archivo para Julio, 2017


Fotos cedidas por denaflows.com excepto la portada por MusicSnapper y la de The Cult por Gavitana
Texto: Santiago V.M. (Stoner)

Sábado 24 de junio. La plaza de la Virgen Blanca, sus terrazas, la gente, el sonido de los semáforos, Vitoria. Unas cañitas mañaneras en buena compañía, niños bailando, abuelos curiosos. Pat Capocci poniendo banda sonora a esa foto gloriosa. (Un poco de buen Rockabilly nunca viene mal). A veces el sol también asomaba picando fuerte. Un rato y se iba. Como si estuviera de ronda.

Una vez ya en Mendizabala, tuve una jornada un poco loca o dispersa. Se hicieron efectivos parte de mis miedos en un festival con tanta oferta y en donde parece casi imposible ver un concierto entero. Hay que ir a la carrera y afinando mucho para perder el menos tiempo posible. Entre visitas al baño, repostar en barra, grupos que se solapan y encuentro con amigos y conocidos hay veces que avanzar es duro. Casi agradecería menos grupos y por lo menos 10 minutos entre escenarios para no peder nada. También suprimiría la media hora de vacío antes del cabeza.
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Fotos cedidas por denaflows.com / Texto: Santiago V.M. (Stoner)

El jueves fue bastante raro. Llegamos a Vitoria más tarde que nunca. Entre pitos y flautas, hasta las 17:30 no estábamos en el Café Victoria. Bien, la cosa fue muy tranquila y mis acompañantes pasaron largo rato para cambiar entrada y cargar moneda en el bus. A las 21 horas estábamos ya en la Jimmy Jazz para ver a The Shelters y Revel in Dimes. Un placer volver a esa sala después de más de diez años. La cosa es que sin apenas hacer hecho excesos, a las doce de la noche andábamos bastante machacados, especialmente yo. No tenía ninguna explicación lógica, a no ser que nos pasara factura el calor de los días atrás, el viaje, etc…

El viernes 23 de junio hicimos la mañana en el Virgen Blanca con un ánimo mucho mejor y algo más descansados. Sobre las 17 horas estábamos clavados a las puertas de Mendizabala, de los primeros. No quería comerme ninguna cola con el cambio de moneda y toda precaución era poca. Tardaron en abrir algo más de lo establecido o a mi se me hizo eterno. Detrás de la cinta y frente a los de seguridad, parecíamos perros esperando el hueso de la chuleta. Cortan la banda y nuestro paso se acelera levemente, todavía hay que hacer el preceptivo cacheo. Una vez dentro beso el suelo y ya nada me detiene. Quedan por delante dos días de conciertos, risas, abrazos… un tobogán de emociones y estados anímicos. A ver si el cuerpo aguanta todo.

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