Fotos cedidas por www.denaflows.com
Texto: Santiago V. M. (Stoner)

Nada grave, su vida no corre peligro pero este año ha estado cojo. La cosa empezó mal, hasta diciembre no anunciaron las fechas del festival, y acabó mal, con un concierto de Rocket From The Crypt en el escenario principal (Kevin Ayers) que nos tiene que dar la clave de que el sábado, algo falló. Yo no recuerdo irse un grupo para camerinos y escuchar silencio, no hubo aplausos, ni gritos, ni silbidos, simplemente, se fueron y la gente se quedó sin hacer nada. Entre medio, ha habido cosas buenas, como un primer avance ilusionante, cosas menos buenas… hemos estado dos tandas de cinco meses más o menos sin una sola noticia del evento. La falta de información alimentaba encima los rumores, algo había que decir, investigar, averiguar. Los rumores siempre te suelen poner los dientes largos, y luego la realidad te devuelve a la tierra. Este año había muchas bandas interesantes girando cerca. Por ejemplo, de memoria… Ben Harper & Charlie Musselwhite en Italia un par de días después, Ten Years After en Oporto el mismo fin de semana, Neil Young, Crosby, Still & Nash, ZZ Top girando por Europa, Nick Cave presentando su nuevo disco… muchas cositas. Al final, por lo que sea, que ya no me interesa… tema de subvenciones, por elegir una fecha u otra, por culpa de grupos que no tienen palabra y una vez contratados dicen que ya no tocan… el caso es que después de un bastante buen viernes, y un principio de sábado digno… la última tanda del escenario principal, los últimos tres grupos, donde suele estar el cogollo del asunto, fue como tirar cinco o seis horas a la basura. Luego pasaré a explicarlo.

Me llevo un sabor de boca agridulce porque hasta ese último cuarto, la cosa iba bien. El castillo de naipes iba correcto, pero cuando fuimos a colocar la carta de Warren Heynes, se cayó todo lo anterior. Last Tour parece que ha hecho autocrítica y han comentado que este año hay cosas que no se han hecho bien, espero que lo arreglen para el siguiente, que el 2013 haya sigo una marcha atrás para coger impulso, al estilo 2007. Creo que al techo del Azkena este año le han salido humedades, y las consiguieron tapar, le dieron una mano de pintura. Yo iba convencido al final, de hecho he visto todos los conciertos y en el único que me he sentado fue en el de la Mula, con MClan estuve pululando y lo seguí a mucha distancia, no me decía nada… Horisont desde la distancia también, pero estos me agradaron. El resto, todos los demás, todos sin perder detalle.

Quiero decir que no ha sido todo malo, ha estado muy bien hasta que la humedad volvió a salir. Porque Last Tour, más allá de darle una mano de pintura, lo que tiene que hacer, es arreglar la gotera. El responsable de los horarios este año se ha lucido. (Está claro que cada uno, como en el fútbol, haríamos una alineación). Teniendo el mismo plantel, con otros horarios, la cosa hubiera ganado y mucho. (Opinión personal, claro está, como toda la crónica). ¿Cómo pueden tocar MClan el viernes a las 20 horas en el grande y una banda como los Sheepdogs a las 2:30 de la madrugada y ser cortados a poco más de media hora de comenzar? Los perros ovejeros se llevaron una de las ovaciones más sonoras que yo recuerdo en Vitoria, y no les dejaron salir, les dieron el mismo tiempo que a Quoaoar por ejemplo. El horario y el escenario de MClan, debería haber sido para los Sheepdogs. Seguramente, ahora estaría hablando en otros términos, y la crónica también sonaría diferente. No se puede poner una banda como a Gov`t Mule con el mejor horario de todo el festival, en el Escenario principal a las diez de la noche a administrar esa anestesia generalizada. No es un concierto para ver a esa hora. No es el sitio, que los lleven a un teatro. Lógicamente con los Gaslight Anthem la cosa no se puede recuperar mucho, y Speedo ya acabó de joderla, pero es que la gente ya llegó muy cansada, dormida, y como es mi caso, de mala ostia. RFTC tenían que haber tocado a la hora de Gov’t Mule y estos de día, mucho antes. Heaven’s Basement me parecieron lo suficientemente interesantes para no ser los primeros y lo suficientemente intrascendentes para poder ser los últimos. Creo que se merecen más público del que va al inicio y también das la opción a la gente, de si está muy cansada, saber que se pueden ir al hotel sin perderse uno de los grupos punteros del festival. Los que se queden van a disfrutar de un concierto animado para la última hora. Heavent’s Basement podrían haber tocado perfectamente a la hora de RFTC. Para abrir, pones a Los Zigarros. El horario que verdaderamente me ha parecido que venía como anillo al dedo fue el de J.J. Grey & Mofro, y así quedó de bien. Así pues, mientras el sábado caminaba hacia la salida, iba mentalmente regresando al principio, todo lo que mi subconsciente tapó fue aflorando como en una especie de hipnosis, lo malo empezó a flotar, me volvió a invadir cierto espíritu crítico y claro, las humedades volvieron.

El jueves por Vitoria muy bien,los conciertos de la tarde bien, los Whybirds geniales, pero los vimos en una carpa de boda… Tampoco vamos a quejarnos, lo organizaba la Asociación Cultural Araña, (y gracias que lo hicieron). El caso es que se quedó pequeño. Total, que no hubo jueves en Mendizabala, que fuera del jueves, no ha habido los conciertos en la plaza de la Virgen Blanca, se ha reducido mucho la actividad en lo que es el casco Vitoriano, aunque no deje de haber cosas puntuales. Ni que decir tiene que el tercer escenario ha desaparecido… el sábado no hemos tenido cabeza de cartel, Last Tour ha incluido a dos grupos suyos con muy buenos horarios, grupos que no han despertado precisamente mucho entusiasmo entre los aficionados… Poco personal en las barras, pocos baños, no había cambio de moneda… en fin, cosas que no gustan. El sábado no lo noté, pero el viernes (13.500 personas) la cosa cantó y mucho. En definitiva, lo que pudo ser y lo que fue. El viernes me iba satisfecho al Hotel Dato, a pesar de las cosas que no me gustaron y ya he relatado. Después de unos bailes en la Carpa, enfilaba el camino al taxi sonriente y contento. El sábado reflexivo, triste y con ganas de más. Lo dicho, un festival cojo, no completo. No puede ser que te haga la misma ilusión saludar y poner cara a la gente que no conoces que alguno de los conciertos que se programaron. No puede ser que en mi recuerdo, pese más haber conocido el sábado a Fernando (STAR) y haber pasado una estupenda mañana con él, su hermano y mi tropa, que el concierto del supuesto cabeza del día. (STAR cabeza de cartel del sábado). Está claro que las relaciones sociales van unidad al festival, pero esas las cuidamos nosotros, van a seguir a su alrededor, el festival no puede conformarse con pensar que allí hay unos miles que vamos todos los años porque en Vitoria se está cojonudamente, nos encanta el evento y el día que no exista, alguno cae en depresión. No hay que instalarse en la comodidad. Este año se han salvado los muebles, pero hay que hacer deberes para el siguiente, hacerlos rápido. Poner fechas y contratar ya algún cabeza de cartel sería una buena manera de empezar.

El viernes 7 supera las previsiones más optimistas.

El viernes Quaoar, ganadores del Villa de Bilbao daban el pistoletazo de salida. Bien para empezar, no es mi estilo pero se reconocer cuando alguien lo hace bien. Las guitarras estaban muy bien trabajadas, la voz del cantante un buen chorro, quizás abusara demasiado de su capacidad vocal. Lo que no me cuadraba era la acústica para ese tipo de música. La sombra de AIC es alargada. Añadiré que ya a esa hora teníamos las pantallas funcionando, otros años no conectaban hasta los grupos importantes… y diré también que la imagen que daban, la definición, era mucho mejor que otros años.

The Socks desde Francia, hicieron un concierto correcto, de esos que pasaran al olvido en la historia del festival, pero que en el momento, siendo una hora temprana y con las ganas de saber que apenas hace una hora acaba de comenzar otra edición, pues todo se vuelven ventajas. Muy mal hay que hacerlo para no disfrutar mínimamente. Sonido a Zeppelin, Sabbath, lo que más ha abundado en esta edición…

Sex Museum como siempre dieron un buen concierto, ya sea en carpa o escenario, ellos dan una buena nota siempre. Esta vez hacían un repaso de sus primeros dos discos con sonido más garagero pero no renunciaban a clásicos ya en su repertorio como la mezcla del Smoke on the water con el You gotta fight for your right (to party) que tanto se disfruta en directo. Los Deed Purple siempre presentes en sus canciones, no sólo en esa. Fernando Pardo en su discurso final, animó a los gariteros a seguir yendo a los conciertos de sala, y a los que disfrutan de los más grandes, tipo Bruce Springsteen, a apoyar también a artistas con menos nombre.

The Sword bien, el Doom Metal no es lo mío, pero también es verdad que hay grupos de rock o pop que deberían gustarme y no lo consiguen… estos en directo los disfruté. Música granítica, rocosa, con mucho plomo. Un volumen importante y un sonido, que a mí, al contrario de la mayoría no me pareció malo. Son como un martillo pilón, van a velocidad constante haciendo su trabajo de demolición. Música de esas de erosión a largo plazo. A ambos lados del escenario, siguiendo las evoluciones desde dentro, gente de los Black Crowes y Smashing. Con la versión Cheap Sunglusses de ZZ Top volví al pensamiento de casi todos los años ¿Por qué no ZZ Top al Azkena?

MClan no me interesaban mucho, pero como con todos me dispuse a darles una oportunidad, de camino, mientras pides en barra y te encuentras gente, y vas al baño y te pierdes y te vuelves a encontrar, y todas estas cosas, pues acabé viendo el concierto desde la distancia, no me estaba dando ninguna pena no entrar. Demasiado tiempo medio, bastante tenues o ligeritos, ni siquiera el Baba O’riley de los Who me movió un pelo. Eso sí, se chuparon un horario cojonudo en el mejor escenario. Cosas de Last Tour priorizando con sus pupilos.

Alberta Cross buenos pero esperaba más. Por ejemplo, Magnolia. Me encanta esta canción, pero claro, en directo no llegaron a recoger toda su esencia, todo su esplendor, que es mucho. El grupo no me acababa de convencer, tenía muchas esperanzas puestas en ellos, quizás demasiadas expectativas. El caso es que fueron de menos a más y acabaron por todo lo alto con ATX. Aquí el sonido no me resultó tan bueno. Lo mismo resultan demasiado “indies” para estar allí. Batería de estas que se colocan en el lateral del escenario, cantante con voz a lo Perry Farrell, canciones con aroma a The Verve, una mezcla demasiado rara.

Eso, y que venían los Black Crowes fue suficiente para ver a los Alberta lo suficientemente cómodos pero no con la sensación de caldera que necesita un concierto para sentir el contagio generalizado y la energía que devuelve el público al grupo. El viernes, ya desde primera hora había una cantidad importante de gente. La cosa marchaba, los agoreros, los que pronostican el fin del festival… el viernes se quedaron sin coartada. Tengo que recordad que en el 2009 no conecté con los Cuervos, se me hicieron muy pesados.

Como imaginaba, es muy raro que el Barça pierda dos partidos seguidos. Seguí un lateral para acercarme bastante al escenario, y desde allí remontar posiciones todo lo posible para centrarme, hasta que no pudimos más, y los vimos más o menos ladeados pero medianamente bien. Por las pantallas asoma una foto de James Gandolfini… el concierto será en su memoria. Es difícil resumir cómo fue, yo no encontraba palabras o titular a semejante despliegue. Es que lo tienen todo, y lo utilizan todo correctamente, es un prodigio de técnica, gusto, equilibrio. Es música coral, solidaria, espiritual, llena de matices, con unos desarrollos brutales. Suavemente me mecen, me tienen enganchado, y cuando quieren te suben. Chris se atrevió con la manga corta pero no se descalzó. El tiempo ha estado de lujo, en general, ni frío polar ni un calor inaguantable, mucho sol y ni una gota de lluvia. No se puede pedir más. El principio del concierto con Twice as hard, Sting me y Hotel Illnes ya me metió en la senda, luego no salí en ningún momento. Ballad in urgency, Wiser time, Feelin’ Alright (Traffic), la interminable Thorm in my pride, Remedy o el bis con una mezcla del Hard to handle y Hush son unos pequeños ejemplos de lo que allí degustamos. Abrieron el manual por la página uno y cerraron por la última. Un perfecto resumen de cómo se debe tocar rock and roll, rock sureño, soul, etc, etc. Y eso que no vinieron las negras.

The Smashing Pumpkins me proporcionaron también de los mejores momentos de la noche, y del festival. Bullet with the buterfly wings, Cherub rock, Tonight, tonight, Stand inside your love… demasiado impregnados en mi adn como para no volverme loco. Por si fuera poco disfrutamos también del Space Oddity de Bowie. Encima la banda era solvente… una bajista que toca de manera casi erótica (ese mástil tiene que disfrutar lo suyo), un batería que no queda en ridículo en la comparación con Chamberlin y un guitarra y ruiditos varios, que da el apoyo perfecto para que Billy Corgan cometa a gusto, todos sus excesos, maltrate su guitarra, y saque esa mala ostia y garra de las canciones. Como “pero” diré que hubo una parte central de transición que a la mayoría acabó por aburrir. Temas del Oceanía y esas cosas. Fue en la mitad, para mí no fue grave porque lo que hubo alrededor de esos veinte minutos o media hora, lo que hubo delante y detrás, absorvió eso de sobra. Lo que me jode es que dejaran fuera 1979. Eso sí, escuchar Disarm bajo el cielo de Vitoria fue una gloria, cerrar los ojos e intentar aguantar las lágrimas sin conseguirlo, porque aquella sensación era más fuerte que todos los muros de contención que yo pudiera intentar ponerme, y además ¡qué coño! hay que dejarlo salir aunque duela. Realmente uno de los momentos del festival. En el escenario además, había alguna pantalla, un montaje más o menos llamativo, no al nivel de unos KISS por supuesto, pero que al lado de la austeridad del resto de los grupos, llamaba la atención.

Luego vino la canallada a los Sheepdogs. Me sirvo en barra y llego con dos canciones ya empezadas y aquello ya estaba patas arriba, con toda la gente desinhibida, feliz, había mucha luz, mucha positividad, el grupo tocando de pelotas, y un sonido prácticamente de dvd. Yo estaba ya arriba, de los dos conciertos anteriores así que seguía subiendo. Encima era el grupo que más ganas tenía de ver. Aquello sonaba a Grateful Dead, Allman Brothers, Santana, la Creedence, Beatles… lo que ya sabíamos, era un compendio maravilloso. Era demasiado bonito, íbamos muy tarde de horario y decidieron cortarles, cuando mejor iba todo, el “conciertus interruptus”. La ovación de la gente fue de las más sonoras que yo recuerdo, fue increíble, no había nada que hacer. Les deben una, nos deben una.

Lo que hablaba antes de los horarios y distribución de grupos, escenarios, y cosas para mí, muy desaprovechadas y algunos que no la han visto tan gorda en su vida. En fin, estoy caliente con el encargado de los desperfectos. Me gustaría saludarle un día y preguntarle qué criterio siguió. Con Horisont ya desde la distancia, me dediqué a estar al plato y a las tajadas, a la charleta y a la música, porque yo soy capaz de estar hablando y haciendo “air guitar” mientras escucho a la banda, nada demasiado diferente a los Calcetines de primera hora, por decir unos… Pues eso, lo que comentaba antes, un grupo interesante para no poner los primeros pero que puedas decidir, irte o quedarte o quedarte a medias o estar medio atento sin que te suponga un daño considerable. Sin perderte a un puntal del cartel. Todavía la carpa me dio para echarme unos bailes, buena selección de música para mover un poco las caderas y a las cinco al hotel más feliz que una perdiz. Al día siguiente la cosa mutó.

El sábado 8 falló la parte alta del cartel

El sábado llegábamos tarde, bueno, muy justos… pero el primer concierto tenía sólo 35 minutos. A poco que te despistes te quedas sin la mitad. Para evitar perdernos un solo segundo del festival hicimos una especie de etapa ciclista contra el reloj, y andando rápido conseguimos entrar más o menos a las 17:18 minutos aprox. Objetivo cumplido.

Los Heaven’s Basement ante una audiencia reducida, cumplieron con la ingrata tarea de abrir el segundo día cuando mucha gente sigue estirando por la ciudad la sobremesa. Con ese tiempo no queda otra que darlo todo, y así hicieron. Temas como Fire, fire o I’m electric son canciones directas y pegadizas. Para ir con el cuchillo entre los dientes y los puños en alto. Tienen el toque hortera de los 80 pero el resultado final, es que acabas cabeceando y tarareándolas. Un cantante hiperactivo, con los movimientos de una especie de David Bisbal rockero dirigía con nervio y brío a la banda (a veces demasiado). También me llamó la atención el batería. Tenía tal envergadura que las piernas dobladas le quedaban a ambos lados de la batería, como si el instrumento tuviera patas, como una especie de centollo. Pues el gigante tocaba bastante y también le gustaba hacer malabares.

Troubled Horse que en disco suenan como un cañón, allí en el principal, no tenían tanta fuerza, entre otras cosas por un sonido bastante bajo. El concierto fue creciendo, de menos a más. Los guitarras ejecutaban unos dibujos muy bonitos, se complementaban muy bien, se compensaban… en algún momento recordé a los TSOOL aunque ha estos les queda bastante. La actitud menos fiera, desde luego. El cantante Martin Heppich era muy peculiar. Este me parecía el Miqui Puig del rock. Un osito peludón con cara de crío travieso. Su puesta en escena bastante pintoresca, con juegos del tipo “ahora me estrangulo con el micro” o “el baile del robot poniendo cara de Herman Munster”. Quitaba seriedad a la propuesta, sin duda. De hecho me parecía mentira que esos tipos de arriba, fueran los del disco, que, sonando a música de los 60/70, tiene mucha más garra. En el disco van desatados, en el Azkena con cuidado de no descarrilar. En la carpa y con mejor sonido, hubiera ganado mucho la cosa. (Diré, como cosa positiva, que este año la carpa sonaba muy bien).

Los Zigarros jugaban con el “handicap” de poder superar las dudas sobre su inclusión en el festival y el padrinazgo de L.T. No en vano los han metido además de en ARF, en BBK Live y En Vivo. Vamos, campaña de acoso y derribo para presentar su primer disco. Yo no les hubiera metido, principalmente por ese motivo, más allá de que peguen más o menos, siempre van a estar mirados como unos enchufados. En fin, de meterlos, los pones los primeros para seguir evitando dudas sobre favoritismos. Una vez dicho esto, y escuchado el disco, el concierto fue lo esperado, un grupo con aires stonianos, con la sombra de grupos de rock argentino revoloteando a su alrededor… cumpliendo esa apartado de grupo festivo y con canciones que son r’n’r simple, directo y efectivo. Que si unos punteos de Chuck Berry por aquí, que si unos riff de Richards por allá, etc. Hablar por hablar o No obstante lo cual, son un ejemplo claro de lo que hablamos. Cerraron con Bailaré sobre tu tumba de Siniestro Total. Diré que por lo menos, su incidencia fue mucho menor en el resultado del festival, que la que tuvieron por ejemplo Gov’t Mule, y a estos no les critican tanto.

Salimos de allí, el aire olía a una mezcla de orín y marihuana. El día anterior había unos cuantos cohetes bien rebosantes de pis, supongo que además el prado acabaría bien regado. El sol estaba levantando toda esa mezcla, pero sólo lo noté de pasada, cerca de unos baños. Fue un momento afortunadamente, porque como he dicho otras veces, allí, en ese asfalto sagrado, el aire huele a algo especial, un olor agradable que reconozco año tras año cada vez que piso ese terreno. Nada que ver con ese fogonazo pasajero.

Hablando de olfato, J.J. Grey & Mofro, desde el primer minuto daba todo el olor de CONCIERTAZO, así, con mayúsculas. Mi nariz no me engaña. Cuando encima del escenario hay músicos que tiene un punto más, que sabes que cláramente, la van a liar… se ve enseguida, se intuye ya en la primera canción. Es una percepción, una magia que hace que veas algo diferente, algo de un nivel mayor. J. J. Grey me enganchó la patata y se la llevó, me emocionó sin límites, me hizo sentirme feliz y agradecido de estar allí, disfrutando de un día brillante gracias al él y a la providencia, gracias a la música, a la música bien hecha, y gracias también a Last Tour por haberlos contratado. (También hay que reconocer la capacidad de esta promotora para acercarnos grupos, que de otra manera, dudo mucho que pudiera ver). JJ Grey y su banda, dieron uno de esos conciertos perfectos, en los que no cabe ni una sóla pega, en los que además de ver a una buena banda, a un buen cantante, además de sonar de miedo, el repertorio está elegido con criterio y la interpretación de las canciones en directo hacen que mejoren respecto de su escucha en el disco. Las subidas, las paradas, al interacción con el público, si es que saben hasta como presentar a los músicos enganchando con el subidón que te provoca la canción. Lo hacen todo bien, manejan los tiempos a la perfección y la gente está comiendo de la mano de los artistas desde el primer minuto. Estás relajado, feliz, en ese momento todo es buen rollo, todo es armonía.

Brighter days y la constatación de que sí, es un día brillante, luminoso como el soul de los americanos, la brisa de Vitoria ya no huele mal, sólo huele a algo indefinido, que no sabría explicar pero que reconozco siempre que vuelvo y respiro ese aire, mezclado con esa música maravillosa y rodeado de gente que está allí sintiendo lo mismo, viviendo lo mismo. Sobran las palabras, con una mirada vale, todos lo entendemos. Unanimidad absoluta entre el público, esta es la diferencia entre tenerlo y no tenerlo. Entre lograr la conexión o quedarte en cortocircuito, aquí las palmas salen espontáneas, la música las encuentra sin esfuerzo, saltan como un resorte. No es menester arengar al personal desde el escenario. Todo fluye, algún ritmo más funky, algo de rock, góspel y mucho soul. Música americana de pata negra. El show daba hasta para que se divirtieran los más pequeños, que los había… Saxo y trompeta no paraban de bailar al son de las canciones, unos pasos sencillos pero que eran como una pequeña coreografía. El chorro de voz de nuestro protagonista, impresionante, capacidad y sentimiento, un instrumento más, una perfecta guía para el resto. Este concierto, esa hora, allí en medio de una nube porque era lo más cerca de estar en el cielo, para mí ya vale por todo el Azkena de este año. Habría merecido la pena sólo por eso, aunque ya estoy contando que hubo mucho más. Después de ver eso, cualquiera se presenta a tocar… “qué pase el siguiente”.

Uncle acid & the deadbeats en la carpa hacían su papel, con un estilo totalmente diferente. Unos melenudos con todo el pelo delante de la cara, como una cortinilla que no deja ver ningún gesto, ejecutaban impasibles su propuesta. Empiezan fuerte con I’ll cut you down. De nuevo teníamos sonidos más plomizos, con ecos de los 70. Guitarras en un eterno bucle, sonido saturado, y con algunas gotas de psicodelia. Blue Cheer o Black Sabbath entre las influencias más claras. El ambiente se carga de oscuridad, aquí el rollo satánico también está presente, Charles Manson presidiendo de manera siniestra canciones que también parecen desangrarse poco a poco, como una muerte lenta por agotamiento con fuzz cargados de plomo. A mí también me sangran los ojos. El kalimotxo y un sol cegador son los culpables. Llega un momento en que el “Astro Rey” se cuela en la carpa haciendo la lona inútil para los que no están en las primeras filas. Doy la vuelta a mi visera para taparme el cuello. A pesar de lo que pueda parecer, este año me he controlado de lo lindo, autoregulación se llama, como un termostato interno que me ha ido ayudando en todo momento. El colesterol, el ácido úrico, unos pequeños avisos del tipo “están las cosas un poco altas” y he ido piano piano. Dejando descansar alguna vez el cuerpo, he seleccionado más y mejor. A veces los parones eran impuestos, como la media hora que me pegué en la barra entre Black Crowes y Smashing, pero eso fue por motivos ajenos.

El sábado dijeron que éramos 10.500. Si es cierto, me alegro mucho pero yo no noté mucha más diferencia con el viernes. Aún así, había mucha gente esperando a Los Enemigos, seguidores de años ya. Creo que fue un gran concierto, por sonido (como un cañón), canciones (un repertorio de hits bien clásicos) y porque ellos parecen estar en forma. Comenzaron con El ataque de los hombres de Bruster y después de esta instrumental, fue un no para de canciones reconocidas y reconocibles, una buena ristra de himnos. A pesar de lo surrelista de las letras de Josele, la gente acaba cantando sin complejos. An-tonio, Me sobra carnaval, John Wayne o Desde el jergón, unas breves pinceladas de todo lo bueno que nos regalaron. El concierto además, para mi contó con un plus inesperado. A mí izquierda se sitúo un ángel que me hizo la velada más agradable si cabe. La tenía de perfil pero sólo con eso ya sabía que era la chica más guapa de ese año, bailaba como si hiciera el amor con el aire, como mi adorado Tim Booth cuando se deja llevar, cuando deja que la música fluya… como quiera que no la veía la cara completa, al final del concierto me fui escorando un poco hacia atrás y antes de que fuese demasiado tarde, puse mi pie de manera intencionada justo detrás, sólo había que esperar el pisotón, el giro y por fin tener su carita de frente. Bien, la guinda a un concierto estupendo.

Gov’t Mule fueron el principio del fin, me noquearon, me mandaron a la lona en cuatro canciones. No se oía, bajísimo, podías hablar sin problema con la persona de al lado, algo realmente frío, sin traspasar, un auténtico ejercicio de onanismo por parte de Warren Haynes… no digo que no sean buenos, pero la diferencia, por ejemplo de eso, con lo de JJ. Grey, clamaba al cielo. Eso era “rock sureño” pero sin r. Tedioso. Me fui a comer un bocadillo porque eso no había Dios que se lo comiera. Hora punta, concierto que se supone que estelar y un planchazo que no es de recibo. A esa hora la cosa pide algo con más energía, o por lo menos con más alma. Insisto, lo de arriba se quedaba arriba y ni siquiera ellos parecían muy satisfechos. Para acabar una especie de versión del Love me do que escuché desde la distancia porque nunca más regresé y el bis, un reggae por si faltaba alguien por dormir o morir de sueño. Juro que este concierto cambió mi visión del Azkena de este año. Un ladrillo como ese y lo que vino después, convirtieron un sabor dulce hasta ese momento, en amargo… Nadie me quita de la cabeza el pensamiento de que pudo haber sido mucho mejor.

Y es que los Gaslight Anthem después de media hora de parón, para adecuar el mismo escenario (esto tampoco favorece, deberían seguir alternando el grande y la carpa hasta el final, para no parar), tampoco despertaron el animal. Algo más de marcha pero sin pasarse. Esperaba un concierto centrado en The 59 sound y la cosa no fue tal. En disco tienen un pase, la verdad es que me apetecía verlos. Nunca me había planteado ninguna duda en torno a los mozos, de hecho no comprendía las discusiones de los detractores. Pues no sé si gracias a la mala ostia que cogí tras la Mula o que verdaderamente al grupo, le hace falta varios hervores o una mezcla de todos esos factores, que al final pueden ser aleatorios, pero que declinan una actuación hacia un lado u otro… me pareció un grupo ramplón. Con un bajo y baterías limitadísimos, con tres guitarras que tampoco hacen que aquello suene demoledor, con un cantante con buena voz y con canciones, pegadizas, alguna incluso bastante interesante, pero que acaban siendo un rock pastelero, blando y sin el nervio o la mala ostia necesaria. Brian Fallon se mostraba simpático con el público, avisaba que ellos no tienen canciones tan buenas como los Crowes mientras amagaba con una canción del cabezón del viernes. Acertó, no hacía falta decirlo pero por lo menos le honra la puntualización. Pude ver gente más joven, claro que con la edad que tengo, empieza a ser normal. Pude ver a las chicas muy motivadas con estas canciones de rock and roll edulcorado y pusilánime. Recordar que en ese escenario y a esas horas hemos visto a Ray Davies, The Cramps, Iggy & The Stooges o Paul Weller, tampoco ayudaba. Es que este año he echado de menos al viejuno de todos los años.

Con los Walking Papers saltó la liebre, fue lo único bueno que pude rescatar de las últimas seis horas del sábado. En el Escenario George Jones el grupo dio un concierto, diferente, extraño, único. Con una mezcla de estilos que no sabría muy bien encajar y un cantante que era un puto superclase. Hubo gente que cuando se enteró de la baja de Duff McKagan optó por no verlos (error). Con sólo batería, teclados y guitarra/voz, (tampoco estaba Mike McCready que colaboró en el disco) fueron capaces de saltarse los debates de estilo y simplemente, llegar, ver y vencer. Porque esta música se puede escuchar en el Azkena pero me la imagino perfectamente también en el Primavera Sound, Fib o cualquier otro festival que proyecte grupos de rock o pop. Estos son una especie a cuidar. Otro “rara avis” que nos acerca a España Last Tour, no todo tiene que ser Pearl Jam o Metallica. Este grupo es capaz de hacer crujir las canciones como madera seca… con riffs y ritmos secos y cortantes, con una voz que parece haberse tragado a Ian Astbury (The whole world’s watching, your secret’s safe with me o Two tickets and a room son claros ejemplos). Esas canciones me llevan al disco de la cabra de los Cult. Benjamin Anderson al teclado le da ese toque de misterio y peligro. Barrett Martin (Batería de Screaming Trees) aporrea que da gusto, esto ya lo podíamos intuir sabiendo de dónde sale. Red Envelopes recorre la carpa como si Billy Idol se hubiera apoderado de ella.

Pero esta parte convive con otra, totalmente diferente pero no menos interesante. Allí arriba, el puto amo es Jeff Angel (voz y guitarra). Dirige, manda, supura clase por todos los costados. Lejos de tener delante al típico melenudo de barbas, el mozo, espigado y bien trajeado, nos deleita con unos bailes que jamás hubiera imaginado en ese tipo de formación. Desliza sus pies por el suelo como si hubiera una cinta, hace el baile de los espejos invisibles, ¿es cantante, es actor, es bailarín o es mimo? No lo sé, pero se ve que ese elemento brilla en el escenario con luz propia, es como si estuviéramos viendo un mutante entre James Brown, Michael Jackson y Beck. Jeff empuja el pie de micro y antes de que el foso lo engulla, pisa la base para que vuelva a su sitio, como si fuera un péndulo, juega con el sombrero, crea el silencio. Juro por Dios, que me quedé hipnotizado ¿De dónde ha salido este personaje? Con The Butcher la música se puede escuchar y se puede ver. Como un blues crepuscular, las notas del teclado anuncian un final, imagino el pub del fondo del callejón oscuro, un empleado sube los tamburetes encima de las mesas, mientras, un hombre solitario pide el último whisky matapenas, el dueño está pasando la bayeta, el bar ya echó el cierre, la puerta metálica a media asta, el borracho insiste y dueño acaba poniendo algo de mala gana “la última y te vas…” es tan decadente, tan noctámbula, con ese toque cabaretero… brutal. Fueron lo únicos que maquillaron el último cuarto de festival.

Rocket From The Crypt, uno de los conciertos más esperados de esta edición, resultó un fiasco, un timo, una de las grandes decepciones de todos los Azkenas que he vivido. ¿Motivo? Habría que preguntar a John Reis “Speedo”. O no tenía ganas de tocar, o le gusta provocar o es un loco peligroso. Antes de la actuación Sergio me contó que en su día, se rumoreó que quemó su local para cobrar el seguro. Después de verlo en acción me creo cualquier cosa. Todos los que habíamos esperado con paciencia a esa última actuación, deseando acabar ya, por todo lo alto, bailando y desmadrando, nos encontramos de primeras, antes de empezar con ninguna canción con un “speech” de 15 minutos. Alucinante, presentó a la banda con tropecientos nombres y con diferentes procedencias, vaciló al cámara de la pértiga, nos enseño hasta las caries en plan Bono hablando al objetivo, tuvo una conversación consigo mismo a través de la pantalla… en fin, todo lo imaginable menos tocar. Una vez se decidieron a empezar con Born in ’69 y On a rope, la gente ya estaba hasta los cojones, literal. Para colmo de males aquello sonaba fatal, nos movimos de sitio por si era la proximidad a la columna de bafles… aquello no se arregló. Era un batiburrillo infecto, todo amontonado, todo una amalgama cutre. Eso tenía muy mala ingesta. Pues al poco, otra vez un rollo de diez minutos, luego se enzarzó con alguien que le estaba haciendo una peineta. Lamentable, el resto del grupo miraba con cara de circunstancias. Esto, en un festival donde tienes un set reducido, y a última hora de los tres días, con un tipo de música que es sota, caballo y rey, directa y a la yugular, no procede. Para terminar la charlotada, invitó a la gente de las primeras filas a hacer el pogo sin camisetas, que es como se hace. Allí se quedaron unos veinte temerarios pasando frío. Speedo pidió que se las tiraran e inició una especie de cata olfativa… bizarro y chusco a más no poder. En otro momento lo mismo hasta hace gracia. A esa hora me cagué en toda su parentela. Así acabó el sábado, pinchando en hueso.

Al día siguiente, con tranquilidad visitamos por última vez el Café Victoria. Mi cuadrilla de Cantabria (cada vez menos) y yo, repasábamos el ARF 2013… Nacho se despide de la camarera hasta el año que viene, pero el pájaro no lo hace de parte de todos, lo hace a título individual. Nacho el amoroso… Supongo que Mick69 y Lales ya estarían en Santander, lo menos, eran cerca de las 14 horas y no nos habíamos ido. Yo si me plantan otro festi seguido acepto el reto. Me quedé con ganas de más. Nos despedimos todos, con ganas de irnos pero sin ganas de dejarnos de ver, hasta la próxima… El Pequeñín y Nacho tiran a Los Corrales de Buelna, mientras Sergio y un servidor, después de volver a perdernos para encontrar el coche, iniciamos marcha a Santander. Esta vez, las ganas de ver a mi niña, hacen que no haya depresión post festival. Ahora tengo este aliciente que antes no tenía.
Larga vida al Azkena Rock Festival. Estaremos esperando el 2014 descontando los días, como siempre.

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