Elliot Brood

Lugar: Sala Tropicana Club (Santoña)
Fecha: Jueves 18 de Mayo
Hora: 21:30h
Entrada: 10€ anticipada, 12€ en taquilla
Puntos de Venta: Discos Flash (Santander, Pub Velvet (Torrelavega), Ocumare (Laredo), Café Tropicana, El Bar de Moe, Café Drum y Pub Metrópolis (Santoña)

Su biografía asegura que son de Canadá, pero su música se mueve con soltura por el pasado más remoto de la música
norteamericana deteniéndose a repostar en abrevaderos tan ilustres como los de Palace, 16 Horsepower, Tom Waits o incluso el del árido Nebraska de Bruce Springsteen. La imponente presencia del banjo, punzante y doloroso como una sierra mecánica, y unas letras en las que personajes históricos reviven para airear sus miserias han convertido su primer disco, el brillante y desolado Ambassador, en una auténtica joya de lo que ellos mismos han bautizado como Death Country. Una vistosa y valiosa actualización de los rincones más oscuros del folk.

Lo afirmamos ya: Ambassador (Houston Party Rc) es el disco que los barbudos buscadores de oro elegirán como el mejor de 2006. Una fabulosa new country experience, grabada en el frío invierno canadiense durante tres días y tres noches en un matadero abandonado. Lo que parecen baterías puede que sean maletas golpeadas con baquetas, y ese extraño eco es cosa del hueco de la escalera del sótano y de las furgonetas desguazadas que alguien se dejó donde años atrás mataban a las vacas. Si alguna vez pensaste cómo sonaría un proyecto paralelo de Bob Dylan, Kurt Cobain y un banjo, la respuesta la tienes delante.

Elliott Brood es un trío de Toronto (Canadá) formado por Casey Laforet (piano, lap steel, voces), Stephen Pitkin (maletas, batería, voces) y Mark Sasso (banjo, guitarra, voces). El banjo encabeza este desfile de historias de perdedores, y pocas veces este instrumento ha sonado en los últimos años tan amenazante. Puede que sólo en manos de 16 Horsepower. Esa banda y Tom Waits (éste sobre todo en la primera mitad del disco) son dos buenas opciones para hacer comparaciones con Elliott Brood. Porque al igual que ellos, evocan todo lo sombrío, sobrenatural y oxidado de la vieja Norteamérica. Aquel mundo de trenes solitarios con chimeneas de humo, de vals lento y tiroteo rápido, de manos mordidas por serpientes de cascabel y de pies lavándose en ríos helados. Las voces las suben al límite en armonías que se antojan como el resuello de The Band. La voz más cantante es Casey Laforet, que te recordará a Ben Ottewell (Gomez) y al rasposo Rod Stewart de principios de los 70, pero con Maggie May envuelta en algún crimen sangriento o huyendo de la ley.

Porque en Elliott Brood siempre sobrevuela el suspense y el peligro inminente, como si vieras solo en casa una película y tuvieras muy presente que algo malo va a ocurrirle al protagonista, pero no sabes qué ni cuándo. La banda se formó en 2002 y debutó discográficamente en 2004 con el EP Tin Type. Desde entonces su punzante mezcla de bluegrass aullador, gravilla folk e imágenes de pérdida amorosa y elegías a mitos colectivos ha dado forma a una galaxia extraña y sin un equivalente claro en el country alternativo (quizás Uncle Tupelo, Palace Brothers, el Conor Oberts que hace dúos con Emmylou Harris, sin toque femenino). Elliott Brood son la antítesis de la america ñoña, a la que disparan entre los ojos con una bala atemporal sacada de la canana de Harry Smith.

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