Desde Getxo, Zodiacs venían a presentar en la sala Black Bird de Santander, su nuevo trabajo, Radiaciones luminosas. El mes de marzo está viniendo muy cargado de conciertos interesantes, sin ir más lejos, en una sola semana, hemos tenido a Corizonas (sábado 2), The Sadies (jueves 8), y el mismo viernes 9 además de Zodiacs, en Liérganes nos visitaban los Three Seasons, y en el BNS, The Mighty Stef. No se si esto influyó decisivamente a la hora de que la gente se asomara al concierto, pero la afluencia fue muy discreta. Y eso que la entrada anticipada, salía solo por ocho euros. Comparando con lo que hay actualmente, puede parecer un precio de otras épocas, igual que su música… siempre han sonado a grupos de los 80/70, ahora han ido, todavía más atrás.

En esas condiciones que he comentado, cualquier concierto se hace raro, poca gente y muy desperdigada, se pierde parte de la presión, excitación. Es difícil que haya contagio. Hay que reconocerlo, ocultos en la multitud, los tímidos nos manejamos mejor. Puede estar más cerca de algo como un ensayo a puerta abierta… por momentos parecía uno de los conciertos de Radio3.
Además, después de la actuación estaba programada una fiesta Jägermeister, tras la última canción, en el local pusieron la música y no hubo opción a bises. Creo que los conciertos por debajo de una hora y cuarto deberían estar penados, ya se que hay muchos músicos que prefieren dejarte con ganas de más que acabar aburriendo, pero yo soy de los que gusta acabar bien lleno, en la música también. Creo que hay un tiempo mínimo de calentamiento y una vez estás verdaderamente cómodo, cuando la inercia de la música sigue elevándote, hay que dejar que la gente disfrute durante un tiempo. Si no, parece que te quedas a medias, como si antes del desenlace de una peli de intriga, se fuera la luz en tu edificio.

Por lo demás, es decir, lo importante… el grupo, la música, las canciones, el sonido… muy bien… La banda hizo su trabajo, dejó al personal satisfecho y vendió algún que otro disco. Lo que estuvo en su mano.
Siempre me llamó la atención la habilidad que tienen para hacer canciones directas, sencillas, efectivas… de consumo inmediato, de fácil digestión. Como el propio Ignacio Garbayo me decía hace un par de años “hacemos canciones para gritar, saltar y bailar”. Ahora además, han teñido su propuesta de influencias más sixties. Yo disfruto especialmente cuando la máquina del tiempo me devuelve a aquellas músicas y aquellos años, que por edad no he vivido, pero que de alguna misteriosa manera, parece tengo impregnados en mi ADN. Debo reconocer que llevaba un par de semanas sin dejar de dar vueltas a “Radiaciones luminosas” en mi equipo. He llegado a poner el disco incluso dos veces seguidas de tirón. Algo realmente excepcional y casi desconocido para mí. Con la cantidad de música que hay para escuchar, como para poner dos veces lo mismo… En este caso me he saltado todos mis rituales, las canciones son realmente adictivas… de estas que se repiten en la cabeza durante el resto del día, en cierta manera, son como chicles pegajosos.

Zociacs abrieron la actuación con Kowalski, primer single. Prometen conducir sin parar, no les puede parar ni la Guardia Civil pero con la gente de Jägermeister no pudieron… hay algo en la canción que me lleva a The Turtles, aunque en la radio del coche pinchan “I’m free”. Una guitarra que es puro “Byrds” nos presenta a un Satanás venido a menos, el diablo también tiene derecho a abandonar y enamorarse. Con Mi calle de Lone Star era muy difícil no imaginarse en un fiesta en los sesenta, si no fuera porque aquello, distaba bastante de parecer una concentración Mod… Ni si quiera la banda, que como me cuentan, no acaban de ser tomados en serio en ámbitos más puristas. Los Pilotos en el aire flotan en ambientes tóxicos, Ícaros de bar que se queman intentando subir demasiado alto (La podrían haber firmado los mismos OCS). María La Serpiente, siguiendo la senda misógina de canciones como Pequeña idiota o Chica normal, anuncios aparte, su hit más reconocible. En este caso la banda nos advierte del peligro de chicas llenas de veneno con un fondo musical en plan “Paint it black” de los Stones. El grupo va rápido, empalmando las canciones sin apenas interrupción. Van entrando una detrás de otra sin casi darnos cuenta, son pildorazos chispeantes y de minutaje corto. Faltaron cosas como Tu sangre o Rocky Erickson precisamente por eso, por no meterse en pozos demasiado profundos. A mí no me hubiese importado pero en la dinámica del set list que hicieron, entiendo que eran demasiado “jamarosas”. Tampoco hubiera hecho “ascos” a un recorrido algo más profundo por los discos anteriores…

Parece que el grupo está bien acoplado, a pesar de tener dos nuevos fichajes, el trabajo de Lander al bajo y de Adrian a los teclados no les deja en evidencia. Es más, le da a la banda un toque diferente… Supongo que para Gurru habrá sido más fácil ya que era el batería original. Hace un par de años regresó, aunque me da la sensación que es de esos que parece que nunca se fue.

Maniobras de control me vuelve loco, me hace perder los papeles, fuera complejos, me atrevo a destrozar el estribillo cantando más alto, pero no lo suficiente como para joder a Nacho… Es la típica canción que parece que ha vivido dentro de ti, mucho antes de escucharla. ¡Ya estará en mi archivo sonoro para siempre! Los Who planean en Gloria en la azotea… otro temazo, transmite imágenes muy poderosas. Con Yo rompí el reloj veo que no soy el único que mantiene cierto espíritu de Peter Pan, pero el sueño de Dorian Gray es irreal y todos sabemos que el tiempo se escapa. El concierto pasó volando. Nacho no pestañea, clava su mirada en un punto fijo y a cantar, está concentrado pero no puede evitar deslizar sus suelas por la tarima mientras toca. Lo entiendo, yo tampoco pude parar. Balada de un enterrador cierra la actuación, esto ya suena más guarro y tenebroso, en una onda más Cynics o Fuzztones. Final en lo alto y efectivamente, quiero más… ¡Qué le voy a hacer!

Con “Radiaciones luminosas”, queda demostrado que desde aquí, también se puede hacer buen garage y psicodelia, con letras que se adaptan perfectamente a la música, sencillas pero inteligentes, fáciles de cantar y de entender… En definitiva, un disco totalmente recomendable.

Texto y fotos: Santiago V. M.

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