Les Breastfeeders, Deadstring Brothers, y Marah. Triple ración en el cartel del pasado jueves 28 de febrero en la sala Tropicana de Santoña. La noche prometía emociones fuertes y las expectativas fueron cubiertas con creces.

Sobre las 21:15 aparecían en escena los canadienses Les Breastfeeders. El sexteto salió a por todas. Un vendaval implacable arrasó el escenario. Una actuación cargada de nervio y velocidad. No dieron tregua ni un segundo, no había ni un respiro. Los de Québec hicieron un set de cuarenta minutos de garage rock cantado en francés, gamberro y delirante. Estética de los años sesenta, una base rítmica aplastante y unas guitarras revolucionadísimas. Todo ello, acompañado por un panderetista hiperactivo, excitado y juguetón. Un provocador saltarín que dio color y movimiento a un grupo, ya de por si movidito. Su último disco Les Martins de Grands Soirs, así lo certifica.

Poco después, Deadstring Brothers ponían la clase, el gusto y el talento encima de las tablas. El country, el blues, el rock sureño… de lo bueno, lo mejor. Era inevitable no recordar a los Stones, Allman Brothers, Lynyrd Skynyrd, Faces… etc. Rollin blues o Aint’ no hidin’ love nos transportaban irremediablemente a otro tiempo y otro lugar. Todo un ejercicio de equilibrio musical. Cada cosa aportaba algo, todo sonaba en su sitio. El teclado, las guitarras, pedal steel, el bajo, la batería, armónicas. Como los equipos donde prima el juego colectivo a las individualidades. Por si fuera poco, en las voces hay un tandem masculino-femenino que funciona a la perfección. Kurt Marschke y la exótica Masha Marjieh (podría haber pasado por la hija de Tina Turner) cierran el círculo con un trabajo vocal efectivo y bien fino. Parece que esas voces hayan nacido para mezclarse juntas, para completarse la una a la otra. Así las cosas, el círculo se vislumbra perfecto, sin fisuras. Encima estaba sonando bien, seguramente la buena afluencia de público (esta vez si) hizo lo suyo y el trabajo de los técnicos fuese más fácil. La cuestión es que antes de que saliera el grupo principal, ya habíamos disfrutado de casi una hora y media de una estupenda velada musical. Después de su actuación, los Deadstring Brothers recibieron el cariño de la gente junto a la mesa donde vendían sus discos. Lo recibían y lo devolvían con la misma generosidad. Estaban encantados con venir a España, dicen que todo el mundo es muy amable aquí. Así pues, que vuelvan cuando quieran. Grupos así son siempre bien recibidos.

Llegaba la hora de Marah, la banda de Philadelphia son ya como de la familia. Era la tercera vez que tocaban en Santoña en algo más de dos años y sus giras por España se han convertido en habituales celebraciones del rock de la viscera y el corazón. Sus conciertos son de sobra conocidos en todos los rincones. No conozco ni he leído ni una sola crítica mala a sus directos. Llama la atención el salto que pegan de escucharlos en el cd a disfrutarlos en vivo. Ellos tienen ese don, tienen el duende, esa conexión innata con la gente. Trasmiten autenticidad, verdad, no se dejan nada en la reserva, sudan cada gota de cada segundo de sus actuaciones. No pierden el pulso al concierto ni un instante y su vibrante manera de encarar los shows es tan evidente como las venas a punto de reventar en el cuello del rehabilitado Dave Bielanko. Esta vez había alguna duda de lo que podía pasar. La formación se ha quedado sin la mitad de sus miembros hace escasamente uno o dos meses. La gira ya estaba programada, la sombra de la cancelación podía planear sobre la misma. ¿Perderían fuerza?. Pues no parece. La banda sonora de la película Rocky antes de saltar al escenario era toda una declaración de intenciones. Venían con las mismas ganas de siempre e iban a golpearnos desde el principio. Los hermanos Dave y Serge Bielanko y la teclista Christine Smith se acompañan ahora de un batería y bajista nuevos, no sabemos si para parchear esta gira o para quedarse. En esencia, no han perdido apenas “punch”. Creo que se podrían haber intercambiado el orden de sus actuaciones en Santoña y no se hubieran apreciado grandes diferencias. Son un valor seguro, el uno fijo de la quiniela. La música se convierte en una gran celebración, cargan la balanza de material festivo y explosivo y siempre se rompe por ese lado. Sus actuaciones acaban convertidas en algarabía, risas, bailes, palmas y mucho feeling. Toda la tradición de la música americana en Angels on a passing train, Coughing up blood, Wilderness, Angels of destruction, The dishwasher’s dream, Round eye blues o su ya clásica Sooner or later. La Tropicana convertida en un recinto cargado de energía y alegría. Una prueba irrefutable de que el rock nunca morirá, en Marah está la gran esperanza blanca. En los bises, una versión del New York, New York coreado en toda la sala y Point breeze que nos hizo saltar y rebotar contra todo como el maíz cuando se convierte en palomitas.
Una noche perfecta salvo para los racinguistas.

2 Respuestas para “Ángeles de la agitación”
  1. JIM GARRY dice:

    Suscribo tus comentarios. Hay gente que empieza a decir que qué pesaos Marah, que vienen todos los meses.. Ojala lo hicieran todas las semanas. Y Deadstring Brothers me encantaron también. Vi a ambos en Bilbao.

    Saludos.

  2. Stoner dice:

    Por supuesto amigo. YO no me canso de ver a esta gente nunca. Siempre me dan algo más que muchos grupos. Su fuerte es el directo y a mi me hacen sentirme vivo y descargar tensión y me va muy bien. Es muy terapeútico. Los Deadstring muy buenos también

  3.  
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