Hiperactivo, así es. Deke, ayudado por un “traductor oficial” escogido ad hoc entre el público de la primera fila, nos avisa: “Crazy Joe ha tomado mucho postre en la cena, el azúcar se le ha subido y ahora ya no hay quien le pare…”. Esta advertencia cobra sentido cuando Joe empuña la guitarra y empieza a tocar una vertiginosa versión de “El Vuelo del Moscardón”.

El empollón Crazy Joe, autoproclamado “rey del nerd-a-billy”, es el nuevo músico de acompañamiento de Dickerson para esta gira, que junto a Sugarballs (sí, exacto, cojones de azúcar) forman los Eccofonics, esa máquina de fabricar música que recupera todo aquello que pueda sonar a los años 50: rock&roll, country, swing, rockabilly…

Sugarballs a la batería
Crazy Joe

Pero no adelantemos acontecimientos, y empecemos por el principio. Yo tenía bastante curiosidad por ver la Danelectro que el de Missouri ha hecho marca de la casa, un peculiar modelo de guitarra eléctrica con doble mástil, pero todavia habría que esperar para eso. A eso de las 10 salen al escenario de Los Picos (“Nos gusta este sitio, es el The Cavern español”, dicen) Deke Dickerson a la guitarra, Loco Jose (pronúnciese con el acento americano de Deke) al bajo y Sugarballs a la batería. Comienzan a caer canciones (hasta ¿26? pude ver en el set list que tenían en el suelo junto con el Jack Daniel’s), piezas sónicas vintage que recrean todo lo mejor que se pueda encontrar en catálogos como el de Sun Records. Ahí van cayendo temas de la amplia discografía que juntan los tres músicos, además de versiones de Johnny Cash, Jerry Lee Lewis o el mítico Hoollie Woollie.


Nos cuentan que Dickerson no para: 225 conciertos al año, y aún saca tiempo para organizar dos festivales, gestionar su propio estudio de grabación, escribir una columna fija en la edición norteamericana de la revista Guitar Player o colaborar en el programa de radio de Bob Dylan. No sé si es que contagia a sus compañeros de escenario, o es que sólo escoge a hiperactivos como él, pero parece que nadie es capaz de mantenerse quieto ahí arriba.
Comienza la locura, Dickerson se transforma en Mr. Entertainment. Sin parar la música se intercambian los instrumentos varias veces, Sugarballs con la guitarra, Crazy Joe a la batería, Deke al bajo y después al contrabajo, y al contrario, y del revés, y casi haciendo el pino. Aquí no hay un solo frontman, todos se atreven a todo, y punto.

Dickerson se mete varias veces entre el público, se le gana. Por fin empuña su Danelectro, con un sonido que lanza descargas atronadoras y termina por coger una lata de cerveza con la boca para hacer la fuente, bañándonos a todos en cerveza y rock&roll. Lo lleva escrito en la panza de su guitarra y nos lo hace saber una y otra vez. Ahora, a ver quién pone freno a todo esto.

Para ir terminando, Dickerson y Crazy Joe se disponen a tocar a cuatro manos esa guitarra de doble mástil. El grandón Dickerson parece un ventrílocuo manejando al pequeño nerd. Ahí suelta una buena ristra de riffs; entre sonidos del hillbilly más cletus distinguimos el “Crazy Train” de Ozzy Osborne, el “Sweet Child o’ Mine” de Guns&Roses o el “Misirlou” de Dick Dale. El delirio.


Y es que el silencio molesta cuando termina un concierto como este.

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