ha dado la impresión de que la Filmoteca y sus actividades no están tan bien publicitadas como se merecen, con lo que mucha gente no llega a conocer la programación. Por otro lado, pienso que esto puede ser un mal común a muchas de las cosas que se hacen en Cantabria ¿También lo veis así? ¿Prevéis algún cambio en este sentido?

FG: Como dices, creo que es un problema de toda la región. He vivido varios años en París, donde la oferta cultural es prácticamente inabarcable, y me perdía menos cosas que aquí, porque simplemente me podía enterar con más facilidad de lo que tenía lugar. No soy quién para señalar responsabilidades ni apuntar a posibles vías (aunque la publicación de un semanario gratuito, o casi, de venta en quioscos, que recogiese la oferta cultural de la semana no debería de ser muy complicada ni costosa, menos aún si hablamos de un equivalente web, donde ya hay cosas pero ninguna es totalmente completa, muchas veces son blogs como el vuestro los que permiten enterarse de muchos conciertos, por ejemplo).
JLT: Cuando se habla de cultura, si no hay vedettes y posibilidad de hacerse fotos con un famoso, el cine es el último mono. Y cuando por fin se habla de cine, a uno le siguen sorprendiendo las prioridades de los centros de la información. Con un ejemplo bastará: la filmoteca proyecta estos días copias excelentes (las mejores disponibles en 35mm) de importantes películas de Fritz Lang, algunas muy difíciles de ver, varias con acompañamiento al piano cortesía de un reputado profesional en estos menesteres como es Javier Pérez de Azpeitia. Se envía la información a los periódicos, pero éstos prefieren dedicar un generoso espacio a las proyecciones en dvd de unos cuantos títulos de este mismo director en un centro comercial.

-Los cines de Cantabria son pocos, y a menudo parece que mal avenidos. ¿Por qué es tan difícil poner de acuerdo a los distintos exhibidores (Groucho, Filmoteca, Los Ángeles, salas comerciales…) para que sus programas no se solapen ni se hagan competencia desleal?

JLT: No creo que la Filmoteca esté mal avenida con nadie. Cada uno de esos exhibidores es hijo de padres distintos (públicos o privados) y sus objetivos e intereses son totalmente divergentes, lo que hace muy difícil esa hipotética organización en común. En algunos, como en la Fundación Botín, en ocasiones se han organizado actos relacionados con el cine de gran interés. Pero me gustaría contestar esta pregunta en primera persona, y quiero que se me lea como espectador interesado en el cine que busca siempre las mejores condiciones para disfrutar de una de sus aficiones: en lo referido al cine, no hay ningún espacio actualmente en Cantabria con la seriedad y rigor de la Filmoteca de Cantabria. El hecho de que los problemas y obstáculos de esta institución sean grandes no hace, en mi opinión, más que aumentar el mérito de su labor. No tengo ningún interés en ver películas en un cine en el que no saben adaptar el proyector al formato original de una película de Charlot. Tampoco en ver las últimas películas de Kaurismaki, los Dardenne, Clint Eastwood o Cronenberg dobladas. Quiero escuchar la voz de Michel Piccoli y de Owen Wilson, no la de un ventrílocuo. En algunas instituciones públicas (y no quiero dar a entender con ello que sea algo exclusivo de Cantabria, todo lo contrario…) se recurre a las películas para utilizarlas como instrumentos meramente funcionales, como ilustración superficial de charlas de contenido médico, social etc…, ignorando el posible valor estético, exhibiéndolas dobladas y con los formatos achatados o equivocados (algo que en dvd se soluciona dándole a un botón…). Este concepto “instrumental” del cine, basado en las supuestas bondades del contenido, en su importancia coyuntural, en su utilidad social, genera también un tipo de cine falsamente comprometido, un arte ONG que pone en segundo término la forma cinematográfica. Tanto la Filmoteca como el cine club se rebelan contra esa idea. Y lo hacen, además, intentando no caer en prejuicios. Una de las más frecuentes críticas se refiere a la proyección de películas de estreno, que son, y esto conviene subrayarlo, proyectadas en versión original, lo que hace de la Filmoteca de Cantabria el único espacio de nuestra región en el que se pueden ver películas de estreno en su integridad. Esto, evidentemente, obliga a una selección, que por otra parte no olvida títulos supuestamente “menores” o más claramente “comerciales” que no tienen por qué carecer de interés. Pero rechazar el que un público habitual, curioso y abierto de miras, pueda ver en las condiciones correctas, las que permiten un juicio matizado, la última de Malick (que no me gusta) o James Gray (que considero un cineasta muy bueno) es algo que no entiendo. Lo más significativo de todo esto es que las personas que más se quejan de la línea que sigue la Filmoteca (y algunas de esas protestas incluso han sido publicadas en la prensa…) jamás vienen a ver un Pialat, un Pedro Costa, un Guitry, un Murnau, un Tourneur o un Cimino (quizás sí un Woody Allen, un Urbizu o un “indie” americano) y jamás acuden a una charla de Luciano Berriatúa o a un curso. Y tampoco elogiarán que Film Socialisme de Godard se proyecte en 35mm y no en un disco cochambroso, como fue lo habitual en su estreno, o que Susan Ray presente una proyección especial de We Can´t Go Home Again de Nicholas Ray. Y es que, por muchos errores y cosas cuestionables que tenga la filmoteca (en buena parte achacables al estrangulamiento económico que ha padecido y a su falta de autonomía), ¿qué tipo de aficionado puede poner “peros” a pasar una tarde-noche de verano en un cine enlazando Two Lovers y Brigadoon en copias estupendas y en versión original?

Two Lovers

Two Lovers, de James Gray

Texto: Carlos Caneda Fernández

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