No, no estamos en New York City, ni en 1976, ni la Sala Heaven es el CBGB, la catedral del punk neoyorkino en la que se dieron a conocer los Ramones hace más de 30 años. Sin embargo podemos afirmar, salvando las distancias, que el pasado viernes retrocedimos en el tiempo inmersos en una descarga ramoniana de las de antaño. La triste desaparición por diferentes circunstancias de Joey Ramone, Dee Dee Ramone y Johnny Ramone ha convertido a Marky Ramone en una leyenda viva del rock & roll. Es el precio a pagar por llevar el legado de los Ramones por todo el mundo.

A medida que se acercaba la hora señalada se asomaban más y más fans portando sus camisetas con el escudo de los Ramones por el polígono industrial donde se encuentra la Sala Heaven. Es lo que tiene llevar el “apellido” Ramone, vayas donde vayas, en cualquier rincón del mundo siempre habrá fans que te arropen. No hubo una gran afluencia de público pero eso ya no es ninguna sorpresa, de sobra sabemos como está montado el negocio musical de la radio fórmula. Todas las generaciones estaban representadas en la sala: había cincuentones, cuarentones, treintañeros, veinteañeros y teenagers, y es que nos haremos viejos pero los temas de los Ramones siguen siendo tan frescos como hace treinta años y a los fans de toda la vida se les van uniendo las nuevas generaciones.

En primer lugar actuaron Idolos del extrarradio, quienes demostraron porque son una de las formaciones de Cantabria más consolidadas. Su propuesta musical puede gustar más o menos, pero no se le puede poner ninguna objeción a su actuación, gran puesta en escena y una brillante ejecución.

Era el turno de Marky y sus chicos. Aquellos que querían verlo de cerca se aferraron rápidamente junto al escenario. En esta ocasión Marky vino acompañado de un guitarrista español, un cantante americano y una bajista inglesa, todos ellos muy jóvenes. Marky Ramone cuenta con muchas horas de vuelo, son más de mil conciertos a sus espaldas y a lomos de su batería no se le escapa el más mínimo detalle, lo tiene todo bajo control. Aunque estuvo un tanto frío con el público dio muestras de su amabilidad y respeto hacia los fans.

El repertorio, como ya nos adelantó en la entrevista que nos concedió, se nutre exclusivamente de temas de los Ramones y claro está… esa fórmula es infalible. De los veintisiete temas interpretados, diecinueve pertenecen a los cuatro primeros álbumes del grupo. Los Ramones no son de esa clase de grupos a los que sólo se les recuerda por una o dos canciones. Son tantos y tantos los hits de esta banda, decenas y decenas de clásicos que es difícil quedarse con alguno en particular. Ritmo acelerado y machacón, melodías perfectas, estribillos antológicos, letras kafkianas y ni un solo punteo. Eso son los Ramones y eso es lo que nos ofrece Marky esta noche.

El concierto en sí fue muy divertido, formato Ramones, el escudo gigante en el fondo del escenario, Hey Ho – Let´s Go gritaban los chavales de las primeras filas, nervios, tensión, ya se acercan al escenario. Marky saluda al público y… one, two, three, four – Rockaway Beach a saco, tal como empezaban los Ramones sus conciertos allá por los finales de los 70, movimientos de cabeza, saltos, brazos al aire, el público enloquece. Siguen con Teenage lobotomy, después I don´t care, le sigue la legendaria Sheena is a punk rocker, Havana affair, Commando con las cuatro reglas de los Ramones, 53rd & 3rd, Beat on the brat (golpea al mocoso con el bate de baseball), Now I wanna sniff some glue (una oda a las drogas baratas de la época), I just wanna have something to do, I wanna be sedated, She is the one, Psycotherapy, Judy is a punk (segunda estrofa igual que la primera), The KKK took my baby away, Rock and roll high school, Pet Sematary, una de las obras maestras de los Ramones y banda sonora de la película de Stephen King, Chinese Rocks o el estilo de vida de Dee Dee Ramone, I don´t wanna walk around with you, Today your love tomorrow the world, Pinhead y el momento mágico del cartel del Gabba Gabba Hey.

El sonido no es el mismo que el de los directos de los Ramones, eso es imposible, Marky no tira tanto de platos en la base rítmica como nos tenía acostumbrados en los tiempos de los Ramones, incluso se atreve con algún redoble, cosa que no ha hecho en treinta años de carrera, alguno no entra a tiempo, pero no importa. Esto es punk-rock y los Ramones fueron sus creadores.

Una mínima parada y vuelven para ofrecernos I wanna be your boyfriend, esto sí que es una canción de amor y no todas las horteradas que se pueden escuchar en la radio a diario, Cretin Hop (todos los cretinos van al cielo) y Do you remember rock and roll radio. Nuevo parón y dos versiones: un guiño a Joey Ramone con la versión al más puro estilo ramoniano del Wonderful World y el tema que Motörhead dedicó a los Ramones (R.A.M.O.N.E.S.). Cerraron con Blitzkrieg bop, el primer tema del primer disco de los Ramones, posiblemente su canción más conocida. Marky se despidió del público y se marchó tal como vino.

Y cuando todo es perfecto en semejante noche para el recuerdo, debemos volver a la realidad; ninguna guitarra sonará como la Mosrite Ventures de Johnny Ramone, nadie aporreará el bajo como lo hacía Dee Dee Ramone, y ninguna voz podrá hacernos olvidar a la de Joey Ramone, por no hablar de su mera presencia, de lo que eran capaces de transmitir estos tres chicos, originarios de Forest Hills en el barrio de Queens en Nueva York, sobre un escenario. Descansen en paz, siempre estarán presentes en nuestros corazones, Gabba Gabba Hey¡¡¡.

Texto: Carlos Rico (Pelotas)
Fotos: Nacho Fernández-Campuzano

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