archivo para septiembre, 2011

Fotos cedidas por Stuart MacDonald.

El slogan del festival mirandés este año era algo así como “Ebrovisión, un festival que enamora”. Estoy completamente de acuerdo, cuando lo pisé por primera vez en el año 2004 quedé absolutamente rendido. Tal es así que he vuelto puntualmente todos los años. He visto la deriva del evento y el crecimiento exponencial, valoro todo lo que sigue haciendo la Asociación Rafael Izquierdo. Es difícil organizar mejor algo así, cada año van a más. Por no hablar del trato, como en casa, suponiendo que tu casa sea de cuento o tu familia sea la de los anuncios de Oscar Mayer. Me encuentro muy cómodo entre esa gente, hay una conexión innata e inmediata, cuanto más tiempo pasa, más me doy cuenta que esto es lo que me sigue sujetando al Ebro. La calidad y calidez de su gente. Teniendo en cuenta que gran parte de sus actividades se desarrollan en el mismo pueblo, y que este es más bien pequeño, yo imagino que la barra del festival es la terraza del Tangente, la zona Chill Out, el piso de arriba del Café Tertulia, y la zona de comida, restaurantes como La Fundición, La Vasca, La Colina… mirándolo así, este festival es imbatible. La calidad del sonido sigue siendo una de las señas de identidad. Tanto La Fábrica de Tornillos como el Multifuncional de Bayas siguen brillando a gran altura, arriba además, el tema de luces ha sido espectacular. Ahora bien… a mí este amor ya me está haciendo sufrir, no se si es un amor correspondido… creo que me está abandonando por otros más jóvenes y más guapos. En cierta manera, me siento cada año más lejos de los grupos que se programan. El cartel, sí, el dichoso cartel. El cambio que se ha ido dibujando a través de los años se ve cada vez más claro y como esto no retorne, y no tiene pinta, cada vez tienen menos peso, los grupos que me interesan. Seguramente en cualquier otro, hubiera dejado de ir, en el Ebrovisión hay razones muy poderosas para seguir visitándolo. Lo que no se es si podré seguir compartiendo mi amor con cada vez más gente.
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Foto: Roberto Ortiz (Rortiz)

Sarón estrenó el Turborock el pasado año con nota y dejando el camino abierto para una nueva andadura, sería injusto no recordarlo porque estuvo genial. Este año, Santander recogió el testigo y el festival se ha consolidado y ha sido un éxito rotundo e inapelable. La unanimidad es total. Primero, porque las bandas eran muy buenas, y había muchas de las muy, muy buenas, algunas míticas, incluidas reunificaciones sonadas. Segundo, porque el Espacio Santander ha sido un sitio maravilloso para acoger el evento. Sus instalaciones son relativamente nuevas, el sonido está a gran altura (quitando algún pinchazo el viernes), es un sitio diáfano y su capacidad de mil personas aproximadamente es lo más adecuado para este tipo de grupos. El concepto es de festival, pero sin perder el espíritu de sala, una sala grande eso sí. Tercero, porque Santander es una ciudad con mucho encanto y ha hecho un tiempo excelente, los visitantes se han ido bien contentos. Cuarto, porque la gente ha respondido y ha generado un ambiente muy majo, sin dar problemas. Aparte de todo esto y no menos importante… la jugada maestra de la organización. Una estrategia propia del mismo Guardiola… Abrieron toda la parte frontal del recinto, adelantaron algo el escenario quedando así todo a la vista, tanto dentro como fuera, podías salir y aprovechar la pequeña explanada de hierba, casi a modo de anfiteatro. Había algo más de aire y la gente podía elegir, amén de no apelotonarnos todos a la vez. Del mismo modo, la terraza de arriba tuvo barras, lugares de descanso, djs y un miniescenario para los cántabros Derrumbes y Soul Gestapo. Sólo subí una vez, pero con las sombrillas y tal, parecía una terraza de verano de alguna ciudad turística. No se qué hubiera pasado con lluvia, pero arriesgaron y ganaron.

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